Entrevista


“La pasión es fundamental”


Por Alejandro Duchini.


“La pasión es fundamental”
Topa se ha convertido en uno de los máximos referentes del público infantil. De la escuela de Balá, Pipo Pescador, y Gaby, Fofó y Miliki, se emociona al repasar su éxito actual.

¿Cómo será Diego César Topa detrás de la cámara o debajo del escenario? Al Topa que actúa, quien tenga hijos, nietos o sobrinos lo conoce de memoria: salta, ríe, baila, canta e invita a los chicos a seguirlo. Y los chicos lo siguen, indefectiblemente, desde hace casi dos décadas. Es que el animador supo ocupar, con talento y dedicación, el lugar que en otros tiempos ostentaban Gaby, Fofó, Miliki y Milikito, Pipo Pescador, Carlitos Balá, Julieta Magaña, Flavia Palmiero, Reina Reech, Xuxa o el vigente Piñón Fijo.

¿Alguna vez habrá imaginado, cuando empezó a dar sus primeros pasos en Caseros, en la provincia de Buenos Aires, que se transformaría en un ícono del universo infantil? “Es re loco lo que pasa. Tiene que ver con una construcción de muchos años, aunque nunca imaginé llegar a este punto. Lo que quería era actuar, pero cuando uno arranca no sabe hacia dónde va”, confiesa este artista multifacético, que conduce, canta, compone y produce.

– ¿Cuándo comprendiste que este era tu destino? 
–Desde muy chico, me fascinó el mundo de la actuación. Escuchaba música y ponía discos de vinilo. Mi papá me traía los de Gaby, Fofó y Miliki. ¡Los adoraba! También ayudaba a las maestras en la organización de las obras de teatro del colegio, alimentando al productor que había adentro mío: me metía con el sonido, con el vestuario, le sacaba ropa a mi mamá, a mi abuela... Mis profesoras de Lengua y Música de ese momento, Carmen y Ana María, me incentivaron mucho. Está bueno que en la escuela adviertan nuestra veta. No siempre pasa. En mi caso, tuve la suerte de cruzarme con maestras maravillosas que me dejaron su granito de arena. Me acuerdo de una obra que armamos que se llamaba Doña Rata... “Doña Rata salió de paseoooo” (canta). Era bárbaro hacer eso para los otros grados. Tenía 6 años. Nunca sentí vergüenza. Es más, ya actuaba en el jardín Almendritas. Todavía tengo videos en súper 8 que grababa mi papá.

– ¿Videos en súper 8? Una reliquia.
–Una reliquia total, sí.

–Estudiaste para técnico químico: nada que ver con tu profesión actual.
–Es que siempre tuve claro que tenía que seguir una carrera. Esto no lo conté nunca: una vez me curé una verruga en el baño de mi casa. No sé qué hice, pero me dije: “Esto es una señal, tengo que estudiar química”. Tenía 12 o 13 años, y ya era muy curioso. Estudié en la ENET 27. Me divertía eso de la doble escolaridad, el taller. Lo pasé muy bien en el secundario. Me sacaba diez en todo. 

– ¿Y cuándo fue que rumbeaste para lo artístico?
–Un domingo estaba en la casa de mi tía Betty y leí en una revista un informe sobre escuelas de teatro. La situación económica en casa no era la mejor: papá trabajaba en un banco, pero el dinero no alcanzaba. Había como veinte opciones para estudiar y yo marqué la más económica. Mi papá no se negó y me acompañó en la decisión, pero me fue muy sincero: “Si aflojás con las notas, se termina el teatro”.  

–Ahí te encaminaste definitivamente...
–Arranqué un febrero y a los tres meses Esteban Mellino me incorporó en una obra para chicos en la que hice de pirata. Me encantó que confiara en mí. Ya me gustaba trabajar para los más chiquitos: que bailen, que canten, que salten, que coman pochoclo, que griten. No me gusta para nada el silencio en el teatro, me pone nervioso. Me acostumbré mucho al “¡Yeeeee!” (grita). 
Ideas del corazón
Ya en el año 2000 Disney Channel puso los ojos en su figura para hacer Zapping Zone. Hoy, diecisiete años después, siguen confiando en él para conducir Junior Express. “Estoy desde que se lanzó el canal. Para mí es una familia. Me abrieron las puertas para llegar a millones de familias de toda Latinoamérica”, repasa quien con El show de Topa recorrió el país de punta a punta, confirmando su popularidad.

– ¿Cómo percibís desde el escenario la alegría que manifiestan los chicos?
–Cada función es distinta. Me conecto con la mirada de la abuela, con el que come pochoclo, con ese al que se le cayó el vaso. Observo todo. Me emociona lo que pasa con los abuelos y con los padres. Soy re sensible. Tengo mi vida puesta en esto. Soy inmensamente feliz cuando compruebo que la familia se va contenta del show.

–Destacás mucho a los abuelos. ¿Por qué?
–Porque me toca: tenía una relación hermosa con mis abuelos. Es como que en el teatro también me conecto con ellos.

–Transmitís disfrute por lo que hacés.
–Es que yo trabajo con un grupo con el que generamos un gran vínculo. Son mi banda. ¡Mi banda de amigos! Nos reímos, nos complementamos. Hay magia. Se genera algo al grabar o al ensayar que me conecta con mi mundo interior.

– ¿De dónde te surgen las ideas?
–Siempre de mi corazón. Suele aparecerme alguna señal que me indica qué hacer. Me conecto mucho con mis sobrinos y con los niños en general. Son una fuente de inspiración continua. El último show, por ejemplo, surgió mientras tomaba mate en casa. Tengo un árbol hermoso al que no le podía sacar los ojos de encima. De pronto, pensé en sus raíces y se me ocurrió una propuesta vinculada con la naturaleza, que tuviera un equilibrio entre lo teatral, lo visual y la imaginación. Quiero ayudar a los papás a equilibrar la naturaleza con lo tecnológico.

– ¿Qué papel juega la pasión?
–Es fundamental, como el amor. No concibo el trabajo sin pasión. Ir a un lugar y marcar tarjeta no es para mí; me aburro. Uno elige esta profesión porque le gusta cambiar constantemente. Siempre hay una nueva aventura.  

–Sos furor en Salta, Rosario y Tucumán, al igual que en Perú, Colombia, Chile o México. ¿Tiene explicación?
–El programa llega a millones de hogares. Incluso me pasa que camino por aquí y me dicen: “¡Bienvenido a la Argentina!”. ¡Hay quienes piensan que vivo en Estados Unidos porque salgo por Disney! En todos lados manejan el mismo nivel de amor. Hay que pensar que a ese público lo acompañamos en todo momento: en la tableta, en la televisión, en la música del auto, en Spotify… Entonces, cuando te ven, se cierra el círculo. Me encanta todo lo que pasa.

–Te estás emocionando...
–Es que hay tanta dedicación volcada en esto que me emociona, sí. Pero no me pasa solo a mí, sino a todo el elenco, a los técnicos… Es lo que decía antes: la pasión.

– ¿Cuáles son tus sensaciones una vez que terminó una función y bajás del escenario?
–Después de dar tanta energía, trato de quedarme en el hotel, como algo ahí mismo. Salgo con los chicos, sí, pero trato de volver a fojas cero, de descansar la garganta y esas cosas. Chequeo las redes sociales para enterarme de las repercusiones... Y amo tirarme a ver series.

– ¿Cuáles son tus preferidas?
–Miro Stranger Things con mis sobrinos... The OA es hermosa, Black Mirror es buenísima. Trato de no engancharme con las series que son muy largas porque me aburro y, además, no tengo tanto tiempo para seguirlas. Del ámbito local me enganché con Amar después de amar, en la que estaba mi amigo Mariano Martínez.

– ¿Cómo es un día tuyo, Topa?
–Me levanto muy, pero muy temprano. Me gusta mucho la mañana, es un momento sagrado porque me encanta estar en paz y en silencio. Tomo unos mates, prendo la computadora, respondo mails. Medito también. Después arranco con las obligaciones: notas, grabaciones, ensayos. Cuando no estoy de gira, los domingos trato de ir a la casa de mis padres, que siguen viviendo en Caseros.

– ¿Qué te pasa cuando repasás el camino recorrido?
–Me agarra nostalgia. Es una conexión automática. No sé si es la edad o qué… Ya tengo 41 años y me doy cuenta de que estoy muy sensible. Por ejemplo, cuando voy a visitar a mis papás, recuerdo cada rincón de mi barrio, cada trepada de árbol. Y me pasa que veo todo más chiquito. Veo cómo cambiaron algunas calles, las casas que están intactas… Lo paso bien en la casa de mis padres y ellos disfrutan de todo el amor que les llega: les dejan dibujos, cartitas. Mi familia está orgullosa con lo que se generó alrededor de mí. Eso me hace sentir una gran satisfacción, sin duda.

– ¿Y del futuro?
–Tengo ganas de formar una familia en breve. Ahora estoy muy ocupado, pero quiero ser padre. Y sé que va a suceder. Eso sí: tendré que frenar un poquito. Ya llegará. Dejo un poco al universo para que acomode las cosas.
Nuevo show, nuevos personajes
“Yo disfruto de mi trabajo. Me divierto conmigo mismo, juego con mi niño interno. Es algo hermoso, un privilegio, pero también es una responsabilidad. Yo siento que tengo la misión de llevar alegría a los hogares, a los más chiquitos”, comenta Topa sobre su labor. Su espectáculo Junior Express en vivo causó una verdadera revolución en cada rincón de la Argentina. Durante las vacaciones de invierno se presenta en el teatro Ópera de la ciudad de Buenos Aires, y luego será el turno de diversos países latinoamericanos. Entre las novedades del show, aparecen personajes renovados, como Harmony y Josefina, quienes se suman a los ya conocidos Rulos y Arnoldo. “Esta vez, el Capitán Topa desembarca en la Isla del Árbol Abuelo, un lugar especial que tiene un pimpollo que florece una vez cada cien años. Alrededor de este pimpollo hay una leyenda para cuidar las cuatro estaciones; justo el día de función es cuando florece. A partir de allí se suceden miles de aventuras maravillosas”, sintetiza sobre el argumento.
Más allá de los niños
Diego César Topa nació el 11 de octubre de 1975 en Caseros, provincia de Buenos Aires. Sus padres son Silvia y César, y tiene dos hermanos: Walter y Edgardo. No siempre lleva la piel de ídolo de los niños: como actor se destacó en los envíos televisivos Casados con hijos, La niñera, Los simuladores, Montaña rusa otra vuelta, Socios y más, La Argentina de Tato, Poné a Francella y Amor mío. También lo hizo en las obras teatrales Pulgarcito y El pájaro azul. En cine participó en El fondo del mar, Roma, El arca y Hermanitos del fin del mundo, entre otras películas. En la actualidad, además de ser la figura estelar de Disney Channel, cuenta con su propia productora, bautizada T Realizaciones.

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