Entrevista


De niña a mujer


Por Juan Martínez.


De niña a mujer
En plena etapa de madurez, Laura Esquivel vuelve a encabezar un proyecto 360 para chicos: incluye TV, teatro, disco y contenido web. ¿Repetirá el hitazo de Patito feo?

Sentada en un café del barrio al que se mudó pocos meses atrás con su pareja (primera experiencia fuera de la casa paterna), una chica de veintidós años, algo tímida y sencilla, cuenta su vida. Una chica que, a pesar de su juventud, acumula una experiencia de quince años en el medio artístico, en los que copó pantallas y escenarios, tanto dentro como fuera del país.

Laura Esquivel vuelve a protagonizar una ficción en la pantalla chica argentina, diez años después del sacudón –a todo nivel– que significó su trabajo en Patito feo, por el que fue reconocida en Latinoamérica, en Europa y hasta en Medio Oriente, y con el que muchos continúan asociándola (sin ir más lejos, mientras posa para las fotos, un ciclista la saluda al grito de “¡Pato!”).

Hoy, más plantada y madura, encabeza Divina, está en tu corazón, la nueva tira infantojuvenil que le augura un éxito como el anterior: ya fue vendida a distintos países de Sudamérica y del Viejo Continente. “Me enganchó el hecho de poder volver a hacer un proyecto 360 para chicos (NDR: Así se les dice a aquellos que comprenden tira televisiva, temporada teatral, disco y contenido web). Quería revivir esas emociones que pasé cuando era más joven. También me atrajo la música, que es lo que más amo hacer. En resumen, es una historia para toda la familia que ahonda sobre los sueños y las ilusiones, en un mundo tan caótico, en el que hay mucho por arreglar. El mensaje está muy bueno”, expresa mientras degusta un jugo exprimido.

–Sos muy joven y ya llevás quince años trabajando en el medio. ¿Sos consciente de esa trayectoria?
–Sí, es re loco. Me levanto cada día y pienso todo lo que viví. ¡La suerte que tuve! Pero no me quedo solo en eso, sino que me focalizo en lo que puedo hacer hoy, que es lo más importante para mí, lo que me va a definir en el futuro. Ahora estoy con todas las ganas y la emoción de poder ver el resultado de la tira, las canciones que preparamos… Por ejemplo, me imagino disfrutándolas con el público. Me siento como una nena jugando. Es muy divertido poder hacer lo que a uno le gusta.

–Laura, ¿en qué momento empezaste a tomar más decisiones sobre tu trabajo?
–Cuando era más chica iba un poco donde me llevaban, pero pese a ello, la última palabra siempre fue la mía. Me llegaba un proyecto y era yo la que se fijaba si me daban ganas de hacerlo o no. Aparte, no tenía la obligación de trabajar. Era chica y mi única responsabilidad pasaba por el colegio. Nunca hice nada que me pusiera incómoda o que considerara que no era mi estilo. Pero hace ya un par de años, cuando hice Los Locos Addams en el teatro, comencé a tomar un poco más las riendas, a ir sola al trabajo, a los ensayos, a donde sea. Hasta que cumplí la mayoría de edad, me acompañaban mis padres a todos lados. A partir de allí, aprendí muchas cosas de las cuales cuando sos chico no tenés que ocuparte porque te contienen permanentemente.

– ¿Solés hacer el ejercicio de comparar tu día a día con el de otras chicas de tu edad?
–Sí, me comparé más de una vez con mis amigas. Todas están estudiando, otras también trabajan... En algún momento fantaseé con una vida más tranquila, sin tener que estar en el foco del público, caminar por la calle sin que se queden mirándome…. bajar un poco a la normalidad. Este es un ambiente que te hace crecer muy rápido, y tal vez aparentás ser mucho más maduro de lo que en realidad sos. Yo tengo veintidós años, mis caprichos, mis enojos...
Un papel abajo de los escenarios
Además de su actividad laboral, Laura aprovecha su popularidad para colaborar en diversas causas. Hace unos años, participó en una campaña contra la violencia de género, y ahora es madrina del concurso Infancias, que lleva adelante el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA), y que está destinado a fomentar producciones de temática infantil y actividades de formación audiovisual.
Herencia
Silvana y Jorge, los padres de Laura, son médicos. Rastreando de dónde viene su veta artística, entre todos concluyeron que se saltó una generación y es heredada de Horacio, el padre de Jorge, quien fue escenógrafo de televisión en la Argentina y el Brasil. De alguna manera, y aunque no lo haya conocido (falleció en los albores de 1994 y ella nació en mayo de ese año), Laura sostiene que tomó la posta que su abuelo dejó. “Siento esa conexión, a pesar de no haberlo podido tratar. Es algo que está dentro de cada uno”, confiesa.

La otra rama familiar, la materna, también dejó una fuerte influencia: como Silvana y Jorge pasaban muchas horas en guardias hospitalarias, dejaban a Laura al cuidado de su abuela Cleia (o “Noni”, como siempre la llamó su nieta), compañera inagotable de las ocurrencias de la nena que ya pintaba para artista. “Era una persona muy alegre, nunca conocí alguien como ella. Bailábamos mucho, nos disfrazábamos, nos maquillábamos… Jugábamos a ser artistas. Nos amábamos. Ella estaba enferma y, en lugar de operarse para ver si mejoraba, prefirió quedarse conmigo y que pasáramos ese tiempo juntas. ¡Tomó esa decisión! Fue muy fuerte para mí. Falleció cuando yo tenía cinco años, así que no me pudo ver en la tele. Creo que, en el fondo, ella sabía que yo iba a llegar. Me encantaría que estuviera hoy acá conmigo y poder disfrutar de todo esto juntas”, se lamenta en voz alta.

– ¿Pensás en ella cuando subís a un escenario?
–Sí, siempre. Es más, en una de mis cábalas la nombro. Digo una frase que ella me enseñó cuando era muy chica. También menciono a mi tía, que falleció hace poco. Es como que quiero centralizar la energía en ellas para que me transmitan lo mejor en ese momento tan importante antes de salir a escena. De esta manera, me da la sensación de que están ahí conmigo, cuidándome.
 
Esos juegos con Cleia, Laura los trasladó a la academia de Valeria Lynch, donde un papel clavado en una pizarra de corcho fue la puerta de entrada a un universo que hoy la tiene como figura indiscutida. Allí se anunciaba un casting para niñas bailarinas que quisieran sumarse a Guinzburg & Kids, el programa conducido por el recordado Jorge Guinzburg. Laura fue seleccionada y, sin darse cuenta, completó el círculo familiar. “Se grababa en los estudios de Telefé. Mi papá siempre me decía: ‘Pensar que acá trabajaba tu abuelo’. Increíble”, se emociona.
La verdadera pasión
Laura canta, baila y actúa. Arrancó su camino en Guinzburg & Kids y se consagró en Patito feo, pero dio que hablar en teatro (Peter Pan, todos podemos volar, Patty y Los Locos Addams), en cine (Un paradiso per due, Natale in Sudáfrica y Maktub) y, claro… en televisión (Mundo Teen, Tu cara me suena, Laten corazones). Hasta se lució conduciendo programas en castellano y en italiano. Más allá de sus diversas facetas, hay una que prevalece por encima del resto: la música. “Yo creo que soy una cantante que trabaja de actriz. Me encanta actuar, pero siento que la música es lo mío. Cantar es lo que más me gusta, lo que planifico a futuro, mi gran sueño. Con eso ya estaría realmente hecha. Estoy esperando el momento indicado para animarme. No quiero hacer algo comercial al cien por ciento, quiero buscar un estilo que me identifique, con letras interesantes. Me inclino por lo acústico, con muchas guitarras, un poquito de pop, pero nada electrónico”, define. 

– ¿Qué falta para que todo se concrete?
–No sé… Por ahí conocer más gente para llevar adelante el proyecto. La música es una conexión que tiene que suceder con los músicos, con el productor, con el público. Me falta convencerme, tomar la decisión, dar ese paso de decir “Voy a hacer música” y lanzarme. Por ahora, sigo componiendo para poder presentar un buen material y decir “Esta soy yo”.
Divina
Con producción de Pol-ka, Televisa y Federation Kids & Family, la nueva tira de El Trece está conformada por un elenco que combina actores argentinos y mexicanos. A Laura la acompañan Nora Cárpena, Vanesa Butera, Matías Mayer, Manuel Masalva, Harold Azuara y Jenny Martínez, entre otros. ¿De qué trata? Divina (Laura) es una joven que se crió prácticamente en la calle. Vive en una casa cuidando a otros chicos que, como ella, fueron abandonados. Juntos, formaron una gran familia que se pone a prueba cuando una asistente social quiere llevarlos a un orfanato. En el medio del conflicto, Divina conocerá a su abuela Irene (Cárpena), una mujer millonaria que solo querrá acercarse a ella y darle la vida que tanto merece.

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