Personaje


La sombrerera


Por Natalia Miguelezzi.


La sombrerera
Diseñadora de indumentaria y vestuarista, Florencia Tellado se convirtió en una referente del millinery, o diseño de sombreros. Viene de sobresalir en las semanas de la moda de Londres y París.

La cita es a las tres en punto de un jueves primaveral, la hora donde los bares del barrio de Palermo se ponen ruidosos y concurridos. El timbre de una auténtica casa chorizo preanuncia un ambiente especial: un taller con más de veinte mil prendas de colección, que, a la vez, es una de las tiendas de alquiler de vestuario más importantes de la Ciudad de Buenos Aires. “Acá estoy, pasá”, se escucha a lo lejos a Florencia Tellado, de tez blanca, voz suave y una silueta al estilo de la Belle Époque. Como no podía ser de otra manera, nos recibe en su atelier con un sombrero en la mano, que está terminando de confeccionar. 

Mientras se pone cómoda, cuenta que, a pocos días de aterrizar en el país después de haber brillado con sus creaciones en las semanas de la moda de Londres y París, ya hizo cuatro notas, seis sombreros, una vidriera, y gritó presente en un evento. “Estoy a las corridas. Es una locura hacer tanto en tan poco tiempo”, confiesa quien, a los 34 años, ya se recibió de Diseñadora de indumentaria, tiene su propio negocio, atesora premios por su trabajo en publicidad y lidera su marca de sombreros (De Porcellana). “Soy un poco inquieta”, admite con una sonrisa. 

Ahora bien, ¿qué tiene que pasar para que una vestuarista se convierta en sombrerera? Tellado cuenta que necesitaba hacer algo más creativo con las manos. Hizo un sombrero, después otro, y empezó a notar que el hobby se transformaba en algo más serio cuando sus amigos se los encargaban para asistir a fiestas o, simplemente, incorporarlos a sus outfits. La cabeza le hizo un clic y quiso adentrarse en ese universo. Para eso, conoció a la sombrerera del Teatro Colón, Hilda Juárez, quien, en un principio, se negó a darle clases. Con un poco de insistencia, y luego de varios encuentros en su departamento de la calle Salguero, logró terminar su primer sombrero de panamina. Por otra parte, acabó de moldear su oficio con Laura Noetinger, una de las diseñadoras preferidas de la reina Máxima de Holanda. De allí al estrellato, ya que sus modelos los eligieron desde Griselda Siciliani y Carla Peterson hasta Soledad Ainesa y Cristina Fernández de Kirchner (durante la asunción del papa Francisco, allá por 2013). “Todo fue pasando, pero nunca me propuse tener una marca de sombreros. Solo fui siguiendo la flecha”, afirma sin falsa modestia.

– ¿Hubo un instante en el que sentiste que tu carrera daba un salto importante? ¿Cuándo fue?
–En 2013, cuando Rossy de Palma (N. de la R.: la actriz española que es considerada una de las musas del director Pedro Almodóvar) vistió mi sombrero para la campaña internacional de Rouge. Ahí me convencí de que me tenía que tomar mucho más en serio lo que hacía, porque, hasta ese momento, era como si fuera un juego: hacía sombreros cuando quería y podía, sin mucha disciplina. Así que me fui a Londres para perfeccionarme haciendo una pasantía con Noel Stewart. Eso fue como una maestría.

–Qué experiencia…
–Sí, era mi primer trabajo fijo, ya que siempre fui freelance, y me resultaba muy difícil tener que cumplir con el mismo horario todos los días. Fue enriquecedor en cuanto al aprendizaje, pero muy cansador. Arrancaba a las nueve de la mañana cosiendo sombreros y me iba a las seis de la tarde, completamente contracturada y con dolor en la vista, a una habitación alquilada, lejos de casa y de mi familia. Pero no me arrepiento de nada porque ahí me recibí de millinery, como se llama al diseño y la confección de sombreros.

–Pudiste regresar a Londres para ser parte de su Fashion Week y presentar tu colección Handmale Tale.
–Sí, para mí es como volver a mi otro hogar. Escribí y mandé mi porfolio, porque quería visitar el showroom. Me contestaron que les gustaría que mostrara lo que hacía, así que llené un formulario y a la semana me enviaron un mail de invitación para participar. 

– ¿Qué repercusión tuviste?
–Mucha prensa, de todos lados. Por ejemplo, hace muy poquito me mandaron una nota que me hicieron para una revista de Turquía. Disfruté viendo cómo cada mujer se representaba con un sombrero diferente. Mis sombreros no son los típicos que se ven en Londres. 

– ¿Qué tienen de particular? 
–Uso todos materiales argentinos y variados. De Porcellana tiende a ser una marca de millinery joven y fresca, con sombreros que pueden utilizarse no solo para una ocasión especial. En Londres, por ejemplo, se los piensa exclusivamente para determinadas circunstancias: para mí está bueno usar sombreros ¡todo el tiempo! 

– ¿Qué tan variados son tus materiales?
–En verano uso rafia, que es una fibra que proviene de la palmera. Es muy natural, lo que permite que la cabeza respire. En invierno me inclino más por el cuero o la piel. El fieltro, el terciopelo y la panamina son como lo más tradicional. Lo bueno de los sombreros es que podés forrarlos como se te ocurra. Eso es lo que más me gusta e inspira, porque la ropa no lo permite. Tenés que estar pensando que sea cómoda, que ceda, el calce… Si de materialidad se trata, con los sombreros no hay límites.

–Siempre nos quedará París…
–Fue mi segunda vez en su Fashion Week. El showroom estaba en una casa hermosa, a la vuelta de Avenue Montaigne. Mi recorrido diario consistía en caminar esa avenida soñada, colmada de marcas que son gigantes de la moda. Ahí podés hacer contacto con los buyers de tiendas como Macy’s, Lafayette, Harrods, Selfridges y Bloomingdale’s.

–De ahora en más, ¿qué?
–La idea es seguir por este camino. Europa te da mucha apertura, pero también quiero seguir creciendo en el país. Igual, no soy de planificar tan a futuro. Siempre estoy haciendo cosas y soy de las que creen que todo va pasando a partir de estar en movimiento. Así siento que la vida me sorprende y tampoco necesito apurarme.

Florencia Tellado fue uno de los nombres fuertes que brillaron en la última Fashion Week que se organizó en la ciudad de Londres, en septiembre pasado. Allí, expuso sus mejores diseños, con una repercusión altísima que confirma su excelente presente.
Con sello propio
Aerodinámicos, frescos y elegantes, los diseños de Tellado no hacen más que confirmar que no hay nada más cool en la actualidad que usar sombreros. Con ala corta –ideal para todas las temporadas–, o coloridas vinchas para cócteles, dan un aire moderno y femenino a la vez, son dueños de un carácter lúdico y atemporal, y embellecen la parte más esencial del cuerpo. “Todo está ahí”, sentencia nuestra protagonista. ¿Cuál es la novedad en el rubro? “Los canotiers de copa recta y plana, con pañuelo incorporado. Son muy frescos, ¡el futuro hit del verano! Las mujeres turcas se volvieron locas con este sombrero, ¡para ellas era todo!”, recuerda de su reciente paso por el Viejo Continente.

– ¿Se están poniendo de moda los sombreros?
–Digamos que es un accesorio que siempre está presente. Es un toque de estilo “allá arriba”, aunque, por supuesto, no es obligatorio. Hay días que no lo uso, o me lo saco cuando entro a un lugar. ¿Si me despeino? Mínimamente. Eso demuestra que está bien hecho.

– ¿Cómo modernizar un accesorio tan tradicional?
–Dándole otro significado. Un sombrero que remita a los años cincuenta no puede tener el material de antaño. Hay que hacer todo lo contrario a lo que se hizo. El sombrero en sí ya te remite a un pasado, por lo que trato de incorporar texturas nuevas que den lugar a otros usos. 

– ¿Cómo se lleva la mujer argentina con los sombreros?
–La mayoría de los comentarios son “Me encantan los sombreros, los amo, pero no me los pongo” o “Tengo mil, pero solo los uso para ir a Europa”. Esto último es un mito. Todos podemos vivir sin un sombrero; sin embargo, se mantiene vigente y genera fascinación. A mí la gente me para en la calle porque le encanta lo que llevo. O sea, no se atreven, pero se mueren de ganas. ¡Hay que animarse! Ojo que pasa lo mismo a nivel mundial. Me lo dijo una sombrerera muy exitosa de Nueva York. 

– ¿Es más difícil diseñar un objeto no masivo?
–El mayor obstáculo es no contar con la cantidad suficiente de materiales para hacerlos. Por eso, hay que arreglárselas para darle una vuelta de tuerca. En Inglaterra existe un mercado especial donde podés comprar lo que se te ocurra. Acá eso es más complicado.

– ¿Trabajás sola?
–Sí, es una tarea re solitaria, de muchas horas. Demanda un gran esfuerzo corporal; paso bastante tiempo encorvada, las manos me sangran, se me secan, se me cansa la vista... Es agotador. La idea de tener un equipo me seduce, pero, por contradictorio que suene, muchas veces lo que más me regocija es hacer los sombreros en soledad.

– ¿Cómo es tu proceso creativo?
– ¡Hago todo al revés de lo que me enseñaron! (se ríe con ganas). Me cuesta mucho encerrarme en una idea conceptual para armar la colección. Para mí, lo primero siempre es la materialidad, y me guío por las texturas, por los colores. A partir de ahí pienso en los diseños. Después de ver todo lo que hice en conjunto, reúno las piezas y cuento una historia desde los dibujos o la campaña. 

– ¿Qué se viene para el verano 2018?
–Mucha ala ancha, casi gigante o exagerada. Pero los sombreros son más libres que la ropa: no hay tanta regla sobre lo que se usa o lo que no. En cuanto a los míos, picará en punta el Traveller, con un pañuelo de seda incorporado, que ayuda para los días de calor porque lo podés atar adelante o atrás. Lo que me encanta es que cada persona tiene su predilecto y no se lo saca nunca.

– ¿Cómo es eso de que hay formatos de sombreros que favorecen más que otros?
–Es así. Por lo general, a aquellas mujeres de baja estatura no les sientan muy bien las alas muy grandes. Toda línea perpendicular al piso tiende a aplastar, por lo que es mejor jugar con las líneas diagonales, y pensar que es la extensión del yo, por decirlo de una manera. La copa redonda o el ala redonda no convienen para caras menos angulosas. En cuanto a colores, me gustan los más oscuros para los pelos claros porque recortan, y viceversa. De cualquier forma, cada uno sabe qué es lo que mejor le queda.

– ¿La ropa es independiente del sombrero?
–No, caminan de la mano. Absolutamente. En mi caso, no es difícil adivinarlo: defino el vestuario de acuerdo con el sombrero que me voy a poner. Se tienen que acompañar y generar un equilibrio: si el sombrero es un delirio, la ropa debe ser más tranqui. Todo en su justa medida. Eso de que menos es más, ¡es muy cierto!

Amante de casas como Viktor & Rolf o diseñadores como Thom Browne, Tellado revela su máxima preocupación a la hora de encarar su pasión. “Me obsesiono en investigar que nadie esté haciendo nada parecido. No me gustan las copias; la pieza única es algo que valoro muchísimo. Quizás hoy esto parece un imposible, porque se cree que ya que está todo hecho o dicho, pero nunca nada es lo mismo”, concluye.

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