Entrevista


Una dupla incorrecta


Por Aníbal Vattuone.


Una dupla incorrecta
Superganadores con el ciudadano ilustre, Los directores Mariano Cohn y Gastón Duprat suelen interpelar al espectador. Su último filme pone en jaque un tema sacro: el origen del asado.

Hay duplas que se hicieron famosas, ya sea en el deporte, en la TV o en el cine: Ricardo Bochini-Daniel Bertoni, Bud Abbott y Lou Costello, y las entrañables Thelma y Louise. En nuestro país, hace ya rato que un tándem joven e irreverente desanda sus pasos con una marca distintiva. Mariano Cohn y Gastón Duprat, de ellos se trata, es el dúo cinéfilo que, desde hace un tiempo, no dejan de sorprender al público argentino. 

Alguna vez, dirigieron El hombre de al lado, con un Daniel Aráoz inolvidable. Hace poco, El ciudadano ilustre, con el que ganaron el premio Goya, brillaron en los festivales de Venecia, Haifa y La Habana, y acaban de conquistar los Premios Platino. Y en los últimos meses están llamando la atención con Todo sobre el asado, un largometraje con el que pusieron en jaque la comida insignia de nuestro país. “Tuvimos que digerir que el asado no es argentino. Ni el corte tira de asado es argentino, ni las vacas son argentinas –ya que las trajo Colón–, y tampoco la leña para hacer el fuego, ya que es una planta europea. O sea, el asado de argentino tiene muy poco”, define Cohn.

Más allá de haber proyectado la cinta con éxito en el Bafici y en la pantalla grande, la dupla se planteó pisar fuerte en la pantalla chica y las nuevas plataformas. La buena nueva es que, amén de las propuestas para emitirla próximamente en señales de aire y de cable, llegaron a un acuerdo con Netflix. Nada más y nada menos. 

“Ellos participaron desde un comienzo en el filme, ya que tienen un gran interés en todo lo relacionado con el universo gastronómico. Y el asado, en particular, es un tema internacional, de interés mundial. Existen pocos temas nacionales más convocantes que este para debatir, para hacer el ensayo, ya que Todo sobre el asado es, básicamente, un ensayo –subraya Cohn–. El director de cine siempre quiere estrenar sus películas en quinientas pantallas, con toda la publicidad en la calle, con una inversión muy grande… Y, a veces, eso no es lo mejor. Hay largometrajes que, por ese motivo, duran una semana en cartel nada más. Termina el recorrido de la película y la vieron dos mil personas. Entonces, en este caso, nosotros no tuvimos ni tenemos ningún tipo de prejuicio: abrimos el juego y la exhibimos en un sinfín de plataformas”.

Duprat, oriundo de Bahía Blanca, interrumpe el monólogo de su coequiper para aportar su mirada sobre cómo reaccionan los espectadores con su original propuesta: “Con Mariano solemos meternos en las salas para testear cómo viene la mano. Es muy lindo cuando uno ve a la gente reírse mucho, pero, a la vez, reflexionando, involucrándose con lo que está observando. Eso es lo que pasa con Todo sobre el asado: interpela además de divertir. Fue una linda experiencia llevarla a cabo”. 

–Si hay algo con lo que se los vincula es con el hecho de generar incomodidad en el público. ¿Por qué? ¿Allí es donde se producen las respuestas más auténticas? 
–Duprat: Sí. Tanto en El ciudadano ilustre, como en El hombre de al lado, e incluso en Todo sobre el asado, apostamos por escenas donde haya mucha tensión implícita, que pueda generar una incomodidad grata, la que te hace estar más bien pendiente de lo que estás viendo. Eso decanta en una carcajada, por ejemplo. En este tipo de cine, las escenas están construidas a propósito: presentan la particularidad de no pasar desapercibidas, sino que tienen una “carga”, un contenido, que las hace singulares, dramáticas. 

–A la hora de filmar, ¿se plantean como meta dejar un mensaje o prefieren que sea el espectador el que culmine la idea de la escena?
–Duprat: Cuando uno dice que el espectador aporta desde su lugar es cuando hay muchas escenas contradictorias. Por lo tanto, es el público el que debe sentar posición al respecto. Pretendemos movilizarlo, así que, en efecto, podríamos decir que es una particularidad de nuestras películas.

Antes de insertarse definitivamente en el séptimo arte, el dúo Cohn-Duprat pergeñó aquel inolvidable éxito llamado Televisión Abierta. Sobre eso, sobre mostrar a la televisión –y ahora al cine– más real, Duprat reflexiona: “En el año 1998 inventamos una suerte de YouTube televisivo. De hecho, Televisión Abierta se emitió bastantes años antes de que apareciera YouTube. Fue la primera vez que se usaban cámaras hogareñas para este tipo de envío. La gente participaba de manera directa y democrática. Allí podían decir lo que quisieran, cuando, hasta ese momento, lo único que podían hacer era aplaudir en las tribunas”.

–Y sin ningún tipo de edición…
–Duprat: Exacto, con total libertad… Eso se podría decir que lo inventamos nosotros. Fue el primer reality del mundo, no solo de la Argentina. Respecto al cine, intentamos hacer nuestra contribución con un tipo de registro más documental; es decir que filmamos ficciones como si fueran un documental. Lo otro que nos particulariza es que hacemos un trabajo de guion con profunda minuciosidad. En esa suma de características se va logrando nuestro estilo.

– ¿Cuáles son sus referentes, Gastón?
–Con Mariano compartimos el mismo gusto por el cine industrial de Hollywood: Steven Spielberg, Quentin Tarantino, los hermanos Cohen. Pero eso no significa que apliquemos nuestro gusto en las películas.

La entrevista sufre una interrupción: un percance telefónico. “Si se escuchan algunos gritos, es que estoy con el bebé a cuestas”, confiesa Cohn, sin poder contener la risa. Como el tiempo apremia, hacemos las últimas preguntas, que se lanza a responder frenético y verborrágico. 

–Con fundamentos o por esnobismo, la pantalla chica suele ser muy criticada. No obstante, ustedes siempre se confesaron fanáticos de la TV. ¿Por qué?
–Cohn: La televisión es una expresión artística igual o más interesante que el cine. A los programas que hicimos para ese formato les dimos un tratamiento de “obra” y los usamos para experimentar tanto en lo que se refiere a lo audiovisual como a las formas narrativas. La televisión es un ámbito ideal para la creación de nuevas ideas. 

– ¿Qué tienen en vista para el futuro?
–Duprat: Estamos con un proyecto similar al de Todo sobre el asado, pero con diferentes comidas típicas de cada lugar del mundo. La serie incluiría Todo sobre el sushi, Todo sobre la pizza, Todo sobre el taco, Todo sobre la paella… En realidad, lo gastronómico es una excusa para retratar un país y su idiosincrasia. Serán aproximadamente trece capítulos, con la impronta de siempre: encararlo de manera descontracturada y para nada solemne, ironizar, tener humor, “faltarle el respeto” a lo que sería la responsabilidad del documentalista y reversionar un poco el género.

– ¿Y en la pantalla grande?
–Cohn: Estamos con dos filmes, de temáticas muy distintas entre sí. Uno de ellos es Mi amigo Bruno, que la arrancamos a filmar este mes, con los protagónicos de Guillermo Francella y Luis Brandoni. Es la historia de dos amigos, un galerista de arte y un artista plástico que diseñan una gran estafa dentro del mundo del arte contemporáneo. 

– ¿Y la otra película? 
–Cohn: Tiene un argumento mucho más real y actual. La proyectamos para marzo del año que viene y se va a llamar 4x4. Allí nos meteremos de lleno a reflexionar sobre una preocupación contemporánea: la inseguridad... o seguridad, depende de qué lado uno se posicione. Creemos con Gastón que es un tema que el cine argentino todavía no se animó a retratar. Allá vamos.
Cuándo y dónde
Siempre por canal I-SAT, Todo sobre el asado puede sintonizarse el 22 agosto, a las 20.20, y al día siguiente, a las 13.00. En septiembre será el turno de Netflix.
Actor fetiche
Oscar Martínez fue el protagonista de la película El ciudadano ilustre. Ese papel le valió ganar la Copa Volpi en el Festival de Venecia. Gastón Duprat revela los entretelones de su relación con el actor: “Oscar estuvo desde el principio muy involucrado. Cuando leyó el guion le gustó muchísimo. Nos juntamos varias veces para afinar detalles con sus observaciones. El estreno en el Festival de Venecia fue un momento impresionante: cuando terminó la película recibió aplausos que se extendieron durante once minutos ininterrumpidos. Las plateas, que tienen fama de ser muy exigentes, ovacionaron a Oscar, que después se quedó con el premio mayor al que puede aspirar un actor en este certamen. Lo ganaron Marcello Mastroianni, Sean Penn... ¡actores de primerísimo nivel! Eso no hizo más que confirmar que nuestra decisión había sido la correcta”.

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