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Para ponerles un 10


Por Aníbal Vattuone.


Para ponerles un 10
Son jóvenes sub-30, innovadores y solidarios. Preocupados por el bien común, están desarrollando aplicaciones y herramientas parar mejorar la calidad de vida de las personas. Relatos llenos de futuro y esperanza.

Sobre los adolescentes siempre hay dos miradas. Está la crítica, la desconfiada o desesperanzada. Pero, por suerte, y para ser justos con ellos, también está la otra: la que vislumbra ilusión y pasión en sus ojos. Esta última mirada es la que se puede adivinar en aquellos jóvenes a los que les explota el corazón de sueños. Compatriotas que, de la mano de la tecnología, están concibiendo y creando soluciones para transformarle la vida a una persona, a dos, a tres, y, por qué no, a la sociedad en su conjunto, con una sola meta: el bien común. 

El rosarino Mateo Salvatto creció comprobando cómo su madre, desde su rol de profesora, se esforzaba luchando por los derechos de aquellos niños que habían nacido con sordera, para que pudieran ser incluidos más fácilmente en la comunidad. Pese a su corta edad, notó que existía una barrera complicada de traspasar. “¿Cómo se comunica una persona sorda con un oyente? Necesita ir a todos lados con una intérprete. Me obsesioné con el tema y decidí poner manos a la obra”, recuerda Mateo, que, con 18 años, estudia para Analista de Sistemas (amén de planear hacer lo propio con Ingeniería Informática).
 
Esa fue la semilla de ¡Háblalo!, una aplicación para celulares que, en este preciso momento, está asistiendo a casi 4500 usuarios sordos en toda Latinoamérica y España. “Según la Organización Mundial de la Salud, en el planeta hay aproximadamente 360 millones de personas con discapacidades auditivas. La realidad es que no hay muchas herramientas tecnológicas pensadas para mantener una conversación fluida con ellas. Por eso, sigo trabajando para mejorar esta app, formándome en nuevas tecnologías de manera constante”, ahonda quien en 2015 se proclamó campeón de la Liga Nacional de Robótica, fue nominado al emprendedor del año en 2016 por Noah Mamet (entonces embajador de Estados Unidos en la Argentina) y fue nombrado Microsoft Student Partner por Microsoft LATAM.

¿Cómo opera ¡Háblalo!? El propio Salvatto es el que lo explica: “Se aplican servicios de traducción de texto a voz y de voz a texto. Creo que su factor diferencial es que está pensada por y para sordos, ya que realizo cambios sobre la base de las recomendaciones de usuarios. Ya superamos las 8000 descargas y estamos avalados por organismos como la Confederación Argentina de Sordos”, se enorgullece. Y afirma: “Quienes padecen sordera se topan con obstáculos que solemos subestimar; por ejemplo, algo tan simple y vital como comunicarse con un servicio de emergencia a ellos les resulta casi imposible. A futuro fantaseo con poder tener mi propia empresa de soluciones tecnológicas para personas con discapacidades”.

En esa misma línea, se asoma Juan Manuel Jacinto (23), quien, seguramente, escuchó más de una vez aquella frase de que “no hay peor ciego que el que no quiere ver”. Tal vez las palabras se le adosaron como presagio. Lo cierto es que este muchacho de 23 años es la mente brillante detrás de Brailling, una aplicación que asiste a aquellos con dificultades o limitaciones permanentes en la visión y les facilita las tareas. “El propósito es incluir a la comunidad ciega en la sociedad tecnológica moderna, permitiéndole expresarse de manera cómoda, fácil, rápida y privada”, explica Juan Manuel. Y prosigue: “Brailling es mi mayor orgullo, pero tengo que admitir que no fue sencillo llevarlo a la práctica. El mayor inconveniente fue sortear las malas experiencias anteriores que hicieron que los usuarios con discapacidad visual se desalentaran y no quisieran volver a intentarlo. Este launcher de accesibilidad móvil tiene varias aplicaciones dentro de una: un teclado que posibilita escribir en braille de manera predeterminada en el celular, un software para aprender a hacerlo si se desconoce este sistema, y hasta un asistente por voz. Conseguimos mejorar la rapidez de escritura en un 80%. Fue un camino arduo, pero hermoso”.
Triple impacto
Marcos Mercado, de San Isidro (provincia de Buenos Aires), siempre pensó en botellas y en vasos. Y en la sustentabilidad. Quizá influyó en eso su madre, una directora de un jardín de infantes preocupada por el medio ambiente. O su experiencia en una empresa en la que fue testigo de la cantidad de desperdicios que generaba la industria de las bebidas. Sea cual fuere el disparador, el resultado tiene nombre propio: UPGLASS, un emprendimiento que recupera botellas de vidrio y las convierte en vasos. La modernidad lo bautizó upcycling o “suprareciclaje”: convertir un desecho en un bien de mayor valor.

“Solo en la Ciudad de Buenos Aires se tiran 36 millones de kilos de vidrio por año a rellenos sanitarios. Si bien las botellas son frágiles y se terminan rompiendo, los materiales pueden tardar hasta cuatro mil años en desintegrarse”, advierte este joven de 25 años, licenciado en Economía por la Universidad de San Andrés (UdeSA). Y profundiza: “Arrancamos con UPGLASS en marzo pasado y ya recuperamos 3500 botellas. A la vez, queremos contratar en nuestro taller a recicladores, para generar puestos de trabajo en aquellos sectores de la población que están desprotegidos. ¿Por qué todo esto? Porque creemos en los valores de las empresas de triple impacto –social, ecológico y económico– y en que el público en general está dispuesto a pagar un poco más por productos conscientes”.

No muy lejos de allí, precisamente en la ciudad de San Fernando, Francisco Hansen (26) persigue el mismo objetivo: emprendimientos de triple impacto. En su caso, se trata de un calentador solar que permite utilizar la energía del sol para calentar agua gratis. La lamparita se le prendió una fría tarde de invierno, frente al calor de una estufa. “Me planteé por qué esas llamas que se contorneaban no podían ser un fin en sí mismo. Los sectores más vulnerables pagan catorce veces más caro el gas porque es de garrafa y no de red. Para calentar agua, tienen un sobrecosto que podrían destinar a otras necesidades más prioritarias”, reflexiona quien cursó Ingeniería Industrial en el Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA). 

A diferencia de los calentadores convencionales, CALARES se fabrica en un 90% a partir de materiales reciclados. “Nunca nadie optimizó el proceso  manual para lograr viabilidad económica. Tampoco se aprovecha el contexto potencial que hay alrededor de la mayor concientización sobre la problemática ambiental y el mayor costo de la energía”, explica Francisco. Y termina: “Esto no solo impacta en un plano global –a través de la reutilización y las energías renovables–, sino a nivel particular: trabajo, acceso a energía barata, inclusión. Trazamos una estrategia integral para brindar herramientas y que la solución parta de nosotros mismos. Que podamos fabricar y comercializar productos por nuestros propios medios. Como un efecto colateral, invitamos al uso de energías renovables. Hay que abrir la cabeza y comprender lo imperioso de un cambio de mentalidad en cuanto a consumo y generación energética”.
Querer que se pueda
Valentina Avetta y María Belén Lascialandare estudiaban en la Escuela Normal Superior Rafael Obligado, en San Nicolás de los Arroyos, cuando se les ocurrió trabajar sobre la insulina, sustancia de la que dependen cerca de 25 millones de individuos en todo el mundo. Entre ellos, Valentina: “Yo tengo diabetes tipo 1 y soy insulinodependiente desde los 12 años. La idea de desarrollar un sensor que detecte la pérdida de la cadena frío de la insulina –y otros medicamentos– comenzó poco después de haber estado de viaje y vivir una experiencia no muy agradable. Hacía días que mis valores de glucemia estaban muy altos, y no sabía por qué. Estaba siguiendo las recomendaciones de mi médico al pie de la letra, pero la situación no repuntaba, por lo que empecé a dudar de si la insulina podía no estar funcionando debido al calor que hacía. Cambié la insulina, mis valores de glucemia mejoraron y comencé a sentirme mejor. Fue entonces cuando me pregunté cómo evitar tardar tanto tiempo en darme cuenta de que la insulina había perdido la cadena de frío”.

Cuando la temperatura supera ampliamente los 30 grados, la insulina y otros medicamentos pierden su principio activo sin que el paciente lo note, exponiéndose a un altísimo riesgo. Para solucionar este problema, Valentina y María Belén, con el apoyo de la profesora Adriana Bianconi, decidieron idear un sensor que se basaría en un compuesto termocrómico (que varía de color con la modificación de la temperatura). El proyecto, que podía ser aplicable en diversos campos, como el control de alimentos, todavía está en fase de desarrollo, pero su intención les valió quedarse con la edición 2016 del concurso “Soluciones para el futuro”, que alienta a alumnos de escuelas secundarias a buscar alternativas que enriquezcan nuestra cotidianidad. 

“A pesar de toda la tecnología que nos rodea, no existe una solución a esta problemática ni tampoco un compuesto químico con estas características y utilidad”, dice Valentina, de 18 años. Estudiante de Bioingeniería en la Universidad Nacional de Entre Ríos (su coequiper, Belén, cursa  Ingeniería Química en Rosario), sigue luchando por alcanzar lo que se propuso, a tal punto que, a mediados de este 2017, y gracias a una convocatoria del Ministerio de Producción y la Fundación INVAP (Investigaciones Aplicadas), tuvo el privilegio de recibir ayuda de una biotecnóloga del Centro Atómico Bariloche. “Voy a continuar hasta lograr lo que me propuse aquel día que no me sentía bien”, sueña en voz alta. 

Como Valentina y María Belén, los entusiastas Facundo Molina e Ivo Villalba, misioneros de la tierra de las cataratas del Iguazú, tampoco son ajenos a esto de superarse y creer en un mañana venturoso, próspero, perfectible. Con esta premisa fue que apostaron por un sistema especial de filtros de nanopartículas de plata, con el que se puede eliminar la presencia de Escherichia coli (causante de la diarrea y el síndrome urémico hemolítico) del agua extraída de pozos destinada al consumo humano.   

Todo nació como tantas otras veces: con el azar metiendo la cola. Ivo lo revela: “Facundo se había enterado de cómo se había contaminado el pozo de agua de la amiga de su mamá por la letrina que había instalado su vecino. Esto nos llevó a preguntarnos cuántas otras personas atraviesan sin saberlo la misma situación. Por eso, no nos quedamos solamente con esta información, sino que fuimos a recorrer diversos barrios para constatar que en ciertos lugares todavía no llega la red de agua”. 

No satisfechos con eso, la dupla va por mucho más. “Estamos analizando cómo hacer un sistema todavía mejor y a menor costo. Perdimos el miedo a equivocarnos y, en todo este tiempo, aprendimos mucho. Al igual que la Escherichia coli, ¡las ideas son contagiosas!”, concluye Ivo.
Ideas que merecen un premio
Diversos certámenes están rastreando a los diferentes talentos que se encuentran a lo largo y a lo ancho de la Argentina. No solo para reconocerlos por sus valiosos aportes, sino para acompañarlos en su cruzada. Facundo Molina e Ivo Villalba, por ejemplo, se llevaron el primer premio de la edición 2017 del concurso “Soluciones para el futuro”, organizado por Socialab, en el que además se anotaron participantes de Uruguay y Paraguay. Su propuesta fue galardonada entre 869 trabajos. Por su parte, Juan Manuel Jacinto, Mateo Salvatto, Marcos Mercado y Francisco Hansen fueron los finalistas del prestigioso Premio Emprendedor Joven, de Propulsar. ¡Felicitaciones!
Ellos también sueñan
•Gustavo Waiman y Matías Pancorvo: Son los creadores de la aplicación ISay, con la que ayudan a comunicarse a personas con problemas como parálisis cerebrales y patologías similares. Incluye un apartado especial para el aprendizaje matemático y del lenguaje, así como para la ejercitación de la motricidad fina.
• Lucila Lang: Estudió la carrera de Ingeniería en Sistemas de Computación en la Universidad Nacional del Sur, en la ciudad de Bahía Blanca. Es la mentora de la aplicación What’s in my wallet (Qué hay en mi billetera), me-diante la cual personas no videntes pueden identificar mejor la denominación y el valor del dinero,así como las tarjetas de crédito.

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