Tecnología


Moda de laboratorio


Por Aníbal Vattuone.


Moda de laboratorio
La tecnología y los diseñadores crean indumentaria que cuida la salud y el medio ambiente, aumenta el rendimiento de los deportistas, evidencia estados de ánimo, y la lista sigue...  

Que la tecnología está sentada a nuestra mesa diaria es una realidad inequívoca. Ahora bien, la pregunta sería qué rincones le queda por ocupar. En la actualidad, uno de los ámbitos en los que sorprende cada vez más es en el de la indumentaria. Y no solo con el propósito de ponernos pitucos, sino hasta con la finalidad de cuidarnos la salud.

Para muestra basta un botón... o un corpiño con un dispositivo portátil y no invasivo que, a través de doscientos sensores, es capaz de registrar los cambios de temperatura, de color y de textura del busto. Pero, por sobre todas las cosas, este soutien es un nuevo aliado para combatir el cáncer de mama. Inventada por el mexicano Julián Ríos Cantú después de que a su madre le diagnosticaran dos veces esta enfermedad, la prenda envía por Bluetooth toda la información que luego es procesada y analizada por los expertos. No es necesario usarlo todos los días: le bastan sesenta o noventa minutos para registrar los datos adecuados. 

Por otra parte, en la Universidad de Granada, en España, se está desarrollando un tejido con el que se confeccionará una camiseta que aliviará el dolor de espalda. El textil administra fármacos de manera selectiva, en respuesta a estímulos como la temperatura, la luz e, incluso, el pH (esto sería de gran utilidad para los enfermos crónicos, ya que podrían despreocuparse de los horarios y días para ingerir las pastillas). En lo que se refiere específicamente al contacto con la luz, también podría tratar distintas enfermedades de la piel, como la psoriasis o el melanoma. ¿Cómo actúa? Se libera el fármaco progresivamente al torrente sanguíneo, lo que asegura un mayor rendimiento de la medicación. 

Otras “camisetas inteligentes” ya están controlando el corazón, monitoreando a aquellas personas que hayan sufrido infartos. Entre sus funciones, realizan electrocardiogramas, miden la frecuencia cardíaca, el ritmo de la respiración y la temperatura corporal. La prenda, además, cuenta con un dispositivo (una especie de GPS) que le transmite al doctor si el paciente está de pie, caminando, se cayó o se quedó dormido. A la vez, emite una señal de alarma que avisa cuando los parámetros medidos sobrepasan los límites fijados.
A todo nivel
Una de las grandes vedettes de estos avances tiene un nombre: nanotecnología. Esta ciencia/técnica se aplica al control y a la manipulación de la materia a una escala de nanómetros, es decir, la millonésima parte de un metro. Para darnos una idea de la escala de trabajo de la que se habla, una hoja de papel tiene un grosor de cien mil nanómetros; un cabello humano, de unos ochenta mil. 

En el campo textil, la nanotecnología está fabricando tejidos con múltiples aplicaciones: antimanchas, antibacterias, antivirus, ingífugos, hidrofóbicos. Lo que se puede lograr, por ejemplo, son superficies que eviten que las sustancias penetren, repeliendo la suciedad. Gracias a procedimientos nanotecnológicos se consiguió reproducir el efecto autolimpiador que tienen, por caso, ciertas plantas y las alas de algunos insectos, que les permiten mantenerse limpias de polvo y agua. 

Otro de los desafíos que se plantean es el de producir detectores químicos que analicen los fluidos corporales, como el sudor y la orina. En esta línea, los pañales para bebés bien podrían ser el primer paso de un largo, difícil y auspicioso camino. Lo que se está investigando es colocar sensores químicos de creatinina para el posterior análisis de la orina. Según los datos que arroje, se podrían prevenir diversos trastornos. 

El mundo fashion no está exento de esta movida. Lauren Bowker sabe romper moldes... o probetas, ya que la llaman “la alquimista de la moda”. Según el parámetro de “moda reactiva”, sus vestidos cambian de color de acuerdo con los movimientos del aire o los niveles de polución. “Contamos con gorros que reaccionan a la actividad cerebral, evidenciando la ira, los nervios y la ansiedad de quien los porta”, declara en su página web esta farmacéutica británica, exestudiante del Royal College of Art de Londres.

“El sector de la indumentaria se modificó por completo. En los últimos años, aceleró sus etapas gracias a los adelantos tecnológicos que influyeron en el desarrollo de nuevos materiales, con prestaciones innovadoras, como el control de la temperatura corporal”, dice Natalia Nupieri, diseñadora de indumentaria que forma parte del Observatorio de Tendencias del Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI). Y agrega: “Por otro lado, la tecnología está fomentando el desarrollo de nuevos modelos industriales que contemplen un concepto sustentable de producción, fruto de la demanda social de productos respetuosos con el medio ambiente y la comunidad. De esta forma, se dio lugar a materiales textiles biodegradables, que cuentan con un ciclo de vida asociado al uso de las prendas de vestir. Una vez que pasa un tiempo calculado, que puede ser de seis meses o algunos años, comienzan un proceso de descomposición, y pueden ser integrados al suelo orgánico”.
Preparados, listos...
¿Alguna vez escuchó hablar de la “ropa cuantificadora”? Luego de la gorra con pulsómetro incorporado (una solución ante la no tan cómoda banda pectoral), se empezaron a colocar sensores en camisetas y pantalones para medir todos nuestros movimientos: pulsaciones, fatiga muscular, sobreentrenamiento, infraentrenamiento y activación de cada músculo. Toda la data se carga en una app desde donde se puede acceder a la información. 

Paralelamente, se imponen prendas con tejidos que se adaptan a cada situación. El Play-Dry protege al cuerpo de los rayos ultravioleta y evacúa el sudor, permitiendo que el atleta pueda mantenerse fresco, aun con temperaturas de extremo calor. Para aquellos amantes de las disciplinas acuáticas, aparecen trajes de baño con tejidos ultralivianos que repelen el agua, facilitando una mayor hidrodinámica y una mejor fuerza de arrastre.
Pasemos al rubro zapatillas, porque allí hay para todos los gustos. Cada vez se aplican en ellas más sensores, que le envían a nuestro celular la cantidad de distancia recorrida, el ritmo y la cadencia. Lo último es un sistema de audio que advierte, en plena ejercitación, cómo mejorar la postura y evitar posibles lesiones.

El crossfit es una de las disciplinas que irrumpieron con éxito en esta primera etapa del siglo XXI. Obvio, ya hay calzado específico para la actividad, con bases menos anchas que brindan más estabilidad y con un sistema que filtra el sudor y libera al pie de humedad. 

Y no nos olvidamos de los futboleros de ley. Para aquellos que despuntan el vicio y se piensan Lio Messi, se lanzó un botín con una punta diseñada para que el golpe sea aún más certero. Los pequeños tapones adheridos a la suela son de poliuretano, un material con el que ya se comprobó que la penetración de los botines en la gramilla es más profunda y no se desliza. ¡Para no tener excusas de no poder pegarle fuerte y al medio!

En cuanto a pantalones, la gran división se produce entre los que son para running o para training. Ambos cuentan con un sistema de elasticidad debido a sus microfibras de alta seguridad. Con tecnología antivibratoria, tienen una silicona especial, ideal para los corredores, que presiona los músculos principales (y los gemelos en particular) para que el cuerpo no se canse y, a la vez, para evitar lesiones. 

“En el desarrollo de producto deportivo, la tecnología textil se volvió fundamental. Buscar alternativas de diseño que prioricen la optimización del rendimiento –tanto en un deportista amateur como en un atleta de élite– es parte sustancial en la práctica proyectual”, esgrime Eugenia Aryan, licenciada en Diseño de Indumentaria y Textil, Magíster en Diseño y directora del Posgrado de Diseño de Indumentaria Deportiva de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo (FADU), perteneciente a la Universidad de Buenos Aires (UBA). Y concluye: “El deportista busca en la indumentaria seguridad y prevenir riesgos, que lo ayude a ganar fuerza, movilidad, velocidad, elasticidad y resistencia. También necesita confort y termorregulación. Los diseñadores están haciendo uso de las capacidades prestacionales de los materiales para satisfacer todas estas necesidades. Por ejemplo, con los textiles repelentes al agua que favorecen el aumento de la velocidad en nadadores, o los tejidos con alvéolos que contribuyen a un mayor vuelo en esquiadores”.

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