Entrevista


Soy un adicto a la vida


Por Marcelo Sztern.


“Soy un adicto a la vida”
Mientras hace temporada en Mar del Plata, Martín Bossi se pone como meta conquistar los Estados Unidos y Europa. El capocómico habla de cómo la tecnología reinventó su carrera y de las ganas de reconstruir a su familia.

Martín Bossi aparece en la antesala del teatro vestido de jogging, bien lejos del brillo con el que encandila desde el escenario. Con esa sonrisa característica que siempre lo acompaña, le pide al fotógrafo unos minutos para cambiarse y maquillarse. En un abrir y cerrar de ojos, regresa arreglado, dispuesto a entregarse a la sesión de fotos. “Vos dispará tranquilo que yo voy haciendo poses y poniendo caras”, indica con la seguridad de quien sabe de qué se trata el mundo de las celebrities. 

A sus 43 años, este hombre cálido, irónico, simpático, inteligente, reflexivo y muy rápido para contestar ya logró colarse entre la lista de los grandes comediantes de la historia argentina. Con sus geniales imitaciones de personajes emblemáticos del espectáculo, la política, la música y el deporte no solo conquistó la tele y el teatro, sino que en el último tiempo desembarcó en la Web (con recreaciones de Lionel Messi, Diego Maradona y Luis Suárez, entre tantísimos otros), en los Estados Unidos y en Europa. 

Sinónimo de cartelera de verano, ahora está deslumbrando en Mar del Plata con Bossi Master Show, donde invita a pasar una noche de descubrimientos, homenajes y mucho humor. Qué mejor que la Ciudad Feliz para hacerle un guiño a la nostalgia y revivir, al menos por un ratito, a figuras entrañables, como Alberto Olmedo, Tato Bores, Juan Carlos Calabró, Jorge Porcel y Javier Portales (estos últimos dos interpretados increíblemente por Jorge “Carna” Crivelli).

– ¿Cuál es el mensaje que pretendés dar con tu show?
–Yo no soy quién para dar un mensaje, pero entendí cuál era mi función en mi profesión, que no sé si es hacer reír, sino crear conciencia. ¿Sobre qué? Sobre la comunicación, el amor y el romanticismo. Aquí el protagonista es el público. Hay mucha interacción con los espectadores y entre todos jugamos, por ejemplo, a hacer una catarsis colectiva sobre el uso del celular. Es como una gran misa, en la que también nos divertimos: la gente actuá, baila y canta cuando tributamos a los míticos roqueros del país, como Luis Alberto Spinetta, Gustavo Cerati, Miguel Abuelo, Virus. 

–Es que, amén del humor, ofrecés una mirada bastante crítica de la sociedad.
–Yo digo que estamos conectados, pero incomunicados. 

–Hay otra idea que abordás desde el escenario acerca de la vida, el nacimiento, la actuación y la muerte.
–En escena uno nace y muere todo el tiempo. Protagonista quiere decir “antes de agonizar”. Quise blanquear una cuestión personal: siempre que terminaba las obras me sentía morir. Me pareció interesante desacralizar el tema: es como que le tenemos miedo a la muerte, y acá las puertas del cielo quedan abiertas y entran “El Negro” Olmedo, “El Gordo” Porcel, Minguito, Calabró... Es una fiesta. ¡Eso es el cielo!

–Apelás a lo emotivo. Uno se va con la sensación de que se pudo despedir de Cerati o Spinetta.  
–Es hermoso. Esta es una propuesta que fue creciendo paulatinamente (N. de la R.: en Buenos Aires la vieron más de setenta y cinco mil espectadores en solo cinco meses). Cuando arrancamos, la verdad es que no la tenía muy incorporada. Hoy la disfruto mucho.

– ¿Qué es lo que te da más satisfacción cuando actuás?
–El contacto con la gente. El aplauso no, eso es muy ego. El ser el anfitrión de una gran noche. Que la gente se vuelva a su casa con el alma llena porque comió en mi comedor, en mi restaurante. Eso es maravilloso. 
Un ferviente hincha de Los Andes
Una de las grandes pasiones de Bossi es el fútbol y, en especial, el equipo con el cual se identifica: Los Andes de Lomas de Zamora. “Yo soy mesuradamente argentino y desmesuradamente lomense”, se describe. Cuando habla del cuadro de sus amores lo hace con un orgullo admirable, que hasta le hace brillar la mirada: “Nací a cuatro cuadras de la cancha. ¿Cómo no voy a ser fanático? Los pensamientos y recuerdos más plenos de mi vida, con mis abuelos y con mi papá, provienen de ese lugar. Escuchar los goles desde mi casa y que se sienta el aliento de la hinchada. El olor a maní, la pizza... Ver a esos gladiadores. Estar atrás del arco. Un gol. Salir derrotado e ir caminando triste porque perdimos. No puedo explicarlo. El que vivió en un barrio y ama al equipo de su lugar me va a entender”.
Del barrio al mundo
Nacido en Lomas de Zamora, Buenos Aires, un 16 de octubre de 1974, Bossi –que supo ser jugador profesional y profesor de tenis y cursó la carrera de Comunicación Social– dio sus primeros pasos en la escuela de teatro de Víctor Laplace. En 2005 fue parte del elenco de Showmatch, lo que lo catapultó a la fama con sus caracterizaciones de Chayanne, Julio Iglesias, Mirtha Legrand, Mauricio Macri, Cristina Kirchner y hasta del propio Marcelo Tinelli. De allí en más su ascenso fue meteórico: premios Estrella de Mar, ACE, Martín Fierro y Hugo; participaciones en unitarios y telenovelas (La niñera, Los Roldán, Patito Feo y Los únicos), y hasta incursiones en cine (con un papel en Viudas –dirigido por Macos Carnevale– y un protagónico en Un amor en tiempos de selfies). 

Sin embargo, el fuerte de Bossi es cuando se corre el telón. Allí aparece toda su magnitud como artista integral: actor, bailarín, imitador, monologuista, músico, cantante. Con la trilogía El impostor; M, el impostor y El impostor apasionado, recorrió los cuatro puntos cardinales del país, y visitó a los vecinos de Chile y Uruguay. Pero la buena nueva es que su carrera internacional sigue expandiéndose: está teniendo una enorme repercursión en Estados Unidos y en Europa. En Norteamérica se presentó antes de iniciar la temporada marplatense, y reincidirá para la época en la que se esté disputando el Mundial de Rusia. Por otra parte, los españoles lo aplauden a rabiar. “Estamos en tratativas para volver a hacer teatro y televisión. Estoy recibiendo muchos ofrecimientos del exterior. Es algo que agradezco”, desliza quien ya montó en Madrid El impostor apasionado y asiste asiduamente al envío televisivo Late motiv.

–El canal de YouTube ayudó a que te descubrieran en el extranjero. De algún modo, te reinventaste. ¿Por qué tuvieron éxito los videos que subiste a esa red social? 
–Hoy, el rating es el mundo. Por lo tanto, si hacés un buen trabajo, que esté conectado con la actualidad, y se viraliza, podés llegar a una enorme cantidad de personas. Por ejemplo, hay algunos de mis videos que superan los dos, los tres millones de personas. ¡Es un montón! Apuesto por Internet porque es lo que viene. Gracias a eso, me contactaron de México, de Ecuador. Me conocen en otros lugares por la Web. Es una locura. 

–Les ponés el cuerpo a tus shows. Se nota que te demandan una gran exigencia. ¿Entrenás mucho?
–Sí, dos veces por semana hago ejercicios con un grupo, corro otros tres días y juego al tenis. Tengo profesores de danza, deportólogos, kinesiólogos, y sigo una dieta que incluye quemadores de grasa y recuperadores musculares. De lo contrario, sería imposible bancarme este ritmo a los 43 años.

– ¿A quién admirás? 
–Yo admiraba a mi abuelo. Él era un desocupado que se las rebuscaba. Vendía en los trenes, jugaba a los burros... Era un genio total. Lo amaba. 

– ¿Y un referente profesional?
–Olmedo, por sobre todos. Sandro también. 

–Te diste el lujo de conquistar muchísimos sueños. ¿Cuáles son aquellos que te quedan pendientes?
–Volver a formar una familia. Mejor dicho, reconstruir la que fui perdiendo, porque yo tengo familiares pero no familia. Se fueron tantos que me quedó como una cosa a medio terminar. Por eso fantaseo con agarrar a mi madre y a la vieja guardia y poder sumarle el novio de mi hermana, una mujer, un hijo mío. Yo perdí a mi papá de muy pibe. Él era como el Perón de la familia. Se murió Jorge y quedamos todos como a la deriva. Paralelamente, me gustaría seguir disfrutando de este cuerpo que Dios me dio, ya que me permite jugar al fútbol, al tenis, hacer reír... Esta vida es un regalo. 

–Hablabas de una mujer, un hijo. ¿Te querés casar?
–No, de ninguna manera. Respeto a la gente que lo hizo, pero no es para mí. Sí quiero formar una familia, pero a mi estilo. Es decir, con una mujer a quien no voy a considerar “mía” ni “mi señora”, porque la privatización en los seres humanos terminó hace muchísimo tiempo. Prefiero llamarla “compañera”. Creo en el amor de pares. Ir juntos a la par hasta que eso concluya y cada uno siga su camino. La paternidad la podría compartir con una mujer que en un momento determinado ame, y que sepa que va a ser una gran madre durante toda la vida de mi hijo. Pero yo no creo en los Campanelli, en los “para siempre”. Juntos en el camino... mientras dure. 

–Si tuvieras que definirte a vos mismo, ¿cómo lo harías?
–Soy curioso de profesión.

–El que homenajea a los actores sos vos, pero ¿cómo te gustaría que se te recuerde el día de mañana?
–“Aquí yacen los restos de un número cinco muy insultado que nunca supo ser reconocido” (risas). Yo soy un optimista del gol. Un adicto a la vida. 
Say no more
Bossi podría escribir un libro entero con las anécdotas que vivió sobre las tablas, pero durante la entrevista recuerda una en particular: “Un día estaba haciendo la iglesia de Charly García. Interpretábamos como que él era Dios. Era la iglesia del rock. Mi capricho es ley, say no more. Yo decía: ‘El séptimo día no descansé, toqué un rock’. Jugábamos. Y se levantó un hombre de la butaca, y comenzó a vociferar: ‘¡Vos no tenés cara, Martín! ¡No podés hacernos esto! ¡Dios murió por nosotros!’. Me bajé del escenario, lo empecé a correr al grito de ‘¡Acá está el demonio!’. La gente se pensó que estaba todo armado. Era un fanático de la religión, nunca entendió que lo que nosotros hacemos es parodiar. Cosas que pasan”.

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