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La nueva moda


Por Natalia Miguelezzi.


La nueva moda 
El sistema fashion y las aclamadas tendencias reflejan una sociedad cada vez más personal e inmediata. El aquí y ahora nacen como código y el estilo urbano se convierte en su emblema.

“... la sociedad habla. Habla diariamente en sus vestidos, en sus ropas, en sus trajes. Quien no sabe escucharla hablar en estos síntomas del habla, la atraviesa a ciegas. No la conoce. No la modifica...”
Umberto Eco

Belleza furtiva, pasarelas, fashion shows, transmisiones en vivo, see now-buy now, street style, slow fashion, fast fashion. Exaltar lo momentáneo, la seducción. La moda vive un tiempo nuevo, una época inédita en la que se reinventa a cada paso. Y hay que saber acomodarse. “Se aceleraron los tiempos históricos en este aspecto. En otro momento, una silueta marcaba la moda de la temporada, luego se fueron ampliando las posibilidades del vestir, hasta llegar a una democratización, aparentemente más inclusiva”, diagnostica Lorena Pérez, periodista, creadora del sitio “blocdemoda”.

Así es como las nuevas temporadas proponen diversas colecciones que de inmediato se pueden encontrar en la tienda, o incluso, adquirir desde la pasarela. Sin embargo, el mercado se satura con gran rapidez. “Lo que un consumidor descubre en un desfile, en breve le parece viejo o muy visto. Esa idea lanzada por creadores, la replican las grandes marcas, en semanas, a un precio mínimo en comparación con el original”, agrega Pérez.

En la actualidad, si algo se rompe, se tira. Si ya no gusta, no se usa más. Si pasa de moda, se compra otro. Este es el consumo que conocemos. Como respuesta, nace el slow fashion, término que podría traducirse como moda sostenible, ecológica o ética. Celeste Nasimbera, miembro del comité de la Feria Puro Diseño, reflexiona al respecto: “Las modificaciones en la comunicación, cimentadas en Internet y las redes sociales, aceleraron los tiempos del siglo XXI. Hoy estamos en un punto en el que conviven diferentes opciones: el sistema tradicional, el hiperconsumismo y las propuestas ancladas en el consumo responsable”.

Aunque no todo es tecnología y difusión, muchas veces la debilidad en este ámbito florece en el consumo. Moira Malandra, especialista en marketing, asocia estos cambios a una crisis económica del mercado: “La acción denominada see-now buy-now para impulsar las ventas consiste en la compra directa y simultánea. Es otro esfuerzo por revitalizar el mercado de la moda que, aunque parezca incompatible, se vio afectado por los ataques terroristas que se produjeron en las capitales de la moda, como París. La consecuencia directa es el alejamiento del turismo de estos centros de compras”.
 
Por eso, observar lo que ocurre en el Planeta, y sobre todo en el micromundo, es esencial para quien quiere posicionar un producto. Por ejemplo, la Semana de la Moda en Nueva York se impregnó de temas sociales. Carolina Aubele, fundadora y directora de un instituto especializado en imagen personal, presente en ese evento de La Gran Manzana, considera que allí se expresaron tres conceptos: igualdad, integración y derechos humanos. “Fuimos testigos de una moda más democratizada”, sentencia.

“La prenda hit es el pantalón de lona, de jean o de cuero negro. Se podrá optar por el colorado, el azul y el rosa”. Benito Fernández
Lo que permanece y lo que viene
La tendencia hoy surge en las calles, en lo que lleva puesto la gente común, muy pero muy lejos de las pasarelas. Los diseñadores más consagrados están en consonancia con esta movida y trabajan de un modo original para resolver cómo vestirnos a diario.

El street style se impone como corriente principal. Malandra, autora del sitio “Dolores Fancy”, opina que todo lo vinculado con la vestimenta cómoda gana terreno: “Se deja cada vez más de lado el imperativo de las tendencias para dar vía libre a la expresión personal. Es una época de austeridad, de estar cómodos”.

Por su parte, el diseñador Benito Fernández cuenta que este invierno los  protagonistas son los jeans, las ruanas, los ponchos y las parkas. “No tanto la sastrería o lo armado, sino todo lo que tenga que ver con algo más mórbido –sugiere el modisto, mientras recalca que, esta temporada, el negro tomó más fuerza que nunca–. De hecho, es un color que no manejaba en mis colecciones y lo adapté. Hoy, todas las marcas tienen varios percheros con negro. De hecho, la prenda hit de la estación es el pantalón de lona, de jean o de cuero de ese color. Los que prefieran algo más arriba, podrán optar por el colorado, el bordó, el azul y el rosa”, enumera Fernández.

Pero atentos, porque los éxitos también anuncian sus caídas, definiendo su proceso y su evolución. Como diría Coco Chanel en el libro La moda en la Argentina, de Susana Saulquin: “Todo lo que está de moda pasa de moda”. Aunque hay casos que exceptúan la regla. Las macrotendencias, por ejemplo, se instalan a largo plazo y perduran, por lo menos, de tres a cinco años. Casi permanentes, su poder reside en la creatividad y la capacidad de adaptación a lo nuevo.
 
“Cuando las llamadas tendencias logran resolver una instancia de uso, se repiten más allá de una o dos temporadas. Son propuestas que se instalan y que no quedan atadas al color de la estación o el ítem de Instagram”, aclara Nasimbera.
 
Un claro ejemplo son las zapatillas que, en 2014, llegaron para quedarse en la alta costura. ¿O quién puede olvidar cuando Karl Lagerfeld las sumó a la pasarela? Nasimbera subraya: “El producto en sí no es lo novedoso, sino su propuesta de uso. Chanel hace zapatillas y, a partir de allí, la siguen todas las marcas de lujo. Las editoriales de moda las suman y las combinan con conjuntos para salir o ir a trabajar. Hoy, en la Argentina, casi todas las marcas de shopping tienen sus propios pares. El desafío ahora es renovar ese básico que el consumidor avaló, y saber diferenciarse”.

Aunque la industria no esté atravesando su mejor momento, la moda sigue siendo el gran fenómeno social y cultural de nuestros tiempos. “Es un lenguaje que traspasa al hecho en sí de comprarse ropa o vestirse con elegancia”, advierte Pérez. Nasimbera coincide y concluye: “Es una forma que tenemos todos los días de contar quiénes somos, cómo nos sentimos, cómo nos expresamos y cómo queremos ser percibidos por la mirada ajena”.

“Cuando las tendencias logran resolver una instancia de uso, se repiten más allá de una o dos temporadas. Son propuestas que no quedan atadas al Instagram”. Celeste Nasimbera
La moda en la Argentina
Nuestro país absorbe lo que gira alrededor de la industria global. “Todavía nos falta tener una fuerte identidad nacional. Aquí impera el copy/paste por sobre una proclamación personal”, esgrime Lorena Pérez. Por su parte, Carolina Aubele explica: “La Argentina tiene interés por la moda, pero es una sociedad bastante conservadora, aunque no nos guste escucharlo. No nos consolidamos como un centro de tendencias. Si bien las mujeres y los hombres argentinos son cancheros, no somos trendsetters: seguimos replicando lo que sucede en el exterior”. Tajante, Celeste Nasimbera cierra: “Nuestra moda atraviesa una crisis permanente. Son muchos los puntos que hay que atender con urgencia: desde la producción en talleres clandestinos hasta la incoherencia de los talles, los precios excesivos y la calidad que se ofrece. Hay que poner manos a la obra, buscar lo diferente y salir del estancamiento”.

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