Educación


Aulas virtuales


Por Daniela Calabró.


Aulas virtuales
La era digital está modernizando la enseñanza. ¿Cómo la tecnología resignifica los roles del docente y del alumno? Lo que viene a futuro.

Mapas desplegados, tablas periódicas, punteros Sofía, Lautaro y Mateo están ocupados en que Saturno, Urano y Plutón giren alrededor del Sol, ayudados por una aplicación que enseña a niños menores de 10 años conceptos básicos de programación. Un par de aulas más allá, pequeños aprendices estudian el punto de ebullición de los líquidos por medio de un simulador online: con apenas mover el mouse y hacer clic en su botón, realizan experimentos en tiempo real y sin riesgos. 

No hay dudas de que la educación ya no es la de antes. Emergen formas inéditas de enseñar y de aprender, en consonancia con la virtualidad y las aplicaciones de avanzada, que nos ubican frente a un cambio paradigmático. Silvina Casablancas, coordinadora de investigación del Proyecto Educación y Nuevas Tecnologías (PENT), perteneciente a FLACSO Argentina, es clara al respecto: “La enseñanza tradicional se correspondía con métodos analógicos, con el papel, el libro, el lápiz, un espacio fijo y un tiempo predeterminado para el estudio. Actualmente, estos modos se enriquecieron gracias a la tecnología y a la construcción de plataformas que comparten información”. 

Entre los aspectos más positivos de un enfoque educativo que cada vez se impone con más fuerza, los especialistas enumeran la interacción creciente entre docentes y alumnos, el acceso a información global y la personalización de los contenidos. Laura Rosso, vicerrectora de asuntos académicos de la Universidad Siglo XXI, explica: “La tecnología nos acerca al estudiante sin barreras geográficas, mejora la motivación y el clima para aprender, permite usar interfaces amigables que simplifican lo complejo, e incorpora herramientas para el manejo de la información”. Casablancas coincide y agrega: “Las tecnologías digitales contribuyen a cada fase del aprendizaje: buscar información, procesarla, representarla y compartirla. En este paradigma, además, existe un alto potencial de saberes en las nuevas generaciones que puede ser capitalizado por los docentes. Con esto logramos convertir la educación en un hecho compartido, bajo en costos y creativo”. 

Por otro lado, los alumnos cobran un papel activo en su formación porque desarrollan estrategias intelectuales, rastrean contenidos de forma simultánea, se contactan con compañeros que tienen los mismos intereses y ajustan todo ese relevamiento a su contexto. “Es crucial brindar a los estudiantes sistemas flexibles con los que personalicen sus recorridos académicos. Allí la tecnología impacta y contribuye de manera significativa”, resume Rosso. 

“Las tecnologías contribuyen a buscar información y procesarla. Convertimos a la educación en un hecho compartido y creativo”. 
- Silvina Casablancas
TIC TAC
Si ya nos habíamos familiarizado con las TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación), ahora tendremos que hacerlo con las TAC (Tecnologías del Aprendizaje y el Conocimiento). En esas dos siglas se reúnen todas las herramientas con las que la era digital atraviesa los diferentes niveles de escolaridad y el ámbito universitario. Pero ¿cuál es el papel que juegan estos instrumentos en el día a día? Casablancas lo grafica con un ejemplo: “Recuerdo a una maestra de nivel inicial que aprovechó lo que los niños sabían hacer con un celular –como grabar mensajes de audio, sacar fotos o incluso filmar– y registró con ellos las actividades en la sala para crear un blog. Los niños contaban sus salidas educativas o armaban galerías de arte con sus trabajos, para luego verlo en su casa junto a su familia”.  

En la primaria, la tecnología comienza a meter más la cola en el plan de estudios. En esa instancia, hacen su entrada triunfal un sinfín de programas y plataformas que vuelven bastante más entretenidos los contenidos cotidianos. “Hay múltiples opciones que pueden usarse en contextos educativos, pero lo importante es poder planificar con esas opciones tareas formativas adecuadas, interesantes, valiosas. Es fundamental que nos capacitemos y conozcamos las características de una buena aplicación, sus posibilidades, qué evaluar en ella y con qué criterio elegirla”, dice Mónica Trech, coordinadora de asesorías y extensión del PENT. 

En la secundaria, el vínculo de los jóvenes con las redes es muy estrecho, por lo que hay que confiar en sus criterios, aunque, paralelamente, saber guiarlos. “En el caso de los adolescentes, es primordial preguntarles qué programas conocen y qué les gustaría aportar en cada proyecto específico. Escucharlos sobre esas competencias iniciales suele ser un ejercicio muy descuidado. Un buen docente tiene que tener oído didáctico”, desliza Casablancas. 

Christian Milillo, coordinador de de-sarrollos tecnológicos del PENT, pone la lupa sobre el modo en que los jóvenes están procesando la información: “Pertenecen a una generación acostumbrada a consumir y a ser generadora de contenidos que se jerarquizan, se descontextualizan, se viralizan y se vuelven efímeros. El inconveniente es que cuando se utilizan las redes sociales como única fuente, se construyen burbujas informativas. Y si bien hay criterios de evaluación que son universales, podríamos pensar en construir juntos nuevos criterios para conectarnos críticamente con la información. En el presente ya contamos con herramientas que evidencian de qué modo funcionan los medios, por lo que debemos aprovecharlas y abrir una perspectiva de largo alcance”.

“La educación del futuro será mucho más inclusiva y flexible. La personalización de los contenidos regirá las decisiones de nuestros estudiantes”. 
- Laura Rosso
Apps que educan
•Scratch: Fue desarrollada en el MIT y permite comenzar a entender conceptos básicos de programación, como ciclos, control de flujo y señales.
•Geogebra: Ayuda a aprender geometría, álgebra, cálculos y estadística a través de gráficos dinámicos.
•Anatomy Learning 3D: Es una de las mejores aplicaciones para conocer a fondo el cuerpo humano, de forma sencilla y entretenida.
•Kahoot: Es una plataforma de juegos y encuestas educativas para usar en el aula. Abarca distintas materias.
•Google Earth: Gracias a ella, los chicos comprenden de una forma más interactiva y cercana la geografía del mundo.
•Arloon Chemistry: Por medio de una tabla periódica interactiva y de la observación de las moléculas en tres dimensiones, se transforman las clases de Química. Arloon cuenta también con aplicaciones para otras asignaturas.
Desde casa
Otra manifestación inequívoca del progreso de las TAC es la oferta creciente de cursos y carreras a distancia. En nuestro país, el 85% de las instituciones de educación superior disponen de algún programa con esta modalidad, en donde la retórica virtual es ama y señora, a través de exámenes online, clases digitalizadas, conferencias en simultáneo y sistemas de tutores disponibles por medio de la Web. 

“Los estudiantes son, por excelencia, nativos digitales; o sea, viven online. Se relacionan, se comunican, disfrutan del ocio, producen y trabajan a través del empleo de la tecnología. El progreso del e-learning se hace inevitable. Por lo tanto, a las instituciones educativas solo nos queda tomar todas las medidas al respecto y revolucionar la experiencia educativa”, sentencia Rosso. 

En pleno 2017, se multiplican diversas metodologías de estudio: la tradicional (que es 100% presencial), la virtual y las modalidades blend (que combinan ambos modelos). El prototipo que ya quedó obsoleto es el denominado “educación a distancia”. A esto hace referencia Rosso: “Hoy preferimos hablar de modalidades de estudio mediadas por la tecnología, que, en un momento del proceso, pueden –o no– encontrar cara a cara a un estudiante y a su profesor. Pero hay que saber que eso ya dejó de ser un elemento constitutivo en el proceso de aprendizaje”.

Con los métodos de enseñanza de antaño puestos en jaque y un paradigma moderno que marcha a la velocidad de la luz, se hace obvio el interrogante: ¿Cómo será, entonces, la educación del futuro? “Muy distinta de la que conocemos”, se anima a contestar Rosso. Y profundiza: “Será mucho más inclusiva y flexible. La personalización de los contenidos regirá las decisiones de nuestros estudiantes, que estarán mucho más orientados a desarrollar competencias que les permitan entender más los problemas del contexto que teorías que no tienen sentido para ellos”.

Por su parte, Trech pone el foco en la posibilidad de trabajar más codo a codo: “Esperamos que el mañana nos muestre una educación centrada en las necesidades, fortalezas e intereses de cada ser humano, pero con una conciencia que facilite pensar y hacer con los otros. Es mucho lo que puede hacerse en este sentido, mediante el trabajo colaborativo, el aprendizaje en red o iniciativas sociales colectivas. La educación debería enseñarnos a comunicarnos mejor, a respetarnos y a ser constructivos. No se dan mejoras en la educación solo por usar dispositivos tecnológicos. Hay que pensar qué es lo que cambia con el uso de estos dispositivos y aprovecharlos en favor de los individuos y su desarrollo”.
Más allá de Facebook, Twitter e Instagram
Las redes sociales educativas están en constante desarrollo y promueven la interacción entre docentes, alumnos y familiares. Una de las más famosas es Edmodo, en donde todos los actores se relacionan en un entorno seguro, vinculado únicamente a cuestiones de formación. Por su lado, Brainly opera más como una plataforma de intercambio de dudas, en donde los participantes pueden hacer consultas específicas sobre cada materia. Por último, en Docsity la idea es compartir materiales de estudio, descargar contenidos que generan otros estudiantes, consultar apuntes, hacer circular textos de utilidad y recomendar videos didácticos.

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