Management


Win win


Por Daniela Calabró.


Win win
Con el teletrabajo, el freelancing y el emprendedurismo como punta de lanza, se impone este concepto en el que ganan todos: jefes y empleados.  Cómo es el actual mapa laboral.

Lograr un puesto en una empresa reconocida, ascender escalafón por escalafón y hacer una carrera para toda la vida es un sueño de otros tiempos. Los jóvenes actuales aspiran al recambio laboral, el disfrute en el trabajo y los desafíos que rompen con la rutina. Lejos están de las páginas de su diccionario conceptos como los de relación de dependencia, antigüedad o presentismo. Y en su paso firme hacia un nuevo paradigma consiguieron que generaciones más conservadoras ya no miren esta tendencia como un capricho de la modernidad. Todos (o muchos, para no exagerar) quieren ser parte del cambio.

“En los últimos quince años, el mapa laboral mutó de una manera notable. Vivimos en un mundo que está absolutamente digitalizado, lo que permitió que la necesidad de cumplir una jornada laboral de nueve horas desapareciera, dando lugar a modalidades inéditas hasta hace unas décadas, como el home office y el trabajo independiente”, introduce Sebastián Siseles, director internacional de freelancer.com. Y continúa: “Esto sucede porque las nuevas generaciones tienen expectativas diferentes a las de sus antecesores: aprecian la libertad, los proyectos que permiten dotar a su labor de cierto dinamismo... Por eso, evitan cumplir un horario prefijado o tener una tarea repetitiva”. 

“No sería una locura pensar que el empleo consistirá cada vez más en una contratación por servicios o proyectos puntuales”. 
- Sebastián Siseles

Si bien los jóvenes están al frente del timonazo, la falta de empleo tradicional, la maternidad y el deseo de mayor independencia son factores que convierten al nuevo trazado laboral en terreno de todos y no solo de quienes se inician. “Hasta hace unos pocos años, la búsqueda del equilibrio entre la vida profesional y personal se relacionaba solo con los jóvenes, pero, hoy por hoy, se extendió a otras generaciones. A la vez, es un tema de preocupación tanto para mujeres como para varones”, describe la experta Martha Alles, conferencista, escritora y consultora internacional en gestión por competencias.

Por su parte, Gabriela Kyriazis, cofundadora de JoiLab, una organización que asesora y apuntala a quienes desean patear el tablero en lo laboral, acota: “Los miembros de las generaciones X e Y –que juntas nuclean a las personas nacidas entre los años sesenta y mediados de los noventa– reclaman cada vez mayor flexibilidad. El trabajo ya no se piensa solo dentro de una oficina, sino que es posible trabajar desde un bar, desde un espacio de coworking o desde el propio hogar”.
Todos al podio
El McKinsey Global Institute, especializado en estudios de mercado vinculados a estas temáticas a nivel internacional, estima que 160 millones de trabajos pueden realizarse remotamente, es decir, sin una presencia firme y permanente en la oficina. 

Casi el 11% de esa cantidad corresponde a los trabajos relacionados con el sector de servicios. Las empresas que se vinculan con ese rubro lo saben y están tomando nota. Así nace el win win, una expresión con la que les gusta coquetear a los empleadores y empleados del siglo XXI. Hace referencia a los convenios que permiten que los trabajadores dispongan de su tiempo, sin que los empresarios pierdan los talentos que necesitan. Traducido: nadie sale perdiendo. “A futuro, se incrementará la flexibilización de políticas en las organizaciones, en lo que se refiere a horarios y lugares de trabajo, a la vez que seguirá en aumento la estadística de emprendedores y trabajadores independientes”, asegura Kyriazis.

En esta dirección, uno de los métodos que está avanzando es el desempeño por objetivos. Siseles aclara el panorama: “No sería una locura pensar que el empleo consistirá cada vez más en una contratación por servicios o por proyectos puntuales. Al vincularse de esa forma, el freelancer y el trabajador independiente no solo pueden manejar sus propias agendas, sino también dónde se desenvuelven físicamente. O sea, acomodan su ocupación a su vida, y no a la inversa”.

El quid de la cuestión pasa, entonces, por definir objetivos y luego medir los resultados: las metas, las pérdidas, lo bueno, lo malo. “Si una evaluación combina objetivos y competencias, se cierra el círculo virtuoso y se pueden contemplar mejor las aspiraciones de cada individuo. Esta forma de medir el desempeño es otra de las modalidades que pertenecen al concepto de win win”, sentencia Alles.

“La búsqueda del equilibrio entre la vida profesional y personal se extendió a otras generaciones”. 
- Martha Alles
Audacia argenta
Hay vastísimos ejemplos para comprobar que por las venas de estos pagos corre sangre emprendedora. En tiempos auspiciosos y en los que no lo son tanto, siempre hay quienes levantan la bandera de la innovación y se animan a vivir de lo que realmente les gusta. Este es otro fenómeno que se arraiga con fuerza en la búsqueda de la felicidad laboral. 

“Latinoamérica en general y la Argentina en particular son los sitios por excelencia del trabajo independiente o freelance. De esto a montar una pyme, hay un solo paso. Por caso, nuestro país registra la mayor tasa de emprendedurismo de la región. Si miramos los grandes actores en el rubro de la tecnología, muchos de ellos nacieron de emprendimientos nacionales, como Mercado Libre, OLX, Despegar.com y Globant”, dice Siseles. 

Ingrid Hamburg, del equipo de JoiLab, se explaya en la misma línea: “Los argentinos solemos buscar la forma de resolver situaciones y lo hacemos con una gran capacidad de adaptación. En lugar de esperar que alguien nos dé trabajo, lo generamos por nuestros propios medios, con mayor o menor formalidad y estructura. En mi opinión, esto se debe a que tendemos a socializar y a estrechar vínculos, lo que nos facilita detectar las necesidades de quienes nos rodean, así como promocionar nuestro producto o servicio. Sumado a esto, tenemos una cultura de solidaridad y empatía que, en varias ocasiones, nos lleva a comprar productos ofrecidos por emprendedores, prefiriendo la producción artesanal”. 

Puesto de este modo, seguramente a más de un lector le picará el bichito de cambiar de rumbo; sin embargo, no es para nada sencillo ponerse en marcha. “¿Dónde está el mayor desafío de la transición de empleado en relación de dependencia a freelancer o emprendedor? En la organización –pregunta y contesta Siseles–. Es fundamental el armado de un buen cronograma con las fechas de entrega y los requerimientos específicos para cada trabajo. Al mismo tiempo, es importante tener horarios y respetarlos: no por el hecho de ser nuestro propio jefe podemos estar todo el día mirando televisión. Por último, es recomendable organizarse en el área financiera: es necesario estar siempre alerta para encontrar el proyecto siguiente, de modo de armar una cadena de trabajo”. 

Otra de las claves para adaptarse a este modelo es comprender su naturaleza oscilante. “Hay que ser conscientes de que habrá meses muy atareados y otros con menores ingresos. El secreto está en desarrollar la habilidad para administrar nuestra economía. Es sustancial no engolosinarse con los meses de ‘temporada alta’ e incurrir en gastos no planificados. Asimismo, es bueno usar el tiempo que aparentemente nos sobra en las semanas más tranquilas para cultivar nuestra red de contactos, lo que nos va a permitir acceder a mejores oportunidades”, aporta Marina Kalaidjian, del equipo de consultores de JoiLab. Y concluye: “Hay que estar informado y muy atento a las chances que nos brinda el mercado, considerar la posibilidad de asociarse con colegas, darse a conocer y mantenerse proactivo”.

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