Cultura


Herencia Saer


Por Aníbal Vattuone.


Herencia Saer
A ochenta años del nacimiento del escritor santafesino, los homenajes llegan en forma de  muestras, libros, filmes, canal en YouTube y hasta una app. Inolvidable.

Hay música que se disfruta más con el tiempo. La escuchamos repetidamente, pero un día la percibimos distinta, le advertimos una naturaleza mejor. En la actualidad, pareciera suceder lo mismo con las palabras de Juan José Saer. Tras su fallecimiento, en junio de 2005, su esencia tomó esa dirección, acomodándose en el lugar que le corresponde.

Con motivo de los ochenta años de su nacimiento, se proclamó el Año Saer, llevado a cabo por el Ministerio de Innovación y Cultura de Santa Fe. El “día D” será el próximo 28 de junio,  fecha en que el autor habría celebrado su octogésimo cumpleaños: allí se acabará de redondear un año repleto de homenajes y dedicatorias al gran escritor argentino, considerado uno de los más importantes de la literatura latinoamericana –y en idioma español– del siglo XX. 

Nacido en Serodino, un pequeño pueblo santafesino, fue hijo de padres inmigrantes, dueños de un típico almacén de ramos generales. El contexto donde creció fue una de las primeras cosas que llamó la atención de Martín Prieto, curador del Año Saer. Poeta, crítico y uno de los mayores expertos de su literatura, esgrime: “Me interesaba reflexionar acerca de cómo un hijo de inmigrantes sirios, sin ningún tipo de presión intelectual, se convirtió en una de las plumas más destacadas de nuestro país”. Y prosigue: “Los fenómenos los erigen los lectores. No hace tanto que se consolidó un público para Saer. Me acuerdo de que, en pleno proceso de la novela Glosa, anotó en alguna parte: ‘No sé para quién escribo esto’. Ahora ya lo sabemos”.

En conjunto con la experta de arte María Teresa Constantin, Prieto también se puso al frente de “Conexión Saer”, una exposición que repasa su vida y su obra. Montada en el Museo Rosa Galisteo de Rodríguez, la muestra es un intercambio de sensaciones que grafican el sentir de Saer y su forma de ver el mundo. Allí se revelan manuscritos, cartas, primeras ediciones de sus libros, videos, fotografías inéditas y hasta registros sonoros. Pero, tal vez, lo que se lleve todas las miradas es el mapa interactivo, al que se lo denominó Conexión 1, donde el visitante puede asomarse a los personajes que se entrecruzan en las historias de Saer (traducidas al francés, inglés, alemán, italiano, portugués, sueco, griego, checo y hasta japonés) y su relación con la geografía de la provincia.

Además, “Conexión Saer” ofrece profundidad visual, con el aporte de Juan Pablo Renzi y de Fernando Espino. De ellos se exhibe una breve antología, teniendo en cuenta su afinidad profesional y personal con el escritor santafesino: Renzi fue quien dibujó la portada de Glosa, y Espino ilustró la tapa del libro de cuentos Palo y hueso.

Resulta imposible no fantasear sobre qué habría opinado el propio Saer –celoso de su intimidad– de semejante despliegue de veneración. Incluso, se intuye lo dificultoso que debe haber sido recabar recuerdos de su universo. Es que así era él: un hombre discreto, a quien le gustaba transitar sin marquesinas luminosas. Casi no se mostraba en público y, digámoslo, no era afecto a dar entrevistas.
Para todos los gustos
Además de “Conexión Saer”, se concretaron otros reconocimientos. Por un lado, se publicó Una forma más real que la del mundo y A medio borrar. Este último libro no solo reúne cuentos de Saer, sino que fue pensado especialmente para trabajarlo en las escuelas santafesinas (la experiencia se replicará en todo el país).

Por otro parte, Prieto presentó el libro Zona Saer, de Beatriz Sarlo; editó El lugar de Saer. Sobre una poética de la narración (1969-2014), de María Teresa Gramuglio, y apoyó y produjo la realización del filme Toublanc, del director Iván Fund. Rodada en Santa Fe, París y Rennes, la película, que estudia, difunde y conmemora la figura de Saer, se proyectó en su provincia natal, en el Bafici y en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires. 

Hubo más: se organizó el Coloquio Internacional Juan José Saer (en el que participaron, entre otros, Sarlo, Gramuglio, Noé Jitrik, Alan Pauls, Martín Kohan y Juan José Becerra) y se estrenó el film El limonero real, de Gustavo Fontán (basado en la novela homónima). El teatro tampoco faltó a la cita: talentosísimos actores se subieron a las tablas para interpretar Sombras sobre vidrio esmerilado, la adaptación de Irina Alonso de un cuento del escritor. 

Acorde con la modernidad, la tecnología no podía estar ausente. En este caso, se desarrollará una aplicación para celulares que tendrá a Saer como eje central. De esta manera, se apunta a seducir a los jóvenes, ya que el objetivo es que sea una herramienta en los colegios. El otro uso que podría dársele al software es que los fanáticos puedan completar los recorridos de los personajes saerianos en la ciudad de Santa Fe. La veta tecnológica concluye con un canal de YouTube, llamado Año Saer.
Entre Borges, Arlt y Joyce 
Durante muchos años, Saer estuvo radicado en París, donde aterrizó tras el Mayo Francés, más por casualidad que por un sueño de juventud. Fue una simbiosis de circunstancias: un amigo le insistió para que lo ayudase a realizar un audiovisual sobre André Bretón. El corto era para la Alianza Francesa, que entregaba becas como premio. Finalmente, a Saer, que no quería irse del país, lo seleccionaron... y su amigo, que había sido el impulsor de la idea, terminó saludándolo desde Ezeiza. 

De joven, sus máximos referentes fueron Jorge Luis Borges y Roberto Arlt, a los que comparó estilísticamente con una metáfora inolvidable: “Si Borges va con un cincel, Arlt va con un hacha, pero los dos crean”. Aficionado de la poesía, sus predilectos eran Rubén Darío y el entrerriano Juan Ortiz. Entre sus “intocables” estaban también William Faulkner y el italiano Cesare Pavese.

Cuando le pedían un consejo sobre qué leer, sentenciaba tan directo como sincero: “No hay lecturas obligatorias”. Pero no dudaba en recurrir al autor de Ulises para enumerar qué es lo que necesitan aquellos que quieren escribir: “James Joyce dijo que las armas de un escritor eran el silencio, el exilio y la astucia”. 

Como corolario, una sugerencia para dar con el estilo propio: “Hay una gran paradoja en la creación artística en general. Esos maestros a los que uno admira son aquellos de los cuales tiene que alejarse más para generar su propio camino. Al principio se puede imitar, incluso Horacio Quiroga lo recomendaba. Pero, después, ocurre una especie de parricidio”.
Imperdible
Hasta el 27 de agosto, “Conexión Saer” se expondrá en el Museo Rosa Galisteo de Rodríguez (4 de Enero 1510, Santa Fe). Luego, la muestra se transformará en itinerante para desembarcar en Rosario y, posteriormente, en Buenos Aires. La entrada es libre y gratuita.

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