Temas cotidianos


Esa palabra mágica


Por Daniela Calabró.


Esa palabra mágica
Decir “gracias” más a menudo puede resultar transformador. Investigaciones recientes demuestran que mejora los vínculos y beneficia la salud. El poder de la gratitud.

Protagonista de un fenómeno editorial sin precedentes, Rhonda Byrne triunfó primero con su libro El secreto; luego, con El poder, y así sucesivamente con textos que permanecieron en la lista de best sellers por mucho tiempo. Al referirse a la práctica de agradecer, en su libro La magia, la famosa escritora australiana esgrime: “Desde los aborígenes australianos hasta los zulúes africanos, pasando por los nativos americanos o los esquimales, todos realizaban esta práctica, teniéndola como un eje central de sus tradiciones”. Basta con googlear la palabra gracias para ver que desde hace siglos está en las grandes mentes de la ciencia y la religión. Newton y Einstein la mencionaban, Mahoma la definía como la mejor garantía de abundancia y para Buda era la mayor de las virtudes. ¿Será que ellos sabían que agradecer encerraba beneficios insospechados para la salud y el bienestar? ¿Será que los avatares posmodernos nos impidieron continuar ese sabio legado?

“Los filósofos llevan mucho tiempo hablando de la gratitud, pero los académicos abordaron el tema y empezaron a estudiarlo a fondo hace  aproximadamente una década”, introduce la periodista estadounidense Janice Kaplan, autora del libro El diario de la gratitud. Y prosigue: “Los resultados son sorprendentes. Un estudio tras otro relacionan a la gratitud con mayores niveles de felicidad. De hecho, un relevamiento publicado en el Journal of Social and Clinical Psychology arrojó que la gratitud podría ser el elemento más intrínseco a la salud mental frente a otros rasgos de la personalidad estudiados”. 

“Las personas que anotan, cada noche, tres cosas por las que se sienten agradecidas mejoran ostensiblemente su bienestar”. Janice Kaplan

Todo tiene un porqué. Para la psicóloga Alicia Dellepiane, creadora del método “Valores sin fronteras”, los beneficios de agradecer son enormes: “Decir gracias define un ángulo de mirada afirmativo sobre lo que ocurre. Cuando hay una piedra en el camino, se puede agradecer la enseñanza de trascender obstáculos en vez de solo reparar en el inconveniente que nos produce”. 

Lo dijo el terapeuta Robert Emmons, una eminencia en temas vinculados a esta cualidad: “No es necesario que nos ocurran cosas buenas para dar gracias. Las personas agradecidas, en realidad, redefinen lo que les sucede”. En esa misma línea, Gladys Benaim, coach ontológica y educadora, pone el foco en el potencial sanador que tiene el agradecimiento: “Cada vez que agradecemos, creamos un efecto positivo para nuestra vida. Es hermosa la cadena de abundancia que se genera entre el ‘dar’ las gracias y ‘recibirlas’. Quienes entran en esa cadena son más felices y sostienen vínculos afectivos duraderos”. 

Una de las herramientas más poderosas para caminar en esa dirección es generar el hábito de bajar al papel los detalles que experimentamos en el día y que nos hacen una delicada caricia al alma. “Investigaciones recientes demuestran que las personas que anotan, cada noche, tres cosas por las que se sienten agradecidas mejoran ostensiblemente su bienestar y reducen sus probabilidades de sufrir depresión”, agrega Kaplan. 

 “Todos realizaban esta práctica, teniéndola como un eje central de sus tradiciones”.  Rhonda Byrne
Para todos
La palabra mágica puede ir en dos direcciones: hacia un interlocutor o hacia la vida misma. En ambos casos, las repercusiones son invalorables. “A veces podemos tener un sentimiento de profundo agradecimiento por la naturaleza, por los ciclos que generan la perfección del universo o, simplemente, por amanecer vivos. No siempre el reconocimiento tiene que ver con que alguien reciba esa palabra, sino con soltarla desde uno mismo y disfrutar de la plenitud que da comprobar que aquello que nos rodea es increíble”, desliza Benaim. 

Después de descubrir lo transformador que puede ser comenzar a ver el día a día con otra lupa, llega una tarea de mayor entrega: aprender a dirigir ese gracias a quienes nos acompañan en el camino. “Agradecer es reconocer el valor del otro y el valor de lo recibido, por lo que se establece un círculo de intercambio positivo. Quien lo dice sintoniza con un aspecto vital de sí mismo, expandiéndose en lugar de contraerse. Quien lo recibe se descubre reconocido por lo que hizo, dijo o dio, y se refuerza en él la sensación del propio valor”, argumenta Dellepiane. 

Por su parte, Benaim pone el énfasis en la importancia de verbalizar el sentimiento: “Cada vez que hacemos una declaración, tenemos la capacidad, a través del lenguaje, de crear una nueva realidad. No basta con que nosotros percibamos el agradecimiento en nuestro interior, sino que requiere la palabra. Se trata de una declaración fundamental para sostener relaciones sólidas”.

En el caso del vínculo de pareja, está  comprobado que cuantos más son los años de convivencia, más se dan por sentadas ciertas cuestiones que no deberían obviarse. Así es como el agradecimiento, en muchos casos, desaparece junto con el romanticismo. “Los escáneres cerebrales demuestran que nuestra reacción a algo que vimos diez veces es muy distinta a la que tuvimos la primera vez que eso mismo estuvo frente a nuestros ojos. Los psicólogos lo denominan ‘habituación’: nos acostumbramos a algo y acabamos olvidando los motivos por los que al principio nos resultó tan especial”, describe Kaplan, quien detectó, en un relevamiento que llevó a cabo para uno de sus programas televisivos, que si bien el 77% de las personas dice “gracias” frente al camarero de un bar, solo el 48% se lo dice a la persona con la que comparte la vida. 

El reconocido orador estadounidense John Frederick Demartini, autor del libro El efecto gratitud, remarca la importancia de reconocer con amor el rol cotidiano que cumple cada integrante de la casa: “Siempre hay un equilibrio ideal en la dinámica familiar. Sin cada uno de esos papeles, que debemos agradecer diariamente, la pareja o la familia no estarían en absoluto equilibradas”.

“Siempre hay un equilibrio ideal en la dinámica familiar. Sin cada uno de esos papeles, la familia no estaría equilibrada”. Frederick Demartini
Frente a la adversidad
Agradecer a la vida hasta en los momentos más duros. Esa es la premisa de las personas que profesan esta manera de vivir. Sin embargo, es muy difícil lograr esta actitud cuando el destino nos sorprende con un revés. “Para enfrentar estas situaciones, hay una idea que vale la pena grabar a fuego en nuestro interior: toda aparente adversidad trae en sí la semilla de un bien mayor. Las creencias que tenemos acerca de la vida nunca son una verdad absoluta. Podemos elegir dos caminos: pelearnos con lo que está pasando o agradecer lo que ocurre como una plataforma de lanzamiento”, propone, desde su experiencia, Alicia Dellepiane. 

Benaim acota que la clave está en mirar el dolor con una lente diferente: “Siempre podemos pararnos en la vereda del enojo, pero también podemos escoger la aceptación, para desde allí buscar caminos hacia el cambio que necesitamos. No es fácil agradecer en los tiempos difíciles, pero, seguramente, será un aprendizaje que nos puede llevar a encontrar recursos, fortalezas y personas nuevas”. 

Cada tropiezo, terminan por coincidir los especialistas, trae consigo una oportunidad. Así concluye entonces Demartini: “Toda crisis encierra una bendición. Jamás hay una pérdida sin una ganancia, nunca se cierra una ventana sin que se abra otra, y tampoco ocurre una tragedia sin que luego suceda algo con lo que podamos volver a sonreír. Estar agradecido, desde el principio, siempre es lo más sabio”.
Desde pequeños
El primer eslabón de un valor bien forjado siempre es el seno familiar. ¿Cómo hacemos para educar a nuestros hijos en el agradecimiento? “Como padres, no enseñamos lo que somos. Padres agradecidos forman hijos agradecidos. Si queremos llevarlos por ese camino, debemos asegurarnos de que la actitud agradecida circule en nuestros intercambios con ellos”, enfatiza la psicóloga 

Alicia Dellepiane. Gladys Benaim, educadora y coach ontológica, refuerza la importancia del ejemplo: “La educación en valores es vital para crear una comunidad que incluya el agradecimiento. 

Pero para agradecer hay que valorar, y para valorar hay que establecer qué es lo relevante y qué es lo secundario. ¿Cómo andamos por casa con ese ejemplo? ¿A qué le damos valor? Estas preguntas nos permiten bucear en nuestra propia capacidad de agradecer y ser portadores de ese valor supremo”.

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