Entrevista


“Las mamás podemos con todo”


Por Maribel Leone.


“Las mamás podemos con todo”
La actriz Julieta Otero saltó a la fama con Según  Roxi, una serie que triunfó en la web, en TV y sobre las tablas. ¡Atentas, mujeres! Esta madre imperfecta y desopilante acaba de lanzar su segundo libro.

Simpática, desenvuelta, graciosa y capaz de decir más palabras por minuto que el promedio de cualquier mortal. Así es Julieta Otero, la actriz que hace años inició Según Roxi, el fenómeno online, televisivo y editorial en el que se pone en la piel de una madre incorrecta y desbordada (¡aunque a mucha honra!).

El puntapié inicial fue la serie web que en 2012 irrumpió en YouTube, alcanzando fácilmente el millón de visitas. Ese boom hizo que la sitcom fuese llevada a Lifetime Channel, a Netflix, a la Televisión Pública, al teatro y al resto de las redes sociales (solo en Facebook ostenta más de 130.000 seguidores). En la actualidad, Julieta, junto con Azul Lombardía –coautora de Según Roxi–, lanza su segundo libro: Cómo ser la peor mamá del mundo (el debut fue con Autobiografía de una madre incorrecta). Allí sigue con el curso intensivo para congéneres desesperadas, invitándolas a olvidarse de ser madres idóneas y ejemplares. 

“Como en todo nuestro camino hasta hoy, lo que aconsejamos es disminuir la exigencia y dejar de pretender que cada cosa salga perfecta. Tenemos que tratar de amigarnos con el error, reírnos más de lo que nos sucede y tomar todo con menos estrés: las vacaciones, el grupo de mamis de WhatsApp, las obritas del colegio… El texto tiene la intención de que nos acerquemos a la realidad y nos alejemos de una crianza insuperable”, introduce la exitosa Julieta.

–Si tuviéramos que hacer un flashback, ¿cómo fue tu proceso de formación actoral?
–Me formé en distintos ámbitos: actuación, canto, artes combinadas y danza. Empecé de muy chiquita estudiando teatro con Hugo Midón. Desde hace más de veinte años soy profesora y de allí nacieron mis ganas de abrir el Teatro de la Cuadra, en Avellaneda –provincia de Buenos Aires–, en donde damos clases y ofrecemos varios espectáculos. Mientras tanto, fui haciendo teatro independiente: dirigiendo, actuando y escribiendo. 

– ¿Cómo surgió la idea de Según Roxi?
–Por un lado, tenía un blog en el que escribía cosas con humor; por el otro, mi amiga Azul Lombardía, también actriz, me sugirió la idea de hacer juntas una serie web. Pulimos algunos guiones y se los entregamos al productor Lucas Mirvois, a quien le gustaron mucho y produjo la primera temporada. Desde allí, pasó de todo y muy rápido: al tiempo, la replicamos en la televisión, hicimos la obra de teatro y el libro. Fue genial. 

–En general, las series pasan de la pantalla chica a la Web. Aquí fue al revés.
–La Web fue un paso interesante para poder contar la historia que queríamos contar, salteándonos a los intermediarios de grandes canales. Fue grandioso tener la posibilidad de repetirla en TV, pero Según Roxi fue, es y será un proyecto independiente. Tiene ese espíritu y está impregnado nuestro criterio desde el principio hasta el final.

– ¿Por qué pensás que la serie conquistó tanto al público?
–Por la identificación: allí se ven reflejados hombres y mujeres de distintas clases sociales, de diversos estilos de vida y hasta de diferentes países. Gracias a Internet, llega a todos los rincones del planeta y eso está buenísimo.

–Las líderes del proyecto son dos mujeres, ambas madres. ¿Cómo manejaron la época del rodaje?
–Hubo una optimización absoluta de los tiempos. Realmente considero que las mujeres y las madres somos las personas ideales para cuidar los recursos y resolver conflictos con creatividad. Si alguien dice: “Ella no puede porque es mamá”, está equivocado; las mamás podemos con todo. 

– ¿En qué te identificás con el personaje? 
–Comparto el sentirme presionada, exigida y a punto de explotar constantemente (risas).

– ¿Tu vida es caótica como la de Roxi?
–No, mucho menos, porque tengo un poquito más de ayuda que ella. Además, soy más grande y aflojé en algunos aspectos… Analizo las cosas de otra manera.
La búsqueda del equilibrio
En Según Roxi, Julieta rompe con los estereotipos de la madre perfecta y pone la lupa sobre los espacios ganados y perdidos por las mujeres. “Creo que vivimos una doble vida: ganamos un espacio en el mundo laboral, pero no dejamos de tener a cargo las cuestiones de la casa. La mayoría de las mujeres deben cumplir con su rol como si no trabajaran y ejercer su profesión como si no tuvieran hijos. ¡Y además queremos estar lindas! En ese sentido, no logramos ser pares con el hombre. Por algo los grupitos de WhatsApp son de mamás… y también son ellas a las que te encontrás en la puerta del colegio”.
Puertas adentro
Como toda artista, Julieta asegura que carece de una rutina y que, paradójicamente, sus momentos de mayor tranquilidad son las grabaciones. No obstante, admite que los hábitos son necesarios y que una buena manera de generarlos (¿a la fuerza?) es el colegio y las clases de patín de Violeta (13) y Margarita (8), sus hijas. “Quedé embarazada a los 28 años. Toda mi vida quise ser mamá. Solo esperé al papá adecuado para ellas”, confiesa.

– ¿Cómo fue la experiencia con tu primera hija?
–Muy natural y placentera. El parto fue normal y no tuve problemas para amamantar. Fue todo tranquilo hasta que comenzó el colegio... Ahí apareció Roxi para salvarme.

–Te sirvió para que pudieras hacer catarsis. El colegio es un tema recurrente.
–Es que allí empezaron los virus, las voces de la sociedad, las opiniones. Antes de que mi hija ingresara, el jardín hacía lo que yo quería. Después cambió.

– ¿Tuviste dudas en tu crianza?
–Es inevitable que aparezcan en esa etapa porque, previamente, todo fluía: si la nena dormía conmigo no se llamaba colecho, y si le daba mucho la teta, no consideraba que estuviera haciendo una lactancia extendida... Cuando aparecen todos esos conceptos, ¡es muy cansador!

– ¿Qué diferencia notaste con tu segunda hija? 
– ¡Uy! ¡Soy su abuela! Con Viole tuve muchos miedos: la reté y le exigí por demás. Con Margarita, nada que ver; todo lo que hace me da risa. Las dos son divinas.

– ¿Se parecen a vos?
–La mayor soy yo en miniatura: tenemos el mismo rostro y manera de hablar. Y le noto cosas mías que me gustaría que pudiera evitarlas, como temores y ansiedades. Chocamos mucho porque somos iguales...  ¡Pobre! Con la chiquita no somos tan similares, y eso me enamora.

–Roxi no puede delegar porque Fabián, el marido, es muy pasivo. ¿Por casa cómo andamos?
–Hago como que organizamos juntos, pero a la larga me meto en todo (risas). La vida doméstica con los chicos se pone tediosa porque tenés que despiojarlos, ayudarlos con los deberes, bañarlos y preparar la comida, entre miles de actividades más. Está bueno tener un compañero.

–En la serie se pone el foco en aquellos que se meten en la crianza ajena a pesar de que sea algo tan subjetivo.
–Me parece que lo importante es el respeto, porque cada familia tiene una historia. El chupete no es bueno o malo en sí mismo: hay relaciones de madre e hijo en las que el chupete viene bárbaro y otras en las que no. Hay crueldad y no se comprende que la mamá tiene que estar bien para criar a su hijo: si la destrozás a juicios, es difícil que pueda hacer bien su trabajo. No se termina de entender que la crianza es una tarea para el devenir del mundo.

–Tenés una actitud segura y relajada. ¿Te molestan las críticas o hacés oídos sordos?
– ¡Las odio! No me gusta la gente que baja línea, que opina cuando nadie preguntó y que piensa que es dueña de la verdad acerca de cómo criar a un hijo. Me resulta necio tener una teoría para todo cuando cada caso es particular. 

– ¿Qué aprendiste de tu mamá?
–Mimí tiene mucho sentido del humor y su valor máximo es la libertad. El mío también.

– ¿Esa es tu mejor característica?
–Creo que sí. Intento darles a mis hijas sus tiempos para resolver sus cuestiones. Y eso lo heredé de mi mamá. No estoy atrás de ellas permanentemente, sino que las dejo ser. Por eso les enseño que tienen que sentir orgullo y confianza de quienes son, y no querer cambiar a los demás. 

– ¿Volverías a ser mamá?
–Ahora ni loca… No tengo la voluntad de atravesar esa situación otra vez. Son experiencias fuertes. Si fuera más chica, por supuesto, volvería a pasar por todo. 

–Fuiste mamá dos veces y tu carrera va en ascenso. ¿Qué es lo que te hace más feliz?
–Mis hijas, sin duda. Desde que sos mamá, tenés la oportunidad de ser feliz todos los días. Antes, quizá, las cosas andaban mal: un proyecto, un amor… Pero todo va y viene. Cuando mirás a tus hijos, notás que cualquier cosa que hagan te hace sentir plena y decís: “Afuera puede ser todo una porquería, pero mirala qué linda que está haciendo ese dibujito”. Y cuando crecen pasa algo similar, ya sea cuando las descubro usando una ropa mía o chateando con sus amigas. Todos los días tenés un mínimo flash para convencerte de que está buena la vida.
Chicos modernos
Julieta habla de sus hijas y, automáticamente, se le ilumina la cara. Las ocurrencias de las niñas de esta era no dejan de asombrarla. “Cuando mi hija más chiquita está con sus amigas de la escuela, me dice: ‘Ma, modo amigas’. Eso significa que no sea muy demostrativa como mamá. Así que, en esos momentos, me comporto como una madre re canchera que la despide con un ‘Chau, Marga’ y un beso en el cachete. ¡Pero cuando estoy sola la mordisqueo y la lleno de besos! Con Viole no me pasa tanto eso: llega una instancia en la que el cuerpo pone una distancia. ¡Marga todavía es bebé”, se ríe.

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