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Salud


Por Walter Duer.


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En la Argentina se cultiva esta cepa como en ninguna otra parte del mundo. Su consumo representa un boom tanto a nivel local como internacional. ¿Cuál es el secreto de su éxito?

Es uno de los símbolos de la argentinidad, un emblema de nuestro país y, como si fuera poco, atraviesa un momento sin igual. Hablamos del vino malbec, que no solo recibe múltiples premios y reconocimientos, sino que, por  estos días, celebra su “Día Mundial”. “De todos lados lo admiran, como admiran nuestro tango, nuestro asado y tantas otras riquezas de nuestro acervo cultural”, introduce Fernanda Orellano, directora ejecutiva de la Escuela Argentina de Sommeliers Latinoamérica y autora del libro La cocina del vino.

Cepa embajadora, capaz de conquistar paladares a lo largo y a lo ancho del Planeta, ostenta un récord difícil de igualar: es profeta en su tierra y, al mismo tiempo, la vedete vitivinícola argentina en el exterior. Los números, claros y contundentes, confirman que contamos con la mayor superficie cultivada de esta variedad en el mundo. De acuerdo con los datos del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), se trata de casi unas cuarenta mil hectáreas, equivalentes a algo más del 17 % del total cultivado con vid del país.

Desde el año 2000, la superficie aumentó nada menos que un 140 %. Si se la compara, por ejemplo, con 1993, el incremento fue de casi un 300 %. Más allá de los intentos que surgen en otras regiones con gran trayectoria en esta industria (desde Chile y California hasta Australia y Francia), la asociación entre “malbec” y “Argentina” es cada vez más fértil y sólida.

¿Cuál es el secreto de su éxito? Mario Giordano, gerente general de Wines of Argentina, la marca país del sector que difunde el vino nacional y realiza eventos internacionales, ensaya una respuesta: “Es un vino que la gente disfruta con facilidad y que convence al consumidor de distintas latitudes porque es suave, por sus taninos dulces, por su gran estructura…”.

Orellano también se suma al debate y se entusiasma al intentar explicar esta pasión creciente: “Es un vino con muchas bondades organolépticas: tiene una gran expresión frutal, es amable, agradable, rico… Además, en términos de negocio, es un producto que genera valor, lo que se traduce en un beneficio sostenible para la industria”.

Laura Catena es autora del libro Vino argentino, publicado originalmente en inglés por Chronicle Books y después lanzado en nuestro país, en versión bilingüe. La obra relata el camino que desarrolló la industria vitivinícola argentina, con especial énfasis en el malbec, y cómo logró una presencia cada vez más relevante en el extranjero. Con referencia al boom de esta cepa, Catena sentencia: “Puede ser grandioso como varietal único o en un blend, puesto que combina los aromas y sabores intensos, maduros y concentrados de sus ‘hermanos’ franceses, como el cabernet sauvignon y el cabernet franc, con riqueza y suavidad en el paladar”.

No llama la atención que haya sido adoptado en diferentes rincones del Planeta. Las estadísticas del INV arrojan que, a diciembre de 2016, el 64 % de las exportaciones mundiales de vino correspondió a este tipo de variedad, y dejó en el segundo lugar al cabernet sauvignon con apenas un 7,62 %.

“En términos de negocio, es un producto que genera valor, lo que se traduce en un beneficio sostenible para la industria”. Fernanda Orellano
En su honor
El 17 de abril se celebra, por séptimo año consecutivo, el “Día Mundial del Malbec”. Como antesala, se organizó “La Semana del Malbec”, con una serie de eventos que se desarrollaron en diferentes ciudades alrededor del mundo. Encuentros en restaurantes, vinotecas y bares, y degustaciones a cielo abierto, fueron algunas de las iniciativas que reunieron a miles y miles de fanáticos de esta cepa. ¿El objetivo? Seducir. “Estas actividades logran que aumenten las ventas, lo que, en definitiva, permite acercar el producto a un número mayor de consumidores”, explica Mario Giordano, gerente general de Wines of Argentina.
El gran embajador
Todavía falta para volver a alcanzar nuestro récord histórico de cantidad de hectáreas plantadas de malbec. Entre la década de los cincuenta y la siguiente, había alrededor de cincuenta mil. “Luego, la crisis financiera de los años setenta transformó la demanda y emergieron vinos económicos, por lo que se levantaron miles de viñas de este varietal y la superficie cultivada se redujo a apenas catorce mil hectáreas”, recuerda Catena.

Pese a ello, nuestra cifra actual de casi cuarenta mil hectáreas sigue muy lejos de las seis mil que hay en Chile, cinco mil en Francia, cuatro mil en Sudáfrica, ochenta en Nueva Zelanda, y cuarenta y cinco en California. Según los expertos, el suelo argentino juega un rol fundamental para que nuestro malbec goce de excelente estado de salud. En otras latitudes que intentaron iniciar una producción, el resultado fue un vino más vegetal, más duro. “Por eso, no tuvo el éxito que sí tiene el de nuestro país”, remarca Giordano.

En consecuencia, se respira una cierta fanatización por esta cepa. Entre los países que más la consumen se encuentran los Estados Unidos (a la cabeza), el Canadá, Brasil, México, Alemania, Holanda, Suiza,  y Dinamarca. A la lista hay que agregar a Gran Bretaña, región en la que, según un estudio de Kantar Panel, nos posicionamos como el país con mayor crecimiento en las exportaciones, con más de un 20 %. “Es impresionante la aceptación que tuvo en la isla, sobre todo en el circuito de consumo, desde restaurantes hasta supermercados”, ahonda Giordano.

Pero también existen muchos otros mercados con un interés incipiente y que, en el corto plazo, podrían representar un negocio explosivo. Entre ellos figura, nada más y nada menos que el mercado chino. Giordano indica al respecto: “Que todavía los resultados no estén a la altura del potencial que tiene China se debe a una barrera cultural: en el gigante asiático no se conoce mucho sobre la Argentina, y eso hace que sea más difícil penetrar con un vino tan relacionado, precisamente, con nuestra cultura”.
  
Por otra parte, el turismo receptivo que experimentó nuestro país en los últimos años fue un grano de arena más, una suerte de trampolín para catapultar al malbec en el mundo. “Muchos extranjeros accedieron por primera vez a esta variedad estando de paso por nuestro territorio”, asegura Catena.

Hablando de tierras, su hogar natural es Mendoza: el 85 % de la superficie cultivada de esta variedad se ubica en esa provincia. Sin embargo, no es el único sitio donde despliega todo su esplendor: hoy por hoy, se planta a lo largo de todo el país, desde Salta y La Rioja hasta Neuquén y Río Negro, pasando por San Juan. “La cepa ofrece vinos de todos los estilos: frutales, frescos y suaves. Y hasta surgen alternativas que adoptan las características de cada región y cada terruño, por lo que vemos la aparición de malbec ya no solamente provincial, sino de pequeños territorios: de Paraje Altamira, de Gualtallary, de Tupungato, de Cafayate, de Pedernal… –enumera Orellano. Y profundiza–: Su versatilidad justifica su presente de gloria. Es una variedad increíblemente noble, que se comporta con generosidad en distintos climas y en diversas condiciones geográficas; que es deliciosa sola o en compañía –en cortes con cabernet sauvignon, merlot, cabernet franc, tannat–, y que resulta excelente en crianza, pero que también es capaz de prescindir del roble”.

“Es un vino que la gente disfruta con facilidad porque es suave, por sus taninos dulces, por su  estructura”. Mario Giordano
Presente, pasado y futuro
Su origen se puede rastrear hasta el sudoeste de Francia, más precisamente en la región de Cahors, donde se cultivaba este cepaje con la denominación cot. A fines del siglo XIX, una plaga de filoxera (un insecto similar al pulgón que ataca la vid) destruyó la vitivinicultura francesa: se calcula que entre 1875 y 1889 se perdieron unos 2,5 millones de hectáreas de viñedos a lo largo de todo ese país.

Sin embargo, las primeras semillas de la difusión del malbec habían sido plantadas: los “vinos de Cahors”, como se los conocía, habían desembarcado hasta en el mercado inglés y cosechado unos cuantos seguidores. “Se calcula que para cuando se desató la plaga, el 60 % de los viñedos de la región de Saint-Émilion tenían vides de malbec”, relata Catena.
 
Para fortuna de la Argentina, la cepa había logrado ingresar en 1853, de la mano de Michel Aimé Pouget, un agrónomo contratado por Domingo Faustino Sarmiento para llevar adelante la dirección de la Quinta Agronómica de Mendoza. La iniciativa buscaba incorporar variedades de cepas con el objetivo de mejorar la industria del vino nacional. Pedro Pascual Segura, entonces gobernador de Mendoza, apoyó la moción frente a la Legislatura de la provincia y el proyecto, que se presentó el 17 de abril de 1853 (fecha que podría considerarse el punto de partida de la historia del malbec), se transformó por fin en ley el 6 de septiembre de ese año.

Claro que el éxito no fue inmediato: para que nuestra vitivinicultura experimentara un crecimiento exponencial, fue necesaria una inmigración de franceses e italianos que se diseminara por las geografías aptas y con los conocimientos adecuados de técnicas de cultivo y vinificación probadas en Europa.
 
El malbec y el suelo argentino en general –y el mendocino en particular–estaban destinados a ser el uno para el otro: la cepa se adaptó rápidamente a los terruños locales, y se desarrolló mejor que en su región de origen. “El clima seco y los suelos arenosos característicos de la provincia evitaban la propagación de la filoxera, por lo que las plantas aquí nunca estaban ‘enfermas’. La uva maduraba de manera espléndida, gracias al aire seco del desierto y a la existencia de una temporada de crecimiento larga. O sea, la variedad estaba destinada a convertirse en otro inmigrante europeo exitoso”, señala Catena.
 
A pesar de la expansión de otras variedades y la competencia internacional, lo que viene, auguran los especialistas, es más promisorio todavía: crecimiento de la superficie cultivada, aumento de las exportaciones, una aceptación del mercado interno cada vez mayor… Como gusta decir Orellano: “Tenemos malbec para rato”.

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