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Pensamiento Sabina


Por Alejandro Duchini.


Pensamiento Sabina
Un nuevo disco y un flamante libro vuelven a poner las letras del cantautor en primer plano. Cómo escribe, para muchos, el bob dylan español.

“El tren de ayer se aleja, el tiempo pasa, la vida alrededor ya no es tan mía, desde el observatorio de mi casa la fiesta se resfría”, canta Joaquín Sabina en su nuevo disco, Lo niego todo. La canción se llama “Lágrimas de mármol” y fue la segunda que se difundió de este trabajo en donde el español hace referencia, a lo largo de doce temas, a cómo el paso del tiempo incide en él. “Superviviente, sí, ¡maldita sea!, nunca me cansaré de celebrarlo, antes de que destruya la marea las huellas de mis lágrimas de mármol, si me tocó bailar con la más fea, viví para cantarlo”, se lo escucha en la flamante placa. Sabina en estado puro.

Pero no solo las canciones acompañan este momento del cantautor. Apareció, además, el libro No amanece jamás, el tercero que escribe el periodista Javier Menéndez Flores sobre su admirado artista. Allí, su objetivo fue analizar las letras sabineras: desde “Pongamos que hablo de Madrid” y “Princesa” hasta “Contigo” o “Tan joven y tan viejo”. Clásicos que ya se ganaron un lugar importante no solo en la historia de la música, sino en la cultura general.

– ¿Qué definición hacés de las letras de Sabina después de analizarlas?
–En el libro digo que sus canciones podrían englobarse en tres tipos o categorías: las festivas, las cómicas y las líricas e intimistas. Sus letras hablan, fundamentalmente, de él mismo. Son autobiográficas casi siempre, aunque los temas que trate sean otros. Si habla del amor o del desamor, habla, por supuesto, de Sabina. Si habla de Madrid o de Buenos Aires, habla de Sabina en esas ciudades. Si habla de la noche, habla del imaginario de Sabina, de su territorio mítico, de su hábitat natural. Si habla de otros, célebres o anónimos, habla también de él a través de esos otros. Una vez me dijo que él tenía poca imaginación y que, por eso, casi todas sus canciones son autobiográficas.

– ¿Joaquín es un cantante, un músico, un letrista, un poeta?
–Él se expresa a través de la canción, pero el calificativo de cantante sería, en este caso, parcial e insuficiente. Asegura que la de poeta es una dignidad que le viene grande, pero es indudable que en sus canciones hay poesía. En algunos momentos, de hecho, alta poesía. Yo diría que es un (buen) escritor que canta su obra. Las letras de canciones pueden ser un género literario más cuando quienes las hacen demuestran poseer una gran calidad literaria. Sirva el ejemplo del premio Nobel a Bob Dylan. El debate que esa elección ha abierto, más allá de si lo merece o no, es el de si los escritores de canciones deben ser considerados literatos. Y qué duda cabe de que Dylan, el difunto Leonard Cohen, Silvio Rodríguez, Joan Manuel Serrat y Sabina, por citar solo unos pocos, lo son. Solo que el género que cultivan es el cantable. Un género bien difícil, por cierto.

– ¿Qué le aportó Sabina a la música y qué la música a él?
–Cuando Sabina escuchó por vez primera a Dylan, a quien descubrió por una novia escocesa que tuvo en Granada, en sus años de universitario, se dio cuenta de que si alguien con semejante voz podía cantar historias capaces de erizar el vello, él también podría. O, al menos, lo intentaría. La música ha logrado que las historias que cuenta Joaquín lleguen con más inmediatez  a la gente, puesto que se trata de un lenguaje que entra en el cuerpo a velocidad mayor que la de un disparo. Además, ha sabido rodearse siempre de espléndidos creadores de melodías que han potenciado sus letras. Aunque conviene decir que muchas de las melodías de sus canciones son suyas, lo que significa que también está dotado musicalmente, algo que él suele negar.

– ¿Tenés una letra preferida?
–No, no. Elegir una letra de entre casi cuatrocientas sería muy simplificador, además de osado. Aparte de que me puedo inclinar por una u otra dependiendo del día y de mi estado de ánimo.

–Ángel Antonio Herrera dijo que Sabina es el Bob Dylan de los que no hablamos inglés. ¿Coincidís?
–Sí. A pesar de que Joaquín, en su nueva canción “Lo niego todo”, sentencie que él no es el Dylan español. Claro que también dice que niega “incluso la verdad”.

–Contás que Joaquín es muy feliz en los escenarios. ¿En qué otros ámbitos lo ves genuinamente alegre?
–Creo que no hay un solo músico auténtico que no se sienta feliz sobre un escenario. Él asegura creer más en la alegría que en la felicidad, por más que esta última sea la meta que todo ser humano, lo reconozca o no, anhela encontrar, aunque en estado puro solo se dé en contadas ocasiones. Sabina, como cualquier otro, disfruta haciendo aquellas cosas que ama: leyendo, comprando joyas bibliográficas, en compañía de amigos, dando con la tecla de la canción que llevaba meses rondándole y que, al fin, es suya…

– ¿Cómo es tu relación con él?
–Cojonuda. Siempre y cuando nos vemos, claro; que es más bien poco. En los últimos años, verlo se tornó más complicado que viajar a Marte. De mi admiración por su obra y talento poco más puedo añadir que no hayan dicho ya mis tres libros sobre él. Supongo que haberle dedicado tantas horas de tu vida a alguien es toda una declaración de amor. Imagino que hay una identificación con el modo de ver la vida y, desde luego, con la manera en que lo cuenta.

– ¿Te dio alguna opinión acerca de No amanece jamás?
–A él le parece que he llevado a cabo un trabajo muy riguroso que adjetivó como “estupendo”. También me dijo que coincidía con el punto de vista elegido; que era muy atinado.

– ¿Cuán argentino es Sabina?
–Es de cualquier lugar en el que se entienda y se ame el español. Dentro de eso, es conocida su debilidad por la Argentina y por México, países en los que, dejando a un lado España, más a gusto se encuentra.

– ¿Madrid es, de todos modos, su lugar en el mundo?
–Su territorio mítico. Su musa. Su cielo y su infierno.

–Mencionás a un Sabina menos conocido: el pintor, el dibujante. ¿Qué encontró en esas actividades?
–Son una suerte de reposo del guerrero. Lo ayudan a relajarse, le proporcionan paz. La escritura, al ser su oficio, supone un combate contra sí mismo, una carrera de obstáculos, algo doloroso. Mientras que la pintura y el dibujo, en cambio, funcionan en él como una terapia.

– ¿Se puede dividir al personaje de la persona? ¿Cómo lo harías?
–Podríamos decir que Joaquín Martínez, la persona, escribe, con afán, canciones en su taller para que luego Sabina, el personaje, las cante y se lleve los aplausos y las chicas.

– ¿Sigue siendo una obsesión para él pasarla bien en la vida? Al comienzo del libro escribís:"una de sus principales obsesiones, vivir tanto como Matusalén...".
–En ese caso concreto, pues es un verso de una de sus canciones, y me refería a su obsesión por la muerte. Uno de sus gritos de guerra es “Muera la muerte”. Él quisiera vivir siempre. Y con respecto a lo de pasarla bien, qué duda cabe. Solo que el modo de disfrutar de la vida ahora, al filo de las siete décadas, es bien distinto a cuando tenía treinta, cuarenta o, incluso, cincuenta años. Pues él estiró la juventud cuanto pudo, como un chicle.

-¿Tenemos Sabina para rato?
-Todo hace indicar que sí. Hay un nuevo disco y una gira española y americana. Las entradas para esos conciertos se están vendiendo como rosquillas, y eso debe de estar actuando en él como una inyección de adrenalina. Me lo imagino ahora mismo preso del pánico por lo que le espera y, al mismo tiempo, loco porque empiece la fiesta. Ojalá vengan muchos más discos y recitales. La vida es corta y es mejor pasarla en compañía de buenas canciones, buenos libros, buenas películas y buena gente. Al final, hay pocas cosas que merezcan la pena aparte de eso.
El autor y su obra
Javier Menéndez Flores nació en Madrid el 14 de febrero de 1969. Escribió en medios como Rolling Stone e Interviú. Publicó novelas y biografías, entre ellas Miguel Bosé, con tu nombre de beso, Lolita, flores y alguna espina y Dani Martín, soñar no es de locos.

No amanece jamás consta de casi trescientas páginas, donde se lucen fotografías de distintos momentos de la vida del cantautor español. Además, colegas, deportistas y otros artistas cuentan qué piensan y sienten por él. “Quería que personas muy conocidas, pero que no forman parte de su círculo más íntimo, ofrecieran su visión sobre él. De esta manera, las opiniones no están condicionadas por la amistad, sino por lo que sus canciones despiertan en ellos”, remarca Menéndez Flores.    
Tonada de cancha
El fútbol es un tema al que Sabina recurre en sus canciones. Alguna vez cantó sobre Maradona, la hinchada de Boca y los goles de Martín Palermo. También mencionó al Atlético de Madrid, club del que es hincha. Y hasta compartió mesas de restaurantes con Jorge Valdano, exponente argentino de la pelota en tierras madrileñas. “Joaquín es colchonero, pero no es excesivamente futbolero. Ha ido al estadio alguna que otra vez, pero no es habitual que lo haga. Lo sufre desde la casa”, advierte Menéndez Flores. En No amanece jamás, se los puede leer a Iker Casillas, Germán Burgos y Diego Simeone valorando la obra de Sabina. “Cada frase te invita a reflexionar, a reír, a disfrutar historias que le suceden a todo aquel que amó”, dice, justamente, el director técnico del Atlético de Madrid.

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