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Xennials


Por Aníbal Vattuone.


Xennials
Pertenecen a la generación que quedó entre la X y los Millennials. Cómo son y cuál es su aporte en una sociedad que no es la misma que cuando nacieron.

Convivieron con las cámaras de rollo y las máquinas de escribir. Vivieron muchos años sin Internet. No existía Tinder y había que llamar por teléfono a la persona que les gustaba para invitarla al cine, confiando en que no contestara su padre o su madre. Hasta salían de casa sin smartphone ni tablet (y sobrevivían). Pero también empezaron a usar Internet y los primeros celulares a fines de la secundaria o en la universidad. Disfrutaron viendo en televisión programas como Alf, Friends, Brigada A, MacGyver, Los Dukes de Hazzard, V Invasión Extraterrestre y El auto fantástico. ¿Quiénes son ellos? Los xennials, una microgeneración que incluye a los nacidos entre 1977 y 1983 y que quedó atrapada entre los X y los millennials. De allí el nombre: una amalgama entre los dos.

“De chico jugaba con los autitos y armaba rompecabezas. Durante el año mis padres me llevaban al club y en el verano iba a la colonia. Hasta los 12 o 13 años pasaba mucho tiempo en la calle, andando en bicicleta y jugando a las cartas o a la pelota con mis amigos del barrio. Con el Family Game mucho no me enganché, pero era fanático de los juegos de PC, como el Arkanoid Prehistoric”, cuenta Ricardo Achenbach, contador de 35 años.

Así crecieron los xennials (término que surgió en el sitio web Good, allá por 2014): con una infancia analógica y una juventud digital. A propósito, Roberto Balaguer Prestes, psicólogo uruguayo, mágister en Educación y especializado en Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC), traza una radiografía con sus características esenciales: “No se identifican ni con una generación desconectada –como la X– ni con otra hiperconectada –como los millennials–. Estar entre esos dos grupos ofrece ciertas ventajas: en parte se es más libre para poder tomar lo bueno de ambos universos”. En consonancia, el sociólogo Matías Bruera opina: “Están con un pie en el pasado y con otro en el futuro. Por ejemplo, conocieron el disco de vinilo y el casete, así como el CD, el mp3 y el mp4. Esa conciencia tal vez les provea una mirada diferenciadora del mundo”.
Todo un proceso
“A la tecnología la fui incorporando de a poco. Incluso hasta más tarde que otros conocidos que eran más tecnológicos que yo. Pero lo pude asumir como algo natural. Con el tiempo me fui dando cuenta de que las nuevas generaciones ya venían con el chip incorporado y que era casi una obligación tener redes sociales para ‘existir’ en la sociedad”, analiza Achenbach. 

Es que los xennials tuvieron el ¿privilegio? de vivir el epílogo de una era y el prólogo de otra. De hecho, serán los últimos que conocieron la vida antes de Internet. Según los especialistas, conjugan el cinismo de los Y y el optimismo de los millennials. Gustan de la inmediatez que les brinda lo tecno, por lo que no es extraño que lean contenidos online o e-books. Sin embargo, el formato impreso les sigue atrayendo, les gusta porque tiene ese “no sé qué”. Además, estudiaron carreras universitarias por mandatos paternos, tomándolas como un proyecto a futuro (muy distinto a los millennials, que priorizan el tiempo libre para su cuidados y bie-nestar personal, y valoran las pausas laborales para organizar sus vacaciones).

Si varios expertos reparan en que los xennials experimentaron lo mejor de cada época, ¿qué tipo de aportes pueden hacerle a la sociedad actual? “Aportan el balance. El equilibrio entre la conexión permanente, sin descanso, consumiendo información significativa e irrelevante constantemente –viviendo a ‘estadio lleno’, como yo lo grafico– y la desconexión como valor fundante de otras virtudes, llamadas soft o blandas, muy complicadas de encontrar en el mercado laboral del siglo XXI”, se explaya Balaguer Prestes. Bruera, docente de la Universidad de Buenos Aires (UBA), coincide y agrega: “Son la memoria de una transición. A nivel ‘técnico-evolutivo’, representan el testimonio vívido de que no nacimos mediatizados. El dominio de las pantallas es algo contemporáneo, por lo que los xennials son la prueba de que existen otras formas de socialización, pese a que el espacio privado parece haberle ganado al público”.

Por supuesto que este colectivo es mucho más que la variante de los dispositivos con los que se criaron. Por caso, pasemos a sus sentimientos y sensaciones a la hora de pensar la familia. Fueron precursores de ideas como la igualdad en el matrimonio; por lo tanto, a no confundirse y suponer que las ideas de antaño sí o sí son su marca registrada. “En términos generales, me parece que son más defensores de los derechos individuales que de los derechos sociales. En ese aspecto ampliaron el horizonte de lo que defendían sus antecesores –sostiene Bruera–. La educación en el mundo, y en particular en un país joven e inmigratorio como el nuestro, sigue teniendo la misma importancia, amén de que el área está excediendo los modelos tradicionales”.

La generación X fue la que se animó a plantearse un mayor equilibrio entre el ámbito laboral y el familiar, entre aquello del “vivir para trabajar” y “trabajar para vivir”. “Tengo la impresión de que los xennials continuaron esa línea, con algunos valores ligados al compromiso y a la lealtad. Ítems donde los millennials quizá flaqueen un poco”, desliza Balaguer Prestes.

¿Y en cuanto a su rol como padres? Allí también cargan con viejos preceptos: la educación de sus hijos es condición sine qua non. “Yo les doy bastante libertad. ¿Qué es lo que primero que amagan a manotear? La tablet, obvio. Pueden pasarse horas y horas con ella. Por mi parte, intento incentivarlos con juegos de mesa, rompecabezas u otros entretenimientos similares. Me conformo con lograr que al menos un rato se aparten de las pantallas”, confiesa Achenbach.
Eran, son y serán
Cuando quiere comprar algo, compara productos en su smartphone, tablet o computadora... pero la compra la hace finalmente en la tienda física. Investiga en Internet sobre tal o cual artículo, beneficio o información... pero prefiere escuchar la opinión de sus amigos. Sí, usted es un xennial. ¿Más particularidades? Sin ser un nativo digital, se lleva bien con lo tecno (no como sus predecesores, los X). A veces es malcriado, muchas otras egoísta y con el “foco mal puesto”, una suerte de minicrisis producto de haber nacido entre un siglo y otro.

¿Qué pasará con ellos respecto del mañana? Según los entendidos, ser una camada que se concentra en una variación de años tan reducida promovió un pensamiento casi existencial; es decir, cuestionamientos siempre vigentes acerca de lo que les ocurre en la vida y cómo lo deben afrontar. “Muchos teóricos de la cultura afirman que lo que se bautizó ‘mediología’ transformó la interacciones pasadas. Y produjo, en tanto innovación técnica, efectos tan reales como simbólicos –sostiene Bruera–. La mirada más crítica o menos adaptada es más conservadora: no necesariamente compra el paquete de la técnica sin abrir, sino que lo incorpora a su cotidianidad con cierto dejo de sospecha. Ser testigos de lo que ha sido la cultura, lo que es y lo que puede llegar a ser ofrece un plus crítico del que las flamantes generaciones carecen. El trasfondo de todo eso son los ecos de lo existencial”.

Otros dos vocablos que aparecen ligados a los xennials son resiliencia y nostalgia. En cuanto a esa capacidad de sobreponerse a equis situación, Balaguer Prestes puntualiza: “Es un elemento que los identifica adecuadamente. ¿Por qué? Porque atravesaron un sinfín de cambios, y muchos de ellos supieron acomodarse y convertirlos en aliados para hacerlos jugar a favor suyo”. En cuanto a lo segundo, el sociólogo australiano Dan Woodman, profesor de la Universidad de Melbourne, opina: “Los xennials están ocupados con su empleo y los quehaceres domésticos, varios tienen hijos chicos y son parte de un mundo complejo, que varía rápidamente; entonces, es probable que arrastren cierta nostalgia de su propia infancia”.

Fueron pioneros en contar con una cuenta de correo electrónico, ya sea en Hotmail o Yahoo. Padecieron como nadie ese ruidito molesto del módem telefónico. Pasaron sin escala de la Commodore 128 a la PC, previa programación con Logo (y su famosa tortuguita, claro). “Yo estoy conforme con cómo se dieron mi infancia y mi adolescencia. Cuando era chico, disfruté lo que había que disfrutar y hoy, con 35 años, tengo asumido todo lo que trajeron aparejado las telecomunicaciones. De alguna u otra forma, me adapté exclusivamente a lo que consideré necesario”, concluye Achenbach.

Radiografía xennial
•Son menos conservadores que los X, pero mucho más realistas que los millennials. 
•En el colegio entregaban trabajos prácticos en disquetes. 
•Se criaron en familias que escuchaban las noticias por radio, se enteraban de ellas frente al televisor o las leían en el diario que el canillita dejaba a la mañana. 
•Todavía recuerdan cómo era rebobinar el casete con una birome. 
•Serán los últimos en haber utilizado el teléfono fijo y el correo. 
•No necesitaban las redes sociales para encontrarse con amigos. 
•¿El dispositivo móvil de excelencia de su infancia y primera adolescencia? El Walkman, que evolucionó luego hacia el Discman y, finalmente, hacia el moderno y novedoso iPod.

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