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Como vos, como yo


Por María Celeste Collado.


Como vos, como yo
No son modelos, tienen  millones de seguidores en las redes sociales, y las grandes marcas ponen atención en ellas para difundir sus colecciones. ¿Quiénes son las influencers de moda?

Frescas, naturales, se muestran tal cual son. Esa parece ser la premisa fundamental de las mujeres fashion que pisan fuerte en Instagram, Facebook y YouTube. Si bien la moda se renueva temporada a temporada, en la actualidad se transformó la forma de mostrarla y comunicarla a la platea femenina (y también masculina, por qué no). Si bien resisten, quedaron un poco lejos aquellos desfiles de verano donde se adelantaban las tendencias venideras. Hoy, la pasarela es online: minuto a minuto, a través de las redes sociales se difunden los looks preferidos, los más utilizados, los vanguardistas.

Las influencers son las protagonistas de este fenómeno que crece a pasos agigantados y que capta toda la atención de las grandes firmas de indumentaria y accesorios. Claro que para ser testigos de esta realidad hubo que romper con varias estructuras, ya que lo que en la actualidad funciona a la perfección, no fue, precisamente, soplar y hacer botellas.  

Llevó tiempo que las marcas y los diseñadores top abrieran sus propuestas a las influencers, que las invitaran a sus eventos, y que las hicieran sentar en las primeras filas, junto a los editores más renombrados del rubro. Hoy, son las convocadas para cubrir las aperturas de locales y transmitir desde sus cuentas las novedades de los lanzamientos. “Costó muchísimo que se valorara a las redes sociales como arma de publicidad. Si el influencer es bueno, no hay margen de error en la difusión”, sentencian los expertos.

Coty Crotto y Maru Gándara, ambas periodistas, forman el team “Muy Mona”. Café de por medio, se preparan para armar la agenda y mantener al corriente a sus más de ciento treinta mil seguidoras. “Nos conocimos trabajando en un diario. Estábamos muy aburridas de nuestra rutina, por lo que veníamos pensando en hacer algo diferente. Si bien ya trabajábamos en moda, queríamos contar, en otra plataforma, el lado B de todo lo que sucede en ese mundo”, cuenta Crotto. 

Esas ganas de ir por algo innovador dio lugar al nacimiento de su propio blog. Así recuerda Crotto los primeros pasos: “Posteábamos tres veces al día, ya que el secreto está en mantener siempre actualizada la información”. Para muestra, basta un botón: al momento de realizarse esta entrevista, nuestras protagonistas no dudaron en transmitir en vivo por Instagram el detrás de escena del reportaje. Al instante, followers de Formosa, Corrientes y Buenos Aires, entre otros destinos del país, empezaron a opinar sobre el tema. “La notificación en vivo y en directo funciona como si una amiga te tocara el timbre para charlar sobre moda”, se leía en un comentario.

Ahora bien, ¿por qué las que pican en punta dentro de este universo no son justamente top models? Gándara ensaya una respuesta: “Somos cercanas; por ejemplo, nos hablamos por el nombre. Quizá no pasa lo mismo con las celebrities, un poco más distantes. A su vez, al ser comunicadoras, contamos con acceso a informaciones y determinados lugares que tal vez otros no tienen. Y no usamos eso para alcanzar una posición de estatus: al contrario, abrimos puertas para que todos puedan formar parte desde su lugar”. 

La combinación explosiva del fenómeno de las influencers junto con el poder que suman día a día las redes sociales permite establecer relaciones de conexión con personas que tienen gustos e intereses en común. “Está comprobado que participar en los medios sociales puede causar un estado emocional positivo, caracterizado por un nivel elevado de actividad cerebral y una sensación subjetiva de bienestar por el solo hecho de interactuar con los otros”, esgrime Alicia Grandamarina, licenciada en Psicología. 
Backstage
Agendas cargadas, eventos, fotos, viajes y una búsqueda constante de nuevas alternativas para ofrecer es el leit motiv de las influencers. En este punto, Grandamarina explica: “Compartir los logros y que los demás formen parte de ese universo nos motiva. Se da un juego doble: que el otro tome como aliciente nuestro crecimiento nos fomenta el interés por nuestro propio desarrollo”.
 
Instagram es la vidriera preferida para revelar las últimas tendencias. Se sabe: lo visual predomina ante todo. Pero quienes creen que ser influencer es solo tomar una foto y subirla en las redes sociales, se equivocan. Detrás de cada posteo hay un trabajo previo, una preparación y un grupo de personas que se empeña en ofrecerles algo nuevo a quienes están del otro lado de la pantalla. Crotto revela: “De nueve de la mañana a tres de la tarde nos juntamos como si estuviéramos en una oficina, pensamos y tratamos de darle una vuelta de tuerca a cada dato que surge”.  

Nati Saal es otra de las más elegidas del planeta Internet. “Comencé de casualidad. Mi pareja tenía Instagram antes que yo y siempre me insistía con que me tenía que sacar una cuenta. Para ser honesta, en esa época era un poco reacia a las redes sociales. No me divertía, me estresaba tener que aprender a utilizar una aplicación nueva. Finalmente, me convencí, la bajé y empecé a colgar mis fotos, pero sin ninguna intención de nada. Me acuerdo lo que me dijo mi pareja: ‘Te va a seguir un montón de gente’”, desliza quien ostenta más de trescientos mil seguidores y tiene planeados viajes a la provincia de Salta para ofrecer charlas de moda y encabezar acciones con distintas marcas de indumentaria.

Un abecé de una influencer que se precie de tal radica en cuidar el contenido, saber qué comunicar y de qué manera. “En mi caso, sé que me siguen muchas chicas jóvenes, por lo que no podría mostrarme en una situación inapropiada. Si a mis followers les gusta lo que yo hago, pueden copiarme; entonces, deben cuidarse ciertos aspectos –advierte Saal. Y profundiza–: El éxito de este fenómeno se debe a que se buscan personas comunes con quienes identificarse. Para gran parte de la sociedad ya no es creíble un modelo editado con Photoshop, a través del cual se muestra un ideal que no existe y es inalcanzable. La gente se cansó de ese tipo de imágenes”. 

Quien coincide con Saal es la modelo Stephanie Demner, que registra más de cuatrocientos mil seguidores en Instagram. “Yo me considero influencer de moda y también de lo que se denomina ‘estilo de vida’. Esa cantidad de personas que te están mirando todos los días puede ser algo muy divertido, pero yo lo tomo con muchísima responsabilidad porque el espectro de público es muy amplio: se extiende desde niñas de ocho, nueve y diez años hasta mujeres de cuarenta o más”, especifica quien aspira a ser como la italiana Chiara Ferragni.

Su historia dentro del modelaje acaricia los doce años. En el universo online desembarcó gracias a un profesor de la facultad que les asignó a los alumnos la tarea de generarse una cuenta en las redes sociales emergentes. “Empecé a compartir mi vida, las cosas que me gustaban y siempre recibí un feedback superlindo. Mi crecimiento en este tipo de soporte fue muy gradual, pero nunca se detuvo. Es raro, porque, de alguna manera, siento que mis seguidores son amigos de toda la vida”, define Demner.  

En esta era moderna, las distancias se acortan en cuestión de segundos y con tan solo un clic. “Es fabulosa la inmediatez y la proximidad que se generan con este tipo de aplicaciones”, destaca la licenciada Grandamarina. Desde allí quizá pueda comprenderse el boom de las influencers si se lo compara con las clásicas campañas de las grandes modelos, ya que no todo se reduce a una a un hecho publicitario. 

En esta línea, Demner concluye: “Creo que a través de las redes sociales se logró establecer un vínculo mucho más cercano e íntimo que con la mera foto con la que te topás en una revista. Hace algunos años se veía a las modelos en la pasarela, en los comerciales televisivos o en los medios escritos, pero no se sabía nada de su vida. Solo podías admirar su belleza. Hoy, toda esta movida va mucho más allá de lo estético: no elegís a quién seguir por su aspecto físico, sino por lo que tiene para mostrarte y proponerte”.
Un caso emblemático
Su Instagram cuenta con casi nueve millones de seguidores, y su blog The Blonde Salad recibe más de cien mil visitas por día. La italiana Chiara Ferragni (29) estudió Derecho en Milán, pero encontró su destino dentro del universo de la moda, cuando se transformó en una de las influencers más importantes del mundo. It girl, empre-saria y fanática del diseñador Alexander McQueen, tiene colecciones cápsula en varias marcas internacionales, y la revista Forbes la destacó entre los treinta creativos más talentosos me-nores de treinta años. En 2015 obtuvo ingresos anuales por más de diez millones de dólares, en especial por su exclusiva línea de zapatos.
Hombres con estilo
Siempre es más fácil asociar el concepto moda con la imagen femenina, pero también hay un público masculino al que le gusta estar atento a las últimas tendencias. Adam Gallagher es uno de los influencers estrella a nivel internacional, con dos millones de seguidores en su cuenta de Instagram. Iam, como también lo conocen sus followers, comparte imágenes de sus últimos viajes por lugares como África, Dubai, Miami o Nueva York que se convierten en el escenario perfecto para lucir la ropa de las mejores marcas. Quien sigue sus pasos es el estadounidense Blake Scott. Más de cuatrocientos mil fanáticos están detrás de este joven que, a través de sus redes sociales, marca tendencia con sus looks. Pero la moda masculina no solo se refleja en modelos extranjeros. En la Argentina, las grandes firmas también tienen a sus famosos pre-feridos para lucir sus últimas colecciones. Los actores Benjamín Alfonso y Mariano Martínez o el top model Iván de Pineda son algunos de los galanes de industria nacional que juegan a imponer tendencia desde sus perfiles sociales.
El poder de las redes 
En la actualidad se registran treinta y un millones de usuarios en Internet. Según el último informe de la agencia Comscore, Latinoamérica es la región más involucrada en cuanto a redes sociales. El dato: las mujeres tienen mayor compromiso como usuarias que los hombres. Con casi ocho horas mensuales promedio en las redes, la Argentina lidera las estadísticas, seguida por el Brasil, Uruguay y México.

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