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Argentinos por elección


Por Cecilia Devanna.


Argentinos por elección
Miles de extranjeros se instalan en el país en busca de experiencias laborales, académicas o personales. Qué resaltan y objetan los que vinieron por un tiempo o indefinidamente.

La chica que atiende el café del barrio, los jóvenes que estudian en la universidad, los ejecutivos de las multinacionales, el médico que nos revisa, la gente que llega en pos de un futuro mejor. A diario, en la Argentina, se pueden encontrar extranjeros que desembarcan con diferentes expectativas, objetivos y realidades. Traen sueños, proyectos, y enfrentan múltiples desafíos, al tiempo que disfrutan de las diversas oportunidades que brinda la escena local. Las últimas proyecciones indican que en el país residen unos 2 millones de individuos nacidos en el extranjero, superando la cifra de 1.805.957 de foráneos que vivían aquí en 2010. 

Los que desensillaron por estos pagos, ya sea por un lapso determinado, o para echar raíces definitivas, lo hicieron tejiendo sus historias de amor, de trabajo e incluso de solidaridad. Hospitalidad, sólidos lazos de amistad y familia, calidad académica, bellezas naturales y amplia oferta cultural fueron algunos de los aspectos que destacaron a la hora de justificar por qué eligieron este punto cardinal del planeta.
En carne propia
Después de dos años viajando por el mundo, el francés Pierre Herrouót aterrizó en la Argentina sin ningún tipo de programación previa. Corría 2004, tenía 29 años e ingresó a Salta por Chile. “Mi idea era quedarme unos quince días para aprender tango”, cuenta hoy, trece años después, desde esa provincia de la que no se quiso ir nunca más. 

En una de esas clases al ritmo del 2x4, conoció a una persona que se quejaba de una dolencia en la espalda que le impedía moverse y sentirse bien. Él le ofreció practicarle una técnica japonesa que había asimilado durante su paso por el país oriental. La recuperación fue asombrosa y así su nombre se volvió sinónimo de bienestar en la provincia norteña. La mujer le regaló un celular y una agenda, en la que Pierre empezó a anotar los doce turnos que atendía diariamente a domicilio, en una bicicleta que le habían prestado. 

Fanático del canto, se anotó en un coro y conoció el amor de la mano de Josefina, una lugareña con la que se casó a los cuatro meses y con la que concibió a sus dos hijas: Dulce y Lily. Juntos crearon Solar Inti, un proyecto de cocinas a base de energía solar, que, en un comienzo, distribuyeron en la comunidad wichi que reside en la Puna. “Primero fueron diez las familias que gozaron de una mejor calidad de vida. Después fueron ochenta y, en la actualidad, son más de tres mil. No sé cómo hicimos, pero lo logramos. Todo esto es una aventura hermosa”, admite Pierre. Y completa: “Yo me siento cada vez más argentino. Obvio, nunca nada es completamente perfecto, pero me encanta el sentido de la amistad y de la familia que se respira aquí”.

Por su parte, Bianca Borck es una bellísima modelo brasileña que optó por la ciudad de Buenos Aires, un poco por trabajo y otro por amor, ya que cayó rendida antes los encantos de un argentino. “Hace ochos años que estoy acá”, introduce quien forma parte del staff de la agencia SOF Models y que, como Pierre, prefirió estos lares en detrimento de otros destinos del globo. “La ciudad me parece hermosa, la gente te acepta rápido, es muy amigable y te ayuda cuando lo necesitás. En ese sentido, es muy parecido a Brasil”, detalle la joven oriunda de Joinville, en el estado de Santa Catarina. 

Entre las bondades celestes y blancas, Bianca enumera la cartelera teatral, los parques al aire libre, la gastronomía (“Es de alto nivel, con los vinos a la cabeza”) y la creatividad de sus habitantes (“Siempre están ocupados en mejorar”). Aunque, por supuesto, no todo lo que reluce es oro, y manifiesta como una preocupación la inseguridad, la suciedad y la falta de respeto que, a veces, experimenta en la calle. “No me gustan los edificios en mal estado, las veredas rotas… Hay algo que me enseñaron Nueva York y Milán: para que uno se sienta bien, la ciudad debe estar bien. Es como un principio de acción y reacción”, sentencia Bianca.

“Yo me siento cada vez más argentino. Obvio, nunca nada es completamente perfecto, pero me encanta el sentido de la amistad y de la familia que se respira aquí”. Pierre Herrouót
Siempre millennials
Tienen entre 25 y 30 años y son los grandes protagonistas de esta era. Según el portal de Internet Nestpick, esta generación eligió a Buenos Aires co-o la mejor ciudad de Sudámerica para radicarse, por encima de Río de Janeiro, San Pablo y Santiago de Chile (el ranking general lo lidera Ámsterdam). Eso sí: si bien se sacó buenas notas en tolerancia, ocio y acceso a alquiler de viviendas, no corrió con la misma suerte en salud, tecnología y en lo que se refiere a la escasez de startups o empresas emergentes.

Muchos de los millennials de distintos rincones del mundo arribaron a la capital del país para visitarla o para formarse y así hacer sus primeras armas en el universo laboral. En cuanto al turismo, en 2016 llegaron 532.000 visitantes de entre 18 y 29 años de edad, provenientes de Brasil, Uruguay, Estados Unidos, Chile, Colombia, Perú, Francia, España, Bolivia, Alemania y Paraguay. 
En lo que respecta al estudio, en 2015 desembarcaron 52.200 extranjeros para hacer cursos. Su estadía promedio fue de 44 días y gastaron un total de US$121,8 millones.
Motivos para anclar
Según datos de la Asociación Centros de Idiomas (ACI), la Argentina es la nación más seleccionada de Latinoamérica por los extranjeros para realizar estudios de español y carreras universitarias de grado y posgrado. Buenos Aires lidera el ranking de urbes, seguida por Córdoba. Fabio Tavares Teixeiras, coordinador de Relaciones Institucionales de la ACI, puede dar fe de esto, ya que él mismo es uno de los tantos que prefirió este país por motivos académicos.  

Oriundo de Río de Janeiro, el primer viaje lo depositó en Córdoba, más precisamente en su capital, donde se enamoró de las famosas costumbres argentinas. Corría 2010 y Fabio intentaba incorporar el idioma español. Una vez que lo dominó, regresó a Río. Sin embargo, esa incursión fue el puntapié inicial de una aventura que sumó un capítulo tras otro. En 2011 retornó para un intercambio de un semestre en la Universidad Católica de Buenos Aires, que terminó extendiendo durante medio año más, mientras, en paralelo, inició su trabajo en la ACI. Ya instalado definitivamente, un leve acento carioca es lo único que confirma que no es un porteño más.

“La vida cultural es muy intensa, el entorno es cálido, la actividad educativa es de nivel, y la gente es tan simpática como amistosa. Si nos referimos a los empleos específicamente, existe una amplia oferta que se adapta a distintos perfiles. Todo esto hace que los extranjeros se vean seducidos por desarmar sus valijas aquí”, resalta Fabio. 

El colombiano Hernando Flores promedia los 30 y es uno de los que se apasionó por la movida académica y cultural. Tanto que confiesa adorar la Argentina tanto como Colombia. “Desde que terminé la facultad, me interesó entender la relación entre el periodismo y la antropología, sobre todo en el ejercicio del trabajo de campo. Así que, en 2013, me vine a hacer un posgrado en este tema. Y tuve una especie de luna de miel con Buenos Aires, durante tres meses en los que conocí su literatura y su cine. Fue un ensueño”, grafica.

Junto a su novia, también radicada aquí, y con la que comparte perfil académico y laboral, Hernando se acomodó en un departamento y se hizo fan de cada rincón porteño. ¿Qué es lo que más aprecia? Él mismo lo contesta con una sonrisa: “La carne, la pizza y ¡el mate! Lo cebo con el fundamentalismo que corresponde: amargo y con amigos”. Más serio, profundiza: “Diría que me atrajo el vértigo y el movimiento permanente de la ciudad. La vitalidad del ir y venir a toda velocidad en este paisaje urbano que se puede contemplar y a la vez transitar”.

Por el momento, a Hernando ni se le ocurre pegar la vuelta a su Neiva natal. “Me falta alcanzar algunas metas antes de pensar en la posibilidad de regresar a Colombia. Trabajo en una consultora de comunicación y doy clases en una universidad. Tengo muchos desafíos por delante y, por fortuna, varios colegas, jefes y maestros de los cuales aprender mucho todavía”, sostiene.

“No me gustan los edificios en mal estado, las veredas rotas... Para que uno se sienta bien, la ciudad debe estar bien. Es como un principio de acción y reacción”. Bianca Borck

La data del fenómeno

Un estudio confeccionado por el HSBC sobre las preferencias de los expatriados en todo el mundo estableció que el 42% de los consultados optaron por la Argentina para radicarse. Entre algunas de las razones para hacerlo, figura, en primer lugar, el hecho de ser “un lugar atractivo para emprender nuevos desafíos”. 

Por su parte, un análisis de la consultora Mercer señaló a Buenos Aires como la segunda ciudad de América del Sur con mejores calificaciones en cuanto a calidad de vida. Quedó ubicada detrás de Montevideo y por encima de Santiago de Chile. Las tres capitales son parte de un ranking elaborado sobre las opiniones de los expatriados que residen en 230 ciudades de todo el planeta. El informe contempla diversas variables, entre ellas sociales, culturales, de servicios públicos, de bienes de consumo, de vivienda y educación. A nivel global, Buenos Aires quedó en la posición 91.

Tan linda que enamora
John Castillo, un estadounidense de Alabama, fanático del español y su literatura, desembarcó en Salta en 1983. Llegó hasta allí descendiendo desde Machu Picchu, donde había asistido a la celebración del segundo casamiento de su padre. Cuando bajó del tren y contempló la belleza del paisaje, creyó estar en un paraíso. Caminando por la zona descubrió el castillo de San Lorenzo. Lo vio abandonado y con un cartel de venta: entró, lo recorrió y al salir llamó a la inmobiliaria para comprarlo. Con los años, lo puso a punto y le devolvió su esplendor convirtiéndolo en hotel y restaurante.

En el ínterin, conoció a la chilena María Eugenia González, que se había radicado en el país para estudiar enfermería, con la firme idea de que sería una estadía transitoria. Como en muchos otros casos, el amor cambió los planes de ambos. A los dos meses de verse por primera vez las caras, John y María Eugenia se pusieron de novios. A los seis se casaron y tuvieron a Clarita e Isabella. “Formamos una familia y decidimos quedarnos para invertir en el castillo. El sueño se fue cumpliendo”, dice María Eugenia. Aunque hoy ya no están juntos como pareja, siguen trabajando codo a codo. “Estoy aquí desde hace ya treinta y un años. Siempre con el proyecto de que el castillo sea un lugar reconocido por todos. Con mucho esfuerzo, siento que lo logramos”, concluye, orgullosa de su misión en la Argentina.

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