Entrevista


“Actuar me sana y me salva”


Por Belén Herrera.


“Actuar me sana y me salva”
Verborrágica y apasionada, la cordobesa Natalia Cociuffo es una experta en el rubro comedia musical. Mientras se luce en teatro, confiesa dos deudas pendientes: ser madre y hacer más televisión.

“¿Y a mí cuándo me va a tocar?”, era la pregunta que Natalia Cociuffo (40) se hacía cuando llegó desde Córdoba para estudiar comedia musical en Buenos Aires. Mientras trabajaba de camarera, probaba suerte en cuanto casting podía, pero la oportunidad no se le daba. O sí, pero no de la manera que ella soñaba. A los siete meses de haberse instalado ya estaba trabajando, pero eran contratos cortos que no le permitían vivir de su vocación. Tanta era la ansiedad que le generaba esa realidad, que hasta tuvo nódulos en la garganta. 

Todo cambió el día que su cabeza hizo un clic y se convenció de que podía lograrlo. Decidió dejar el empleo como mesera y empezó a dar clases de canto hasta que protagonizó Ella, un musical que tributaba a Raffaella Carrá. Desde entonces, no solo no paró de recibir ofertas para encarnar distintos papeles, sino que se convirtió en una baluarte del género. Para muestra, basta leer las críticas sobre su rol en Piaf, Chicago, Por amor a Sandro y Ghost, el musical.

Pasional y vehemente, hoy protagoniza en teatro Mujeres perfectas (junto a Julia Zenko, Victoria Onetto, Candela Vetrano y Lucila Gandolfo). Allí interpreta a Luciana, una mujer que sufre por un amor no correspondido. “Es muy insegura, hipocondríaca, vive para él. Tiene la autoestima muy baja. A lo largo de la obra, va cobrando cada vez más fortaleza y confianza en ella misma”, la define Natalia.

– ¿Tenés algún punto en común con ella?
–Sí. No soy controladora, pero cuando estoy en pareja tiendo a tener cierta dependencia emocional. Lo trabajé y lo sigo trabajando porque es importante desapegarse un poco del otro. Esta obra me sirvió para terminar de evolucionar ese aspecto mío. Me ayudó mucho.

– ¿Cómo es la experiencia de trabajar en un elenco conformado íntegramente por mujeres?
–En este caso, formamos un gran equipo, un núcleo muy lindo en el que cada una pone lo suyo. Ya somos casi todas adultas, y ese fervor por competir nos quedó medio demodé. Así que nos disfrutamos, nos admiramos, nos respetamos. Yo me divierto con todas, aunque debo reconocer que tenía mis dudas sobre cómo iba a ser trabajar solo con mujeres. ¡No tuvimos ni un chispazo! 

Natalia también está al frente de Los monstruos, donde comparte cartel con Mariano Chiesa. Ganadora de la convocatoria para proyectos de Teatro Musical de la Bienal de Arte Joven 2015, la obra ahonda sobre la relación entre padres e hijos. “No tiene nada que ver con mi personaje en Mujeres perfectas. Mi terapeuta dice que son dos obra escritas para mí porque en Los monstruos se trata el miedo a ser mamá, a qué clase de madre una puede llegar a ser, cómo fue nuestra infancia”, desliza.

– ¿Cómo te desprendés de un personaje tan intenso como el de Los monstruos?
–Psicológicamente, salgo rápido porque siento que no me pertenece ese mambo. No soy mamá y todo lo que tuve que trabajar con mis padres, las cosas que me gustaban o las que no, ya las trabajé. Física y emocionalmente sí, puedo quedar cansada o me duelen la cabeza o el pecho.
 
– ¿Cómo es encarar dos papeles al mismo tiempo? 
–Yo me propongo lo siguiente: donde estoy, estoy. El ejercicio es concentrarse en el cuento que se está contando, tener clara cuál es la misión. El actor tiene esa esquizofrenia natural de convertirse en lo que le toca en cada momento. 
De la tele a la maternidad
Natalia descubrió que quería ser actriz al deslumbrarse con películas como La novicia rebelde o La misión. “Empecé a tener la sensación de que el arte me conmovía. Mis papás cantaban, así que me estimularon esa faceta. Cuando yo tenía diez años, ellos se separaron, y me puse a estudiar guitarra y canto porque me sentía triste. Fue la primera vez que encontré en el arte un lugar para canalizar ciertos dolores. Hasta el día de hoy, actuar me sana y me salva de cualquier tristeza o cualquier inconveniente. El teatro para mí es supersanador, sobre todo cuando me tocan roles que me conectan conmigo misma”, confiesa.

– ¿Extrañás Córdoba?
–Extraño a mi familia, la cotidianidad, las sierras, el río, la montaña. Extraño esa energía de la naturaleza. A mí me gusta mucho el mar, pero siempre que voy, necesito mojar los pies en el río como para no secarme.

– ¿Qué te gusta hacer en tu tiempo libre?
–Tengo muchas ganas de volver a pintar y a dibujar. Lo hacía de chica, pero lo fui abandonando. Tengo libros de mandalas en casa, pero todavía no me puse con eso. Por el momento, me ocupo de mis tres perros –Carmelo, Lola y Vilma–, que ofician un poco de hijos. Tengo una casa muy grande, así que ocupo mi tiempo en mantenerla ordenada.

– ¿La maternidad es un tema pendiente?
–Sí, por completo. Siento que como artista también me daría otra conciencia. Es un estado emocional que te eleva a un lugar que no imaginás. No puedo vivir sin sentirlo.

– ¿Te gustaría hacer televisión con más continuidad?
–Me encantaría. Es un formato con el que me llevo bien. No siempre los actores que hacemos teatro encajamos en la tele, porque es otra la energía y el tecnicismo. Pero me gusta ese rigor. A veces, no sé si los productores y directores terminan de confiar en uno.

– ¿Por qué creés que pasa eso?
–No sé. En el teatro me muevo como pez en al agua. Me subo al escenario y entiendo todo, más allá de que haya personajes que me quedan mejor y otros peor. Pero es mi lugar. Ingresar en el mundo de la tele cuesta. No sé si es algo que en algún momento se cortará, como me pasó con los musicales. Yo audicionaba en un montón y no quedaba, siempre elegían a los mismos.

– ¿Sentís que pasa eso en la pantalla chica?
–Me parece que sí. Ojo, también aparecen nuevos talentos, pero estaría bueno que dieran más oportunidades.

– ¿Seguís audicionando?
–Cada vez menos. Por suerte, para las dos últimas obras me convocaron directamente. De cualquier manera, no reniego del casting porque es un termómetro que a uno también le sirve. En este ambiente existe mucha discontinuidad laboral. Somos muchos, por lo que hay bastante competencia. Nuestro trabajo tiene un costado que es medio hostil.

– ¿Fantaseás con verte en una obra que no sea musical?
–Hace ya un par de años que vengo haciendo algunas cosas diferentes. Igual, es un modo de expresión del cual no me gustaría alejarme del todo, pero si no está, me puedo adaptar sin problemas.

– ¿Creés que los productores y los directores también te ven de ese modo amplio?
–Sí, cada vez más. Lo que pasa es que el musical me dio un respeto frente a la gente del ambiente del que no puedo renegar. Me quieren y me aceptan porque provengo de ese ámbito. Entonces, por ahí me lleva un poco más de tiempo decir: “Chicos, miren que no solo canto”. Por suerte, de a poquito ya me está sucediendo.

–Hace un tiempo lanzaste tu carrera como cantante. ¿Cómo resultó ese proyecto?
–Quedó en stand by. Yo siempre tiendo a hacer todo y eso es imposible. Es muy difícil si no cuento, como fue en el caso del disco que edité, con una compañía o un productor que me ayude a no tener que ser yo la que esté constantemente generando y generando. Entonces, me tomé un tiempo para ver cómo afrontar las cosas. El álbum se llama Natural y no era natural lo que estaba pasando. Estaba yendo en contra del mensaje que quería dar.

– ¿Nunca dudaste de lo que habías elegido?
–Jamás. No sé hacer otra cosa. Mi vocación está en mí y, paralelamente, no depende de mí. Yo soy esto. Es un poco un don, el don que cada uno tiene en lo suyo. Siento que esta es mi misión.
La reflexióncomo aliada
A Natalia Cociuffo se la puede ver en Mujeres perfectas, de Manuel González Gil, donde cinco mujeres se encuentran en una terraza y aprovechan para confesarse. Todas fueron “perfectas”, desde el punto de vista que cumplieron las exigencias y los comportamientos que la sociedad esperaba de ellas, pero cada una siente que su pareja fracasó. Por otra parte, Natalia y Mariano Chiesa encarnan a dos padres que saben que sus hijos tienen cualida des únicas, como también algunos problemas de conducta. 

Los monstruos, de Emiliano Dionisi, recibió, entre otras distinciones, seis premios Hugo (incluido el de Oro), cuatro ACE y cuatro Florencio Sánchez. Más info en @natucociuffo

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