Espectáculos


Verdaderos héroes


Por Alejandro Duchini.


Verdaderos héroes
Con recaudaciones millonarias, las películas originadas en los cómics salvaron económicamente la industria de Hollywood. Entretelones de un fenómeno superpoderoso.

El periodista argentino Juan Manuel Domínguez tiene una teoría acerca de los superhéroes. Piensa que, además de proteger al mundo de los villanos, salvaron al cine de Hollywood. Ya no son tiempos solo de los legendarios Batman, Superman, Flash o Mujer Maravilla, sino que, en la actualidad, otros personajes –algunos secundarios– se posicionaron en el mismo nivel. Iron Man, Deadpool o hasta el propio Guasón (con las magistrales interpretaciones de Heath Ledger o Jared Leto) ganaron un protagonismo inusitado. Buenos o malos. No importan sus intenciones.

Marvel y DC Comics son las editoriales que llevan estas historias a la pantalla grande. “Súper Hollywood es algo diseñado para los Premios MTV y para esa entelequia que domina los modos de comunicación, venta y consumo llamada ‘cultura joven’ (que conjuga nostalgia, novedad, selfie, viralidad y canchereadas descartables)”, escribe Domínguez sobre el final de su libro Súper Hollywood. Los héroes del cómic salvan al cine. En sus páginas se viaja a través del tiempo: desde que se dio el primer paso en 1937, con The Shadow Strikes, hasta el presente, con largometrajes que no están orientados exclusivamente a los espectadores infantiles. “El Batman de Tim Burton o el Superman de Richard Donner no parecen filmes hechos para niños. Si bien no son densos, nadie pondría a un chico a ver Batman vuelve. ¿Por qué? Porque apuntan a un público que es una amalgama y abarca tanto a los menores de 18 años como a los adultos que van desde los 30 y pico a los 50. Lograron ese equilibrio de ser profundas y graciosas, aunque sacrificando, a veces, cierta personalidad”, explica Domínguez.

El cómic (y sus personajes) se reinventa constantemente. Con ochenta años, se presume que llegará a los cien en buena forma, ya que si bien los primeros personajes aparecieron a fines de los años veinte del siglo pasado, Superman –considerado el más emblemático– irrumpió masivamente en junio de 1938, cuando apareció en la tapa del primer número de la revista Action Comics. Por su parte, Batman, creado por los estadounidenses Bob Kane y Bill Finger, debutó en mayo de 1939, en el número 27 de la Detective Comics. “Batman es mi primer amor narrativo. Es excepcional y distinto, porque en su falsa humanidad se permite licencias que saben jugar con esa supuesta ausencia de poderes”, destaca Domínguez.

En 2013, precisamente en la Convención Internacional de Cómics que se organizó en San Diego, se anunció que ambos referentes compartirían cartel. Tres años después, se estrenó Batman vs Superman: El origen de la justicia. En cuanto a la potencia de uno y otro, Domínguez destaca al Hombre de Acero: “Superman es el género por definición. Es tan poderoso como idea –en palabras de Grant Morrison– que suele ser incomprendido. Pero como relato plantea un optimismo único, una reacción humanista a un mundo que no quiere serlo. Prefiero defender a Superman porque ser un vigilante multimillonario suena factible, y ser una semideidad que cree en lo humano antes que nada suena a algo de otro planeta. Y sin Superman, Batman nunca sería lo cool que es”.

En pleno siglo XXI, los héroes son cancheros, se ponen en pose de celebrity y hasta se ríen de sí mismos. Ya no son tan solemnes, ni tan plenos ni tan puros.
Los pioneros
La rapidez para vencer a criminales era el fuerte de Mandrake el mago. Los guiones de sus aventuras los escribía Lee Falk y los dibujos eran de Phil Davis. Corría 1934. Acaso, fue el primer gran éxito del cómic. Dos años después, Falk irrumpía con otro superhéroe: The Phantom (o El Fantasma). Su autor pensaba que iba a durar solo unas semanas: su reinado se extendió por seis décadas y todavía tiene seguidores. ¿Por qué no imaginarlo también a él en el Hollywood actual? 

En 1939, el editor Martin Goodman, creador de Timely Comics (que desde 1961 sería Marvel Comics), había minimizado a los lectores de cómics: “A los fans no les interesa la calidad”, opinó en su momento. Domínguez retruca: “Goodman lo dijo hace muchísimos años, cuando la historieta recién nacía. Aun así, el factor de consumo rápido ha definido cierta identidad de las historietas de superhéroes, al menos en el imaginario de varias personas. Creo que los fanáticos saben todo lo que puede dar el género. Como cualquier arte que implica relatos, sobran milagros y pilas de tierra. En estas últimas dos décadas, Hollywood descubrió eso como nunca antes lo había hecho”.

En pleno siglo XXI, los héroes son cancheros y hasta se ríen de sí mismos. Ya no son tan solemnes, como refirió Adam West, el Batman con el que crecieron aquellos que pasaron las cuatro décadas, y que falleció el 9 de junio pasado. “El propio West reconoció que actuaban como Shakespeare, lo que los acercaba bastante al ridículo. Hoy, el superhéroe en pose de celebrity cobra mucho más valor. Y si bien Batman y Superman son la piedra fundacional, el Romeo y Julieta del relato súper, claramente se buscan superhéroes menos plenos, menos puros. Eso explica la ausencia de popularidad de Superman en estos tiempos, más allá de ser ícono invencible”, grafica Domínguez. 

De hecho, Deadpool se impuso a fuerza de una campaña basada en el humor, la ironía y las redes sociales. “Siempre hay comicidad en los superhéroes –descuenta Domínguez–. Tienen un absurdo que siempre mezcló dos cosas: lo imposible –que antes era aquello que alguien podía dibujar y el cine miraba con envidia– y lo improbable –como que alguien vuele y use calzoncillos afuera del pantalón–. Es un factor innegable a un universo de personas en calzas. Claro, no siempre está al tope, pero sí latente. Christopher Reeve decía en el Superman de los setenta: ‘No bebo cuando vuelo’. Deadpool hizo algo distinto: expandió lo grosero de su personaje y su lectura de los discursos al marketing. En lugar de adoptar el marketing y doblegarse frente a él, pareciera que se dio el proceso inverso... y funcionó”.

Que este universo es exclusivo de los varones es un mito desterrado. La cantidad de mujeres que leen cómics de superhéroes representa el 53% del mercado.
De capa y rouge
Que el mundo del cómic es exclusivo de los varones es un mito que quedó absolutamente desterrado. “En 2014, un estudio de la Motion Picture Association of América demostró que la mayoría de las personas que van al cine son mujeres. En la actualidad, la cantidad de mujeres que leen cómics de superhéroes representa el 53% del mercado, lo que implica un salto del 40% en relación con 2011”, subraya Domínguez, quien acota que el tráiler de la remake de La bella y la bestia fue el más visto de la historia en sus primeras 24 horas, con 127,6 millones de clics. 

Con algo de prudencia, Domínguez remarca que si bien recientemente la Mujer Maravilla tuvo su propia cinta (¡recaudó más de ochocientos millones de dólares!), habrá que esperar hasta 2019 para que se repita la fórmula de una mujer protagonista de una película de superhéroes (será Captain Marvel, con Brie Larson en el rol principal). “No creo que el interés por los personajes femeninos sea solamente una cuestión de las mujeres. Es parte de amar el género, de querer disfrutar nuevas historias, diferentes, con otra sensibilidad. En las historietas es algo que se dio en los últimos quince años, y fue una bendición”, advierte Domínguez. 

Aunque Hollywood necesitó de los superhéroes para que sobreviva su industria (o para hacerla crecer todavía más), lo cierto es que los cómics salvaron tardes de infancia y adolescencia –y, en muchos casos, también de adultez–. Nos regalaron momentos increíbles, nos ayudaron a ser otros, nos tendieron una mano para escapar de las rutinas. Tal vez por eso, pese a cualquier pronóstico, nunca van a desaparecer: porque nos invitan a mundos que, de otra manera, serían imposibles. Así se entiende por qué, como sostiene Domínguez, en estos tiempos de múltiples formatos de comunicación, “la historieta vive una plenitud distinta a cualquier otra en su historia”.
Ping-pong a Juan Manuel Domínguez
¿Qué personaje merecía mejor suerte y por qué? 
Plastic Man. Es un superhéroe que tuvo cinco minutos de fama en los comienzos del género, en la primera mitad del siglo XX, gracias al genio de Jack Cole, su artista. Casi no hay películas de comedia con superhéroes, al menos sin apelar a la parodia satírica, como ocurre con Deadpool o Mistery Men.  

¿DC o Marvel? 
DC, por el cariño descontrolado que siento por Batman. ¿En el cine? Es una pena que siga desperdiciando oportunidades, más allá del corazón de un filme como Mujer Maravilla. 

¿La mejor frase que escuchaste o leíste del cómic?
Red Skull, villano clásico de Capitán América, dice: “Yo soy Dios”. Entonces, Capitán América, más parecido a Bruce Willis vestido con una bandera, dibujado serio, con mucha sombra y poca línea de músculo, contesta: “Entonces, yo soy Nietzsche”. Me parece un intercambio que resume todo el absurdo que me encanta del género.

¿Tu villano favorito? 
Thanos. El villano enorme de Marvel en el cine. Amo los villanos galácticos.

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