Personaje


Hay que pensar en grande


Por Cristina Noble.


“Hay que pensar en grande”
Desde Silicon Valley, la argentina Agustina Fainguersch ideó una aplicación para detectar tempranamente virus y enfermedades. El MIT la reconoció como una de las jóvenes más innovadoras de América Latina.

Cuando Agustina Fainguersch se enteró de que había  sido reconocida por  el prestigioso Massachusetts Institute of Technology (MIT) como una de los treinta y cinco jóvenes de América Latina más talentosos e innovadores en el área de la tecnología, la dominó un entusiasmo desbordante. 

Semejante satisfacción se la debe a una creación con su sello: Muzi, una aplicación para celulares que permite realizar exámenes de sangre puerta a puerta y detectar tempranamente el VIH y otras enfermedades. “La tecnología resulta valiosa si podemos utilizarla al servicio de la gente, y a esto apunta mi aplicación”, explica con orgullo esta porteña de apenas 27 años, ingeniera en Informática recibida en el Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA).

 –Contanos qué es Muzi, para qué sirve.
–Se sabe que el tiempo es determinante en algunas enfermedades. Por eso, esta plataforma busca acercar la posibilidad de realizar diagnósticos y tratamientos tempranos a personas que, quizá por estar lejos de un hospital y con escasos medios de transporte, no se tratan en el momento debido. La aplicación la hice con un biólogo molecular sudafricano, Nicholas Walker, un compañero de estudios a quien conocí en la Singularity University, en Silicon Valley. En principio focalizamos la aplicación para casos de VIH. Sudáfrica es el país africano con los índices más altos de esta enfermedad. Allí, no solo los pacientes asisten a los hospitales cuando ya tienen síntomas avanzados, sino que demoran en atenderlos. Pueden hacer hasta seis horas de cola para que los vea un médico.

– ¿Cómo funciona la aplicación? 
–Es simple: una persona puede solicitar un examen médico mediante su smartphone y un tester se acerca a su domicilio para realizarle el chequeo cuidando su privacidad. Se toma una muestra de sangre o saliva que se pone en una tira reactiva, similar a la de los embarazos. El tester la escanea y, en quince minutos, el resultado llega exclusivamente al paciente, a través de la misma app, un SMS o un mail. 

Agustina cuenta que Muzi se encuentra en su etapa final: “Tenemos programada para enero una prueba con treinta testers en Sudáfrica. Es trágico ignorar que un diagnóstico y un tratamiento temprano del VIH reducen el riesgo de transmisión en un 96%. La idea es que, a la vez, podamos detectar mal de Chagas, malaria, tuberculosis, diabetes, hepatitis C e hipertiroidismo”.
Pasión por crear
Agustina es de ese tipo de personas que se entusiasman tanto por aquello que emprenden que pueden olvidarse hasta de comer y de dormir. “No me tomo la investigación como una carga, ¡al contrario! Muzi fue producto de noches enteras charlando, ideando y trabajando con Nicholas. No teníamos límite de tiempo. El estudio forma parte de mi manera de ser. Apuesto al aprendizaje continuo”, confiesa quien se declara fanática de los audiolibros.

– ¿A quién admirás en tu ámbito?
–A Sheryl Sandberg, la mano derecha de Mark Zuckerberg en Facebook. Ella es un modelo para mí, el gran ejemplo que tenemos hoy por hoy las mujeres en tecnología. Su carrera, los objetivos que logró, los obstáculos que superó y sus intenciones siempre me parecieron admirables. Sheryl fue incluida en la lista de las veinticinco personas más influyentes en la Web por la revista Bloomberg Businessweek.

– ¿Te gustaría ser valorada como ella?
–La tecnología me interesa si está asociada a una acción social directa que mejore la calidad de vida de las personas. A mí no me seduce tanto la teoría pura, sino los proyectos que tienen una consecuencia en la realidad. Yo planeo algo y me esfuerzo para verlo en acción. 

–Leí que tus padres son otra fuente de inspiración.
–Sí, mi padre es ingeniero y mi madre, arquitecta. Cada uno me influyó a su manera: a mi padre le debo la organización; a mi madre, la autoexigencia. Si comienzo algo, lo tengo que terminar sin detenerme en los inconvenientes, que nunca faltan. Los traspiés o los errores operan como desafíos por superar. Mis padres me dieron muchísima libertad, lo cual fue buenísimo para que yo misma tuviera responsabilidad y disciplina. Además, los viajes en familia a destinos remotos me despertaron una gran curiosidad y la seguridad de que hay que pensar en grande.

– ¿Qué rol jugó la educación en la elección de tu profesión?
–Fundamental. Fui a colegios que me motivaron mucho. De chica era muy activa, multifacética: me gustaban tanto las matemáticas y las ciencias como la danza y la actuación. Y tuve la suerte de contar con un grupo de amigas que me respaldó. No entendían muy bien que me encantara resolver un teorema, pero me bancaban... 
Volver o no... esa es la cuestión
Apadrinada por la NASA y Google, la Singularity University es una institución académica en Silicon Valley, la meca de los emprendedores de IT (Information Technology). Agustina admite que concurrir a esa institución le parecía un imposible: “Me postulé gracias a un profesor del ITBA que me incentivó para que lo hiciera. Cuando me comunicaron que había quedado seleccionada, sentí que algo cambiaba para siempre. Y así fue. Mi experiencia en la Singularity University es la más reveladora de mi vida. Me abrió la mente”. 

– ¿Qué es lo que más destacás de ese lugar emblemático? 
–Se palpa una cultura con una energía inigualable, que potencia e integra universidades, empresas, incubadoras, emprendimientos y capitales de riesgo. Por otro lado, es espectacular la posibilidad de convivir a diario con compañeros de estudio que tienen las misma meta: ser vehículos de una transformación trascendente, un paradigma tecnológico que incluya nuevos valores, donde diversas disciplinas colaboren entre sí y puedan desarrollarse ideas innovadoras. Es todo tan intenso que con mis compañeros somos como hermanos.

– ¿Y en cuanto a los profesores?
–Es fabulosa la dimensión, la interacción y el condimento humano que le imprimen a materias como robótica, bioquímica o inteligencia artificial. Eso es lo que hace que sea un aprendizaje único y creativo. Nos preparan para moldear visiones disruptivas. La cantidad de información que recibís por minuto es tan impresionante que te estimula y, a la vez, te sobrepasa. A veces no hay tiempo de procesar todo el conocimiento que incorporás. El programa es superintensivo: se extiende de ocho de la mañana a diez de la noche. Y no termina ahí: después te quedás haciendo brainstorming, discutiendo... No es casualidad que Singularity esté inmersa en la cultura de Silicon Valley.

– ¿Alguna vez te sentiste sapo de otro pozo? 
–Para nada. Entre otras cosas, lo que me demostró haber accedido a Singularity y a vivir en este barrio donde cada vez más gente quiere establecerse es que los argentinos estamos capacitados para la innovación. Estoy convencida de que, si nos lo proponemos, tenemos la capacidad para conquistar estos niveles de competencia. 

Agustina vive en San Francisco, a 56 kilómetros de la Universidad de Stanford (ubicada en Palo Alto), donde ganó una beca para perfeccionarse como emprendedora. Ella es consciente de que este punto cardinal californiano poco tiene que ver con los barrios de su infancia, pero no le preocupa. “Yo nací en un Palermo que era muy diferente al actual. ¡No era para nada cool! No extraño el lugar, sí a la gente, pero como estoy siempre en contacto...”, advierte.  

– ¿Vas a regresar al país, o te retiene algo más que la tecnología? ¿Nuevos amigos, algún novio?
–No estoy de novia, y coseché muy buenos amigos. Pero desde que presenté a Muzi, tengo en la cabeza aplicarlo en la Argentina. Estoy luchando para eso. Mi mayor anhelo es poder volcar en mi país todo lo que aprendí en Silicon Valley.
Qué es Singularity University
Institución académica nacida para reunir e inspirar a hombres y mujeres provenientes de diferentes partes del mundo, dispuestos a promover el desarrollo de las distintas variables tecnológicas para resolver los grandes desafíos del siglo XXI. Precisamente, se sitúa en California, Estados Unidos, en el Centro de Investigación de la NASA. “Imaginen un híbrido entre la NASA y Teresa de Calcuta... y obtendrán Singularity University. Tecnología ‘a lo bestia’, inmensa ambición, el famoso think big estadounidense, e idealismo y altruismo a raudales”, lo definió Juan Martínez-Barea, magíster en Dirección de Empresas del MIT, y embajador en España de Singularity University.
Orgullo nacional
Los 35 jóvenes latinoamericanos premiados por la publicación MIT Technology fueron elegidos no solo por su talento tecnológico, sino por sus propuestas innovadoras orientadas a resolver problemas de las sociedades modernas. Entre ellos, figuran tres argentinos: Agustina Fainguersch, Florencia Montini y Santiago Siri.

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