Temas cotidianos


Menos es más


Por Juan Martínez.


Menos es más
Dos mujeres se propusieron comprar, durante un año, exclusivamente lo necesario. Volcaron la experiencia en un libro con el fin de reflexionar sobre el consumo consciente.

El consumo, sostienen muchos especialistas, es lo que permite que la rueda de la economía siga girando y girando. Lo que casi nunca se aclara es que estamos convirtiéndonos en los hámsteres que quedan atrapados dentro de esa enorme rueda. ¿Cómo salirse y cortar el circuito? Reflexionando acerca de nuestros hábitos y modificándolos para que respondan a nuestras necesidades y no a las ajenas.

Cuando faltaba poco para el inicio de un nuevo ciclo lectivo, y en medio de las compras de rigor para sus hijos, la periodista Soledad Vallejos no pudo soportar más ese ir y venir frenético de madres y chicos en locales atestados. Ahí se le ocurrió una idea que compartió con su compañera de redacción, Evangelina Himitian, quien había padecido una sensación similar de hastío, un par de meses antes, al enfrentarse al tráfico imposible de fin de año en Buenos Aires, cuando todos se desesperan por conseguir regalos y corren detrás de las promociones de última hora de los shoppings.

Esas contingencias fueron el germen de “Deseo consumido”, el compromiso que ambas asumieron de pasar todo un año sin comprarse nada más que lo imprescindible: no más ropa nueva ni libros, discos, objetos de decoración ni accesorios. Nada. Firmaron un contrato y establecieron un par de cláusulas, asentando que quedaban por fuera del pacto cuestiones intangibles, como vacaciones o salidas en familia, porque constituyen experiencias que se atesoran y no objetos que se acumulan. Lógicamente, la compra de alimentos también estuvo permitida, aunque con criterios responsables. La suya no fue ni es una cruzada anticonsumo, sino una movida de “desconsumo”.

Fieles a su profesión, decidieron llevar adelante un registro de la vivencia, contando sus sensaciones a través de un blog, e incorporando datos concretos de las diversas áreas implicadas, obtenidos por medio de una investigación que incluyó una encuesta encargada a la Universidad Abierta Interamericana (UAI) para sondear los hábitos de los argentinos.

“Somos acumuladores. La tasa de uso que le damos a nuestras pertenencias es muy baja. Por ejemplo, utilizamos el veinte por ciento de nuestro placard” Soledad Vallejos

El año de contrato concluyó, el blog dio paso a un libro y, hoy por hoy, tanto Soledad como Evangelina se paran de una forma diferente frente al hecho cotidiano de comprar.

“Nos dimos cuenta de que teníamos mucho. No nos resultó tan difícil dejar de adquirir cosas, por lo que hicimos una mirada puertas adentro de nuestras casas para ver qué más podíamos hacer. Arrancamos con algunas acciones, con el objetivo de reducir lo que habíamos acumulado a lo largo de los años. Una de ellas se llamó ‘Chau diez’, que consistió en sacar, diariamente, diez objetos de nuestros hogares. Así comprobamos lo acumuladores que somos todos sin necesidad de tener una patología. La tasa de uso que le damos a nuestras pertenencias es muy baja. Por ejemplo, utilizamos el veinte por ciento de nuestro placard”, destaca Soledad. Evangelina completa: “Se perdió el sentido común en cuanto al consumo. Quizá el de nuestros padres era mucho más sostenible que el nuestro, aunque esta generación enarbole la bandera del medioambiente”. 

El libro arroja datos impactantes. Por caso, se aprovecha nada más que el cuarenta por ciento de la comida que se produce (el treinta y cinco por ciento se tira o se pierde de distintas formas, y el veinticinco restante solo convierte en obesa a la gente ya alimentada). Cada persona compra anualmente el doble de prendas de vestir que hace una década. Siete de cada diez individuos son acumuladores, y el cinco por ciento de la población lo hace de manera compulsiva. Y un niño de clase media urbana recibe, en promedio, entre ochenta y cien juguetes al año (en el país, por temporada, se fabrican once millones de kilos de juguetes).

“Con la encuesta que encargamos, nos percatamos de que hay un subregistro muy grande de la percepción que tenemos sobre nosotros mismos como consumidores. Generalmente, nos consideramos poco consumistas o racionales, que compramos con cuidado y solo lo que necesitamos, pero al responder preguntas del estilo ‘¿Por qué adquirís algo nuevo?’, siete de cada diez respondieron que lo hacen promovidos por una oferta o promoción. Es una de las maneras más contundentes de comprar algo que realmente no querés ni necesitás. Uno termina haciéndolo condicionado por una situación de ganancia. En el fondo, lo que te motiva es una situación externa”, grafica Soledad.
Contrapuntos
Desde el minuto cero, cuando ambas lo anunciaron en las redes sociales, el proyecto causó impacto en la gente. De inmediato, llegaron seguidores y fans de la cruzada, a la vez que detractores que se sintieron acusados y ofendidos por la propuesta. “Enseguida nos dimos cuenta de que nuestro planteo interpelaba”, asegura Evangelina. 

Incluso, hubo quienes las acusaron de “militar el ajuste” o de esnobismo. “No somos necias ni ignoramos la situación argentina, donde hay muchísimos compatriotas que no la pasan bien y a los que no les alcanza el dinero. Reconocemos la situación y, por eso, cuando hablamos de la cantidad de juguetes que los niños reciben al año, aclaramos que nos referimos a chicos de clase media urbana. Pero eso también está dentro de la realidad del consumo y es lo que queríamos reflejar”, defiende Soledad. Evangelina concuerda y profundiza: “Obviamente, es un planteo de ‘clase media alimentada’, que no es el que tal vez concierne a una mayoría con ingresos que no sobran. No desconocemos ni pasamos por alto eso, ni queremos que nadie se moleste. Al contrario: aprovechamos la coyuntura actual para que cada uno pueda verse reflejado en el espejo de su propio consumo y analice cómo esto puede agregarle un valor a su vida”.

“Enseguida nos dimos cuenta de que nuestro planteo interpelaba. Ese mecanismo psicológico de comprar para encontarle sabor a la vida es un trampa” Evangelina Himitian
Lo primero es la familia
Una cláusula del contrato especificó claramente que sus seres cercanos no debían sufrir las consecuencias de una decisión que no tomaron. Sobre todo, pensaron en sus hijos quienes, a lo largo del año, seguramente querrían recibir algún regalo. De todos modos, fue inevitable que se modificara la dinámica familiar, y el compromiso de “desconsumo” terminó atravesándolos a todos.

“No queríamos que esto fuera una imposición en nuestros hogares. Mis hijos tienen siete y nueve años, y entendieron qué era lo que yo estaba haciendo. Se hablaba todo el tiempo en mi casa del proyecto, de por qué lo estábamos encarando y qué suponíamos que acontecería en ese lapso. Dentro de ese contexto, cada uno empezó a meditar sobre sus cosas. Ahora, cuando aparece alguna publicidad en la televisión, mi hija me mira cómplice. Es contradictorio que los padres intentemos que ellos no nos pidan por demás, cuando nosotros, continuamente, caemos frente a la tentación de un ‘hot sale’”, razona Soledad. 

Por su parte, Evangelina se enorgullece de que sus dos hijas, de dos y siete años, hayan “adoptado” un espíritu crítico frente al consumo y la publicidad: “Con la más grande fuimos al cumpleaños de una prima. Había una kermesse en la que les daban billetes como premios, que después intercambiaban en un kiosco por pelotas, carteritas y maquillajes. Ella y la prima juntaron varios billetes, pero en el kiosco quedaba poco y nada. Mi nena eligió un par de cosas, ante la insistencia de la chica que atendía el kiosco que le ofrecía llenarle su bolsita. Ella después me contó que no le aceptó bolitas y témperas porque ya tenía en casa. Yo lo veo como un cambio de hábito, porque, en otro momento, la ansiedad la hubiese hecho agarrar lo que fuera”.

–Para concluir, ¿en qué las cambió toda esta movida?
–Soledad: Para mí hay un antes y un después en cuanto a cómo afronto un acto de compra, cuando me obsequian algo o los motivos por los que yo le regalo algo a otra persona. Crecimos, fue una experiencia que nos enriqueció muchísimo. 

–Evangelina: Hay enseñanzas en las que uno termina aprendiendo o aprendiendo. Por ejemplo, que ese mecanismo psicológico de comprar para encontrarle sabor a la vida es una trampa. Yo ya no caigo en ella.
Inspiraciones extranjeras
En Deseo consumido, Soledad Vallejos y Evangelina Himitian mencionan ejemplos que las motivaron a esta cruzada.
 
• Becoming minimalist: Proyecto de una pareja norteamericana que vive con la menor cantidad de posesiones posible. 
• Familia Fellmer: Es una familia alemana que se abstiene del dinero. Obtienen alojamiento a cambio de servicios y se alimentan de las sobras de los supermercados. 
• The Fashion Revolution: Movimiento que impulsa el consumo responsable enla moda. También lucha contra el modelo de producción textil basado en el trabajo esclavo. En la Argentina existe Ropa limpia, un proyecto similar.
• Rob Greenfield: Activista norteamericano que subsiste con un total de ciento once pertenencias.
• Project 333: Propone que cada uno se vista solamente con treinta y tres prendas durante tres meses.

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