Investigación


Viaje a la mente argentina


Por Walter Duer.


Viaje a la mente argentina
Solidarios y familieros, emprendedores y acostumbrados a las crisis, los argentinos desarrollamos una forma de pensar propia. Aquí, una radiografía del cerebro nacional para saber cómo opera en management,   moda, ciencia,  ecología o gastronomía, entre otros ámbitos.

Desde el punto de vista anatómico, todos los cerebros son iguales, más allá del país y el continente donde haya nacido la persona. Sin embargo, si bien existe una exacta similitud de este órgano en propios y extraños, las tan en boga neurociencias especifican que también son diferentes, ya que cada uno es moldeado en función de su interacción con el ambiente, el contexto social, la cultura, los gustos y las experiencias. Por lo tanto, el cerebro argentino no difiere biológicamente respecto de uno estadounidense, ruso o chino, pero sí gana cierta unicidad a partir de todo aquello que conforma nuestra tan querida y criticada idiosincrasia.

“Para comprender esto, resulta clave tener en cuenta el concepto de ‘sesgos cognitivos’, los esquemas mentales a partir de los cuales formamos nuestras creencias y nuestra visión del mundo. Su principal función es permitirnos interpretar la información que recibimos de nuestro alrededor al brindarnos un marco desde el cual tendemos a producir sistemáticamente ciertas respuestas rápidas frente a diversas situaciones”, explica el neurólogo y neurocientífico Facundo Manes, presidente de la Fundación Ineco.

Así es como por estos pagos podemos definirnos como solidarios, amigueros y familieros, pero también, propensos a hacer alarde de la “viveza criolla” y a tener dificultades para proyectar a largo plazo. Un ejemplo demuestra, ante un mismo hecho, nuestros pros y contras: frente a una inundación, la ciudadanía se mueve en masa y velozmente para ayudar a los damnificados. Sin embargo, parecemos incapaces de hacer algo para establecer una planificación que permita evitar una tragedia similar en el futuro.
 
Ahora bien, ¿cómo repercuten estas características y comportamientos en las diferentes ramas de la vida? ¿Acaso estos elementos que conforman nuestra identidad limitan o condicionan de alguna manera cómo pensamos la ciencia y la tecnología, el deporte, la moda, el management, la gastronomía, el arte y muchos otros campos? 

Según Néstor Braidot, máster en Psicobiología del comportamiento y en Neurociencias cognitivas, las experiencias asociadas a una emoción se imprimen más fuertemente en el cerebro. Para una mujer, seguramente, el cumpleaños de quince sea más recordable que el de dieciséis. Así como si le preguntan a usted dónde estaba o qué hacía en el momento en que ocurrió el atentado a las Torres Gemelas, es probable que lo tenga mucho más presente que cualquier otro 11 de septiembre. 

Esta fuerza de recordación, por ejemplo, puede trasladarse a lo que sucede entre las cuatro paredes de las oficinas de las compañías. “El management en la Argentina guarda todavía pensamientos derivados de las vivencias de las últimas décadas, que se remontan hasta treinta y cuarenta años atrás, lo que limita sus comportamientos”, diagnostica Braidot, experto en neuromanagement. Y prosigue: “Por eso vive un estado de alerta preventiva, condicionado por problemas como el corralito, la inseguridad y otros eventos similares. No obstante, esta característica no es exclusivamente negativa. A lo largo y a lo ancho del planeta, los emprendedores argentinos son reconocidos porque esta misma incertidumbre les permitió cambiar rápidamente su desempeño de acuerdo con repentinas y desconocidas condiciones de juego”.

“El management en la Argentina guarda todavía pensamientos derivados de las vivencias de las últimas décadas, lo que limita sus comportamientos”. Néstor Braidot
Somos...
Según los especialistas, ese “ser nacional” influye en cada una de las actividades. Desde las más intelectuales, como todo aquello que involucra al ambiente artístico, hasta las más cotidianas, como alimentarse, ver deportes o consumir moda.  

Gabriela Tolomei, artista plástica que expone con éxito en Barcelona y Nueva York, cuenta que, a diferencia de otras expresiones artísticas –como la música o el teatro–, la pintura aún no ocupa ese lugar de preponderancia que debería tener en nuestro devenir diario. “Si bien hay grandes coleccionistas y prestigiosos museos con muestras espectaculares, como se trata de un hábito al que no se induce a los niños, se convierte en una elección de los adultos. Por eso, el interés no llega a ser masivo”, advierte. Y profundiza: “En consecuencia, no transitamos ni convivimos cotidianamente con expresiones artísticas y ahí aparece el de-safío de generar más presencia cultural. En nuestro país los artistas debemos realizar un esfuerzo enorme para ser vistos dentro y fuera de la región, y si bien existen proyectos y propuestas de índole privada y gubernamental que generan mayor participación, todavía queda un largo camino por recorrer”.

En los últimos años, si hay un rubro que picó en punta en nuestro territorio es el gastronómico. Pía Fendrik, chef y food stylist, lo sabe bien. “El argentino hace un culto a la comida: es la excusa para reunirse, para festejar y para que las familias se junten los fines de semana. Eso también se ve reflejado en la gran oferta de bares y restaurantes que hay en todo el país”, señala la autora de Recetas simples, placeres compartidos. 

¿Quién no tiene en su diagrama semanal “el asado de los jueves” o entre sus preferidas “las pastas de la abuela”? Es parte de nuestro ADN. Claro que en esos genes hay gustos particulares. “Somos bastante básicos: mucha papa y carne, y poca fruta y verdura. Pero es cierto que hay una movida consciente y saludable que se está imponiendo y que está revirtiendo, lentamente, algunos viejos preceptos. De ahora a un par de años se podrán cuantificar mejor estos resultados”, estima Fendrik. Y agrega: “Por suerte, tenemos una gran cantidad de cocineros que quieren darle más identidad a la cocina nacional, recalcando la gran variedad de excelentes insumos que tenemos en todo nuestro territorio, con festivales, ferias y mercados que ganan popularidad y permiten difundir nuevos productos y productores”. 

Respecto al universo fashion, sus representantes coinciden en que, por estos lares –y alejándonos de lo que aún ocurre en gran parte de Latinoamérica–, estamos revalorizando la moda vernácula, dejando atrás la concepción histórica de imitar todo lo que se impone en el Viejo Continente. Cecilia Pont, diseñadora textil y realizadora escenográfica del Teatro Colón, con estudios en la Escuela Argentina de Moda y dueña de una marca de accesorios homónima, es clara al respecto: “Obvio que seguimos inspirándonos en lo que aparece en Europa, tal vez porque la mezcla de aquella cultura con la nuestra es, en definitiva, un rasgo de nuestra identidad. Los argentinos somos muy globales, estamos al tanto de las tendencias mundiales y, aceptémoslo, nos gusta seguirlas. Por otro lado, debemos considerar que las crisis continuas influyen en este terreno, alterando el desarrollo creativo: caemos en el famoso ‘rebusque’ para conseguir los materiales que nos permitan concretar nuestras ideas. Somos particulares en eso: a veces, cuando no conseguimos exactamente los que necesitamos, terminamos trabajando con elementos que, en otros países, a nadie ni siquiera se le habría imaginado utilizar”.

Sergio Ledesma encabeza programas de entrenamiento y capacitación a líderes de organizaciones de primera línea. Es autor del libro Somos lo que conversamos, donde hace una reflexión peculiar: basta escuchar a un argentino opinando de cualquier deporte para que broten las características que nos pintan de cuerpo entero.

“Necesitamos ser escuchados, reconocidos. Sentimos que debemos estar rápidamente en el podio de lo que hagamos o hagan quienes nos representan, generalmente sin validar la paciencia, la solidez ni la coherencia de avanzar dando pasos cortos como camino para alcanzar resultados sustentables. Muchas veces enarbolamos la bandera de la pasión, rasgo que nos enorgullece”, enumera Juan Pablo Sagarna Castaño, fundador de Sportcases, una compañía que desarrolla conferencias y experiencias sobre la base de líderes deportivos. Y cierra: “Somos competitivos. Obsesionados con ganar, no aceptamos que existe la posibilidad de un resultado diferente al deseado ni tomamos conciencia de eso. Por suerte, hay excepciones a la regla”.

“Si entendemos la solidaridad como adhesión temporal a una causa de otro, los argentinos somos solidarios, pero tal vez no lo suficiente todos los días”. Silvia Yauri
Los otros, nosotros
“Si entendemos la solidaridad como adhesión temporal a una causa o empresa de otro, los argentinos somos solidarios, pero tal vez no lo suficiente todos los días”. La que habla es Silvia Yaury, miembro de la Fundación Río Pinturas, entidad sin fines de lucro creada en 1997 por padres de personas con capacidades mentales leves y moderadas, con el objetivo de brindar un espacio para que los jóvenes encuentren una ocupación y logren la satisfacción de sentirse útiles. 

Para esta trabajadora social, nos arremangamos y ponemos manos a la obra para buscar a una chica que está perdida, pero no nos involucramos lo estrictamente necesario, por ejemplo, en una campaña de lucha contra el paco. “No somos continuos en el pensamiento; por ende, no somos una sociedad inclusiva. El desafío que deberíamos plantearnos es salir un poco de nosotros mismos, ya que respondemos mejor cuando el otro está lejos que cuando está cerca, como cuando vemos a un chico durmiendo en la calle”, subraya Yaury.

Cuidarse/cuidarnos no solo implica al prójimo, sino a todo aquello que nos rodea. Una encuesta confeccionada por la Fundación Vida Silvestre reveló que el 89% de nuestros compatriotas opina que los recursos naturales son bastante o muy importantes para el desarrollo económico de la Argentina, y que el 91% considera que la contaminación tiene un impacto significativo en la salud y el bienestar de las personas. La deforestación (24,6%), los residuos sólidos (20,3%) y la contaminación del agua (19,2%) fueron los ítems elegidos como principales problemas ambientales a nivel país, mientras que los residuos sólidos (25,4%) y la contaminación del aire (24,2%) lo fueron a nivel individual.

“Entre un tercio y la mitad de la población considera que la conciencia ciudadana y las medidas educativas son la manera de resolver nuestros problemas ambientales, mientras que una cuarta parte estima que es necesario desarrollar nuevas leyes de protección”, acota el ingeniero forestal Manuel Marcelo Jaramillo, director general de Fundación Vida Silvestre Argentina. Y comparte más porcentajes: “Al consultarles acerca de las acciones que estarían dispuestos a llevar a cabo para proteger el medio ambiente, el 64% contestó que pagaría más impuestos y el 85%, que compraría productos amigables ecológicamente, aunque fueran más costosos”.

El Observatorio de Tendencias Sociales y Empresariales de la Universidad Siglo 21 desarrolló un estudio a nivel nacional para desentramar los entretelones de nuestra personalidad. Basado en el método Personality Belief Questionnaire, creado por Aaron Beck, psiquiatra y profesor estadounidense de la Universidad de Pensilvania, se evaluó a hombres y mujeres de entre dieciséis y sesenta y cinco años de distintas provincias, y prevalecieron estos cuatro rasgos: narcisistas (45%), obsesivos (32%), histriónicos (32%) y paranoicos (30%).

Somos así. Creativos, improvisados, gritones (basta estar en el extranjero para notar que la mesa más ruidosa de un restaurante... ¡es la de algún argentino!). En Latinoamérica se burlan de nuestro ego desmedido. En España, de nuestra “parla” incesante. Las neurociencias arribaron a la conclusión de que la historia y las experiencias nos conformaron de esta manera. Pero, asimismo, aclaran que el cerebro es plástico y puede evolucionar constantemente, por lo que ese “somos así” no debería ser una excusa para negarnos a ser mejores.
Mundo ciencia
La capacidad emprendedora parece tener un límite concreto: la ciencia. “Nuestro país es excelente en términos de ciencias básicas, pero existe un prejuicio respecto de la ciencia aplicada”, sostiene Santiago Bilinkis, emprendedor y tecnólogo, autor del libro Pasaje al futuro. Y analiza: “Tanto en la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad de Buenos Aires como en el Conicet, contamos con científicos brillantes, pero ocurre con frecuencia que cuando se plantea la posibilidad de mostrar el fruto de su investigación a una compañía privada o de generar un emprendimiento a partir de ello, se encuentra mucha resistencia. Esto no significa que sea imposible revertir esta tendencia, pero sí es muy difícil, ya que está muy arraigada”.

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