Entrevista


“Agradezco todos los días”


Por Aníbal Vattuone.


Agradezco todos los días”  
El significado de la palabra salud, la admiración por su familia, el sueño de ser padre, el futbolista frustrado. Con un flamante disco bajo el brazo, Luciano Pereyra abre las puertas de su corazón.

Un reflejo de sol se cuela y le acaricia el rostro, en medio de un jardín enorme, en plena Ciudad de Buenos Aires. El brillo que se produce en su mirada bien podría ser una metáfora de su gran presente. Luciano Pereyra se prepara para hablar con soltura de un trabajo musical que lo vuelve a posicionar en los primeros planos. “El disco lo hice en los Estados Unidos. Lo trabajé bastante, no fue fácil. Podría decir que la etapa inicial fue muy frustrante, por la ansiedad que tenía de que las canciones resultaran de mi agrado. Hasta que dejé fluir...”, desliza.

Como fluyó él, también fluyen sus palabras durante toda esta entrevista en la que se descose el corazón. Todavía se lo nota sensible después de los inconvenientes de salud que lo tuvieron a maltraer. De hecho, al título de su flamante placa, La vida al viento, se lo puede relacionar con varias palabras/ideas/conceptos: liberador, sin ataduras, transparente. “La gestación de este álbum se dio hace un año, cuando una vez más me tuvieron que intervenir quirúrgicamente –recuerda–. En el medio fue mi cumpleaños: yo no tenía ganas de hacer nada, pero mis amigos se quisieron juntar igual y reunieron a mi familia y a mis perros. Pasamos el día al aire libre, rodeados de naturaleza, con ese olor a pasto recién cortado. Fue un cable a tierra. Creo que ahí se originó este CD. Se dio una mezcla buenísima de emociones. Todo lo que viví fue muy fuerte y muy lindo. Fue una etapa de mucho aprendizaje, aun en los momentos en los que no me salía nada”.

–Se te nota satisfecho con este lanzamiento.
–Muy, muy, muy (se le ilumina la cara). Este disco es una clara demostración de cómo está mutando la música, y, a la vez, las personas, la sociedad, el mundo; aunque mantenga la esencia de lo que hice siempre: folclore fusión. De repente, aparece una canción recontra urbana, pero que se cruza con un charango, un siku o una quena.  

–Las letras son tuyas. Explotaste tu veta compositora.
–Sí, me pude dedicar a la poesía, ya que, a veces, escucho bastante vulgaridad. Diría que en algunos temas hasta se maltrata a las mujeres. Yo, en cambio, las enaltezco.

–Hiciste el videoclip de la balada “Es mi culpa” con el “Chino” Maidana. ¿Cómo fue la experiencia? 
–Gracias a la música, pude darme lujos como este. Lo llamé y le dije: “Marcos, me gustaría hacer esto con vos, ¿querés?”. ¡Y aceptó! Se vino desde Margarita, Santa Fe, para participar… Fue fantástico. Un crack: fue campeón mundial, peleó dos veces con Floyd Mayweather... Pero como hizo de mi entrenador, no pudo probar mi derecha (risas).

– ¿Te gusta ese rol, esa faceta de la actuación?
–Me divierte. Tuve la posibilidad de hacer cine y tiras televisivas. Lo que pasa es que no me dan los tiempos. A mí me gusta interpretar; de hecho, lo hago cuando canto.  

–“Boxeaste” con Maidana, en tus redes sociales se te ve muy atleta. ¿Cómo te llevás con los deportes?
–Me encantan. Siempre digo que soy un futbolista que trabaja de cantante. Salir a jugar al fútbol con tus amigos es espectacular. Y soy fanático de Boca. Lo heredé de mi papá. Él me regaló las pasiones y mi madre las comprensiones.

–Una mezcla justa…
–Sí, con sus errores y virtudes, pero la conclusión es que soy feliz de tenerlos y compartir una mesa con ellos el domingo. A mi papá le pasó algo muy similar a mí: trabajaba en una automotriz que, por aquel entonces, participaba de torneos entre empresas. Lo vinieron a buscar de Racing, pero por una lesión no pudo continuar… Yo me lastimé la rodilla en un entrenamiento en las inferiores de Boca y perdí el tren.

–Teniendo en cuenta todo lo que vino después, ¿agradecés o maldecís esa lesión?
–Agradezco, agradezco… Empecé a cantar a los cuatro años y a jugar al fútbol a los nueve. Me ganó la música. No reniego de nada. Obvio, sigo soñando con hacerle un gol a River, en el último minuto, en plena Bombonera. ¿Pero quién no? De cualquier forma, no creo que en ningún otro ámbito hubiese sido tan feliz como con mi profesión. Viajé, conocí lunas lindas y paisajes maravillosos, personas que admiro y con las que pude trabajar. Vuelvo a mis padres: ellos me dieron las herramientas y yo tuve que hacer el resto. No creo en la suerte, sino en el trabajo porque los vi a ellos levantar su propia casa. Así nos educaron a mis hermanos y a mí...

– ¿Qué pudiste asimilar de los traspiés de salud?
–Precisamente, el significado de la palabra salud. Cuando uno brinda con alguien, lo hace como un acto rutinario, y le está deseando lo más valioso que un ser humano puede tener. Me di cuenta de eso cuando la pasé mal. Yo agradezco todos los días levantarme a la mañana, subir la persiana y… ver: eso ya es una bendición. Uno no suele tomar dimensión de lo relevante que es. La primera bocanada de aire es el sentimiento que quise transmitir en La vida al viento. No es poco.

– ¿Cómo te analizás musicalmente?
–Intento no instalarme en ningún lado. En la casa de mis padres se sacaba el disco de Frank Sinatra y ponían el de Carlos Gardel. O se escuchaba a Horacio Guarany y Los Chalchaleros, tanto como a Los Beatles y a Roberto Carlos. Esa fue mi influencia. Por otra parte, la música no es para comparar, sino para disfrutar. Tuve la fortuna de poder compartir escenario con Mercedes Sosa o con Horacio Guarany –mi padrino, a quien extraño muchísimo–, y ellos también tuvieron que montar su música.   

– ¿Qué te inspira?
–Lo cotidiano. Para mí todo es una canción. No me hace falta subirme a un avión e irme a otra provincia o a otro país para buscar las musas. No. Salís a la puerta de tu casa y ya empezás a vivir… Y cuando empiezo a vivir, hago música.

–Cumpliste 36 años. ¿Tenés ganas de ser padre?
–Proyecto tener mi familia, mis hijos. Es un sueño presente. Sería la mejor canción de mi vida.

– ¿Con que fantaseás a futuro?
–Me pasaron muchas cosas, sin soñar nada de eso. Yo nunca pensé que iba a cantarle al Papa… Me ilusionaba con editar un disco y hoy ya llevo diez. La meta es seguir disfrutando de mi carrera como lo hice hasta ahora. Con todos los errores, con algunos aciertos, pero que todo eso no solamente me forme como músico, sino como persona. A fin de cuentas, eso es lo que más importa.
Entre Luján y los perros
Luciano se entusiasma como un niño cuando habla de su Luján natal: “Allí están mis amigos de la infancia, el carnicero de toda la vida, los vecinos de la casa de mis padres, el bodegón donde todos almuerzan, la estación de servicio donde desayunamos... Luján sigue siendo mi presente. 

Y me conecto también con el pasado, ya que, a cierta edad, uno empieza con los ‘che, te acordás cuando…’. Y así, entre copas, aparecen las anécdotas”. Otra de sus debilidades son los perros. “Nací, me crié y me moriré con ellos. Son parte de mi familia. Son incondicionales, sinceros y no te piden nada a cambio. Es impagable llegar a tu casa después de un día de trabajo y que te estén esperando en la puerta para hacerte una fiesta increíble. A veces es un problema para aquellos que me vienen a visitar y no les gustan… ¡pero lo lamento!”, se ríe y lanza una carcajada fuerte.
A reservar asiento
Luciano está en el medio de una supergira que lo está haciendo recorrer los cuatro puntos cardinales de la Argentina. El 27 de octubre estará en Salta y el 28, en San Miguel de Tucumán. En noviembre será el turno de Buenos Aires, La Rioja y San Juan. En diciembre completa su agenda en Bahía Blanca, Neuquén, Mar del Plata, Mendoza, Córdoba y Santa Fe. Toda la info en lucianopereyra.com

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