Fotografía


Rockeros en foco


Por Aníbal Vattuone.


Rockeros en foco
Provocadores y divertidos: Así lucen grupos y solistas en las fotografías de Celeste Urreaga. Aquí, algunas de las instantáneas de la neuquina que conquistó el Japón.

Una casualidad, una coincidencia. El azar hizo que Celeste Urreaga se ganara la confianza de Hilda Lizarazu, Charly García, Fabiana Cantilo o Daniel Melingo, y consiguiera retratarlos en su intimidad. La neuquina es fotógrafa desde siempre, por más que ella no lo supiera. “Ando con una cámara en la mano desde que tengo uso de razón. Me encantaba capturar los momentos, retener ese instante que queda para siempre y que podés volver a ver una y otra vez… y en cada ocasión encontrás algo diferente. Hoy lo puedo decir de una manera más teorizada y con todo el background que tengo, pero ya me cautivaba inconscientemente. Fotografiaba mi mundo, a mi gente, a mis amigos. Mi cámara era bienvenida, nunca caía mal”, confiesa tan sincera, tan feliz.

Los rockeros más afamados del país pueden dar fe de ello. A tal punto que la transformaron en una suerte de preferida para realizar sus producciones artísticas o, simplemente, para que los eternice con su lente debajo del escenario, de la puerta para adentro. Así inmortalizó escenas, abrazos y muecas que se lucieron en la Argentina, México y hasta en el Japón, ya que Celeste llegó a inaugurar su muestra integral e interactiva “Retratos del Rock” en el mismísimo Instituto Cervantes de la capital Tokio.

“Al rock lo tomo como una actitud de vida. Uno puede ser rockero más allá de lo que haga, de si hace o no ese estilo de música. Me refiero a ese espíritu rebelde. Por otro lado, el rock se reinventa constantemente, nunca termina”, sostiene quien comparte con Cachorro López, Jaime Torres, Claudia Puyó y Miguel Zavaleta, entre tantos otros, y como define ella, un proceso de obra en permanente estado de proyecto.

– ¿Cómo fue que llegaste a lo que es el mundo fotográfico?
–Nunca dije: “Ay, voy a ser fotógrafa”. Jamás. De hecho, estudié Ciencia Política. Pero me conquistaba el arte: al principio me hubiera gustado estudiar cine o algo por el estilo, pero era muy costoso, había que ir a escuelas privadas. En la Universidad de Buenos Aires lo más cercano era Diseño, Imagen y Sonido… Estamos hablando de unos veinte años atrás.

– ¿Cómo se dio que te fuiste acercando a tu profesión actual?
–Fortuitamente. Ya instalada en Buenos Aires para estudiar, empecé a frecuentar lugares y a conocer gente que estaba relacionada con el arte. De repente, me movía en un ambiente de músicos. Y yo estaba ahí, con mi cámara, creciendo y desarrollándome de manera autodidacta. Fui asistente de una directora de cine, trabajé más de diez años en el Ministerio de Cultura de la Nación, coordinando y produciendo programas de alcance nacional e internacional. También produje de forma independiente espectáculos, artistas y todo tipo de realizaciones artístico-audiovisuales. Hasta hice un posgrado en gestión cultural en la Universidad Nacional San Martín.

– ¿Cómo surgió “Retratos del Rock”?
–Un amigo productor que seguía lo que hacía, me dijo: “¿Por qué no hacemos una muestra con tus fotos?”. A su vez, mis amigos rockeros me pedían que los retratara. Todos se entusiasmaron. No tenía mucho dinero, así que un amigo me prestó una locación. La primera edición fue en 2011.

–Es una exhibición particular…
–Sí, porque no quería solo exponer fotografías. Ni que fuese una muestra convencional ni aburrida, por lo que llevé a cabo un formato más integral, con filmaciones, música en vivo, tecnología. Generé un gran happening de amigos: ese fue un poco el leitmotiv de “Retratos del Rock”. Después, comenzó a rodar por un montón de lugares del país, me profesionalicé más, me rodeé de un equipo más grande, y así se dio que llegué al Japón.

– ¿Cómo fue esa experiencia?
–Muy intensa. Para mí fue un quiebre artístico: tuve un cambio estético, de rumbo. Expuse en Tokio, entre noviembre y diciembre de 2015, apoyada por la Cancillería. Montada en una sala de más de doscientos metros cuadrados, la muestra fue declarada de Interés Cultural por parte del Ministerio de Cultura de la Nación y de la Embajada argentina en el Japón. La visitaron más de mil quinientas personas, y fue muy difícil el tema idiomático, ya que allí casi no se habla inglés. Pero quedé impactada: es completamente otro planeta. No existe comparación con nada de lo que uno se pueda imaginar. El cambio cultural es muy grande. Japón significó mucho para mí.
Lo esencial no es invisible a su cámara
Adrián Otero, Carlos Alberto “El Negro” García López, Ataque 77, Los Tipitos, Virus... Todos pasaron por sus manos, por su lente, por su flash. Anécdotas, confiesa, recolectó a raudales. Que se puedan contar… esa es otra historia. “Se dan situaciones muy divertidas con los rockeros. Hace muchos años estaba en Villa Gesell y compartí unos días con Pity Álvarez. Él estaba en alza, en pleno auge. Yo tenía mis prejuicios para con él, pero convivimos una semana y llegué a la conclusión de que es una persona con mucho talento”, revela Celeste.

– ¿Qué se viene a corto plazo?
–En abril voy a ir a Mendoza a participar en el festival Wine Rock Tour, que se organiza en el Valle de Uco. Se hace un show en el medio de los viñedos, y yo voy a estar haciendo “Retratos del Wine Rock”. Es algo en lo que estoy trabajando desde hace bastante tiempo, ya que fotografié a los distintos músicos que han pasado durante estos seis años por el festival.

–Expusiste en el Salón Municipal de Exposiciones de San Martín de los Andes. ¿Sentiste algo particular al estar en tu provincia?
–Para mí fue fantástico. Amo San Martín, es hermoso. Cuando era chica veraneaba por la zona de la Cordillera. También iba a Villa La Angostura. ¡Recién conocí Mar del Plata a los veintidós años! O sea, el mar lo había visto en Las Grutas o en sitios más cercanos a Neuquén. Por eso, arribar a Buenos Aires fue un clic.
 
–En tu Neuquén natal, ¿soñaste alguna vez que ibas a tener la posibilidad de llegar al otro lado del mundo?
– ¡No! Jamás imaginé nada de lo lindo que me pasa. Agradezco a la vida todo lo que me da… Me costó muchísimo: me rompo el alma trabajando, nada me vino gratis. Pero doy gracias. Tuve malas rachas, por supuesto, pero me considero una gran afortunada por lo que me está sucediendo, por las personas hermosas que tengo a mi lado. No puedo quejarme. Hago lo que me gusta, disfruto... Lo demás no importa.

–La última, Celeste: ¿Por qué preferís retratos a paisajes?
–Porque me interesa la cuestión humana, la esencia. En general, creo que eso es lo que nos hace emocionarnos.
Mucho más que dos 
Celeste regresó al Japón después de que la Sociedad de Fotografía local la incluyera en su anuario 2016.

“Me lo mandaron por correo en mayo del año pasado. Cuando lo abrí no lo podía creer”, cuenta. En septiembre pasado volvió a tierras niponas para encabezar, junto al gran fotógrafo japonés Eiji Kakugawa, la muestra “Doble mirada”. “Allí pusimos a dialogar imágenes de ambos, buscando descubrir qué sucedía entre ellas, con mundos tan diferentes de por medio. A la vez, di una conferencia en la Sociedad de Fotografía que se denominó ‘Celeste Urreaga, desde el lado oscuro del mundo’”, comenta.

Durante 2017, “Doble mirada” tendrá su secuela. “Armaremos una enorme producción. Queremos mostrar la conexión que pueden lograr un japonés y una argentina por sobre las barreras lingüísticas, ya que es muy complejo comunicarse. Entonces, trascendemos esa dificultad y fundamos algo artístico. Ese proceso es lo más importante”, anticipa.

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