Entrevista


“Componer me reveló otro mundo”


Por Aníbal Vattuone.


“Componer me reveló otro mundo”
La actriz y cantante Soledad Villamil atraviesa un momento de ruptura e inflexión que plasma con su regreso a la pantalla grande y un disco repleto de canciones propias.

El comienzo es un incordio. Son las tres de la tarde y se esperaba a pocos parroquianos en el local del encuentro. Pero no. Un torrente de corazones humanos inunda el bar de la cita, y se impone una sonoridad abrumadora. Como aquí a las palabras se las lleva el viento, le proponemos a Soledad Villamil (48) cambiar el lugar de la entrevista para hablar de cómo será el instante en que los flashes vuelvan a posarse sobre ella. 

Es que la actriz y cantante, que ahora se sienta en una silla en la que el sol apenas le acaricia el hombro derecho, está a punto de presentar en vivo Ni antes ni después, su cuarto y flamante disco, que, por primera vez, se anima a armar ­­–casi en su totalidad– con canciones de su autoría. Y, como si fuera poco, en breve se estrenará Las grietas de Jara, lo que significa su regreso al cine a cinco años de su último filme (y a ocho del exitazo que fue El secreto de sus ojos, ganadora de un Oscar). Por eso, está feliz. Se percibe, se respira esa atmósfera a su alrededor.

“¿Sabés cuánto pesa un oso polar?”, le preguntamos con un dejo de complicidad. Soledad se sorprende, nos observa con esa mirada hipnótica que la caracteriza y responde: “Lo suficiente para romper el hielo”. El chiste es el que ella les hizo durante años a los espectadores que asistían a sus shows en La Trastienda. Pasó el tiempo y hoy se la advierte en un punto de inflexión que deja entrever con el título de su más reciente producción musical.

– ¿Por qué “Ni antes ni después”? 
–Siempre me interesaron los momentos de transición, de crisis y ruptura. Es una respuesta a una ansiedad que me embargó durante este último período, ya que mi anterior álbum lo edité en 2012. Creo que fue el tiempo que necesité para salir con este nuevo material, dando un salto, un giro de ciento ochenta grados con respecto a lo venía haciendo. Me planteé cómo seguir y me dije: “Este disco tiene que ser ahora, ni antes ni después”. La frase, además, abre un pensamiento acerca del tiempo, de dónde uno está parado…

–Se le pueden dar varios significados…
–Exacto, y eso es lo que más me gusta de todo. Que cada uno la puede encajar donde quiera.

–Once de las doce canciones de la placa son de tu puño y letra. ¿Cada vez te sentís más a gusto en ese rol?
–Sí, es así… En el primer disco no incluí ningún tema propio, en el segundo dos, y en el tercero cuatro. En esa progresión, apareció la necesidad de componer cada vez más. Me di cuenta de que eso me reveló otro mundo. Es como si se hubiese abierto otra puerta, al estilo Alicia en el país de las maravillas, y hubiese podido entrar a una nueva habitación llena de magia. Estoy muy contenta de haber descubierto esta arista. Siento que puede crecer aún más... ¡Así que espero que sigan apareciendo ideas!

– ¿Tenés un momento y un lugar en especial para escribir? ¿O surge de manera espontánea?
– ¡Se da todo eso junto! A veces nace naturalmente, y es genial. En otras oportunidades, guardo versos y los rescato cuando ya les encontré una melodía. Ahí comienza el proceso de cómo puedo desarrollar la canción, cómo puedo seguir armándola. Me pasa también que puedo estar trabada con una palabra durante meses…

–Pero está bien… Ni antes ni después.
– (Sonríe) El problema es la impaciencia y la frustración. Simplemente, hay que dejar que las cosas maduren y hasta quizás olvidártelas un poco, ya que un día te despertás iluminada y lo resolvés de un segundo a otro.

 – ¿Te quedan canciones a mitad de camino que pueden aparecer en discos futuros? 
–Totalmente. Tengo estrofas, estribillos, ideas, frases... Por ejemplo, ahora incluí un tema que se llama “Para siempre”.  

–“Para siempre es mucho tiempo”, reza la letra…
–Justamente, eso lo dijo mi hija a los cinco años –ahora tiene doce–. La anoté de inmediato. “Ya la voy a usar”, pensé. A esa canción le había puesto “El antibolero”, ya que es lo opuesto al bolero tradicional: nada de “Vamos a estar juntos toda la vida”…

Ni antes ni después incluye varias perlitas, como una canción inédita de Jorge Drexler o el DVD dirigido por su marido, Federico Olivera, en el que se puede apreciar el jugosísimo proceso de grabación. “Trabajar con Federico es buenísimo, ya que, obviamente, tenemos un entendimiento total y un lenguaje en común. De pronto se da de sentarnos a escribir juntos... –dice sobre su vínculo laboral–. Desde que nos conocemos somos de hablar sobre nuestros trabajos, sobre la búsqueda artística y estética, sobre qué hacer y qué no. Nos divertimos un montón… Tenemos nuestras opiniones fuertes y claro que disentimos, pero el humor nos saca de situaciones de confrontación. A lo largo de los años, aprendimos a descomprimir y pasar a otro tema”.

– ¿Cómo resultó la experiencia con Drexler?
–Jorge me había grabado una carpeta con temas para que eligiera alguno. Lo admiro muchísimo y, a la vez, me identifico con la idea de alguien que cuenta y canta historias.

– ¿Algún referente en particular?
–Los Beatles y Charly García. Sobre ellos se edificó mi gusto musical. Yo me crié en los setenta, y en mi casa se escuchaba a Joan Manuel Serrat, Alfredo Zitarrosa, Violeta Parra, Silvio Rodríguez... O sea, mucho cantautor de esa época. Eso está en mi memoria emotiva. Aunque también disfruto del rock en inglés, del folclore nacional. A la hora de escribir, todo eso es como si fuera un catalizador, donde esa información está.
En clave actoral
El mozo interrumpe y Soledad pide una limonada con menta y jengibre. “¿Azúcar? Poca. Gracias”, devuelve con una sonrisa inmensa. La pausa es propicia para cambiar el foco y adentrarnos en su otra faceta artística, que la vio brillar en cine (La vida según Muriel, Un oso rojo, No sos vos, soy yo, Todos tenemos un plan), televisión (Vulnerables, Culpables, Locas de amor) y teatro (Glorias porteñas, Matar el pensamiento, Ella en mi cabeza). 

En las semanas venideras, se estrenará Las grietas de Jara, dirigida por Nicolás Gil Lavedra y basada en la novela de Claudia Piñeiro. Allí, nuestra protagonista comparte cartel con Oscar Martínez, Joaquín Furriel, Laura Novoa y el español Santiago Segura. “Es un policial bien al estilo de Claudia: sin persecución a los tiros. Hay un crimen, pero que se de-senvuelve en un ámbito de personas ‘comunes’, donde no está el asesino serial, psicópata. No. Lo que más me gustó es que se da en el mundo de los arquitectos: Furriel, Segura y yo somos tres profesionales que trabajamos en un estudio muy prestigioso, pero que esconde un secreto. De repente, empieza a pasar algo que remueve la historia y el pasado que estos tres personajes tienen en común”, adelanta con misterio Soledad.

–Pasaron ocho años y la gente te sigue hablando sobre El secreto de sus ojos. ¿Qué te viene a la mente al evocarla?
–Algo que nadie vio: el rodaje. Mi vivencia más intensa es el proceso de llevar adelante las escenas, el personaje y todo lo que había que contar… Luego viene el recorrido que hizo la película. De repente, la emiten en Brasil, me llama un amigo y me dice: “La dio la cadena Globo y la vieron cincuenta millones de personas”. Y así me pasa con cualquier lugar del mundo. Tranquilamente, en este bar podría acercarse una persona y recitarme una frase de memoria, que ni yo recuerdo. Es algo muy fuerte lo que pasó y sigue pasando con el filme. Marcó al público.

– ¿Podría decirse que fue cumplir una meta el hecho de ser dirigida por Juan José Campanella?
–Es un director que les da un gran espacio a los actores, ya desde la estructura del guion. Juan cuenta su historia y plantea los argumentos de las películas, pero ya imaginando escenas especialmente para los actores que las encararán. Cuando leo sus guiones, entiendo cómo tengo que actuar y qué es lo que él necesita; así es más sencillo imaginar cómo potenciar al personaje. En la manera de escribir, Juan tiene algo que es muy próximo al actor. 

–Un dato no menor: te eligió para su primera película en la Argentina: El mismo amor, la misma lluvia.
–Sí, me acuerdo de que nos juntamos en un bar, me dio el guion y le hice un par de comentarios. Ya en esa oportunidad me encontré con un argumento increíble, con mucha tela para cortar desde el punto de vista actoral. En un mismo largometraje el personaje tiene escenas dramáticas y humorísticas, y tal vez una seguida de la otra. ¡Eso es riquísimo para nosotros! Es como si a un pintor le ofrecieran todos los colores. Con Juan tenés mucho para trabajar, para crear y para entretenerte. Él se divierte; entonces, todo es divertido.

–Tu carrera se encaminó hacia dos facetas: la música y la actuación. ¿Qué es lo que te cautiva de cada una?
–De la actuación, me encanta vivir la vida de otro. Esa abstracción total de tu vida cotidiana, para pasar a encarnar otro ser, en otras circunstancias especiales. Es una aventura interna descubrir cómo es esa persona y cómo puede rea-ccionar ante lo que le pasa. Se genera un pequeño mundo para contar ese cuento que se construye durante dos meses y, después, se destruye. Me pasó de estar filmando y no pensar en nada más. Con la música, sobre todo componiendo, sucede algo similar. Uno se pone medio “obse” y te acostás pensando, te despertás pensando... Cantar también tiene mucho de juego. Pararte arriba de un escenario te da una energía muy placentera.

–Declaraste alguna vez: “Cantar libera”. ¿Esa liberación es una forma de felicidad?
–Sí, además lo recomiendo, más allá de que lo hagas profesionalmente o para vos en tu casa. A mí me pasa que puedo estar preocupada, canto una hora –ni siquiera en una función, un ensayo o una clase de canto– y soy otra persona. No sé si hay una explicación física o del chakra... Eso se lo dejo a los que saben. Pero el efecto es tal cual: realmente, aliviana. Una vez estaba muy angustiada, sentía eso de que “se te cierra la garganta”, pero tenía un compromiso y tuve que cantar. Después del show, ¡adiós malestar! Lo que comprendí con los años, y lo apliqué en este último disco, es que lo más importante es ser uno mismo. En mi caso, intento no engolosinarme con la técnica o con cómo se escucha. Busco cantar casi como hablo.
¡Ahora!
Ni antes ni después es el cuarto álbum de la discografía personal de Soledad Villamil (antes, fue el turno de Canta, Morir de amor –ambos recibieron el Premio Gardel– y Canción de viaje). Aquí se destacan temas como “Temporadas”, “Pasan”, “Niña africana”, “Para siempre” y “No trates de” (el único cover, de Jorge Drexler). El 8 de septiembre es la fecha elegida para presentarlo en vivo (en Xirgu Espacio Untref –Chacabuco 875, CABA–). Después, emprenderá una gira por todo el país. “Con mis discos anteriores estuve en España, Brasil, Colombia, Chile. ¡Quiero repetir esa experiencia!”, se entusiasma. Y concluye: “Una época que me marcó fue la del Parakultural y el Rojas de los años noventa, cuando deambulábamos con amigos, de sala en sala, de sótano en sótano viendo performances, varietés, escuchando bandas y buscando ‘lo nuevo’”.

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