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La nueva tele


Por Cecilia Davanna.


La nueva tele
Las series se convirtieron en las grandes estrellas de la industria del espectáculo, cambiando las formas de consumo y atrayendo a directores y artistas de Élite. Los entretelones del fenómeno Peak TV.

El boom de producción televisiva necesario para responder a la demanda global de la mayor cantidad de series, y con mejor calidad, tiene nombre: Peak TV. El fenómeno es tan contundente que algunos entendidos en la materia hasta especularon con que podía colapsar y disolverse en cualquier momento. Es que el término en sí mismo también advierte sobre un hipotético exceso de propuestas, al menos desde la óptica de los vendedores de la industria. Sin embargo, el techo de esta movida (que dio su puntapié inicial en los Estados Unidos, pero rápidamente diseminó sus efectos por todo el planeta) parece estar todavía muy lejos: por lo pronto, todo es posibilidades y oportunidades.
 
De hecho, hasta el propio John Landgraf, ideólogo del término Peak TV, revirtió su opinión. El CEO de la cadena FX había asegurado que en 2016 se alcanzaría un máximo de producción televisiva, y que, luego, esta empezaría su descenso. El escenario actual, sin embargo, indica todo lo contrario. “Es claro que la tendencia está en alza. Continuará durante todo 2017 y seguramente se extienda hasta 2019”, adelantó Landgraf.
 
Con nuevos códigos, además de formas de producir, artistas y soportes, este segmento vive definitivamente su época de oro. Según cifras recolectadas por FX, en 2015 se produjo un total de 419 series, lo que superó las 389 de 2014. Por su parte, 2016 cerró con 454, y para este año pronostican que el número podría ascender a 500. Un resultado similar arrojaron las conclusiones de la última edición de Natpe Miami, el encuentro anual promovido por la Asociación Nacional de Ejecutivos de Programación para Televisión de Estados Unidos.
 
Sobre este panorama dinámico, Lucas Mirvois, creador de la serie Según Roxi (la comedia argentina que comenzó como serie web en YouTube, después fue adaptada para televisión y hasta llegó a montarse en teatro), responde, convencido: “Es una gran oportunidad y, a la vez, un gran desafío”. Y profundiza: “Es entendible esta explosión de series, ya que la televisión es muy joven si la comparamos con otro tipo de entretenimientos, como el teatro, la literatura o el cine. El inconveniente es que, tal vez, este crecimiento se está dando a un ritmo demasiado acelerado”.
 
Mirvois viajó a Miami para asistir a la convención Natpe, donde se dieron cita los principales responsables de la Peak TV. Apasionado por su trabajo, describe: “Lo primero que sucedió fue una multiplicación de canales y plataformas. Ahora, cada uno quiere tener sus propias series originales para destacarse por sobre los demás: eso lleva a una competencia feroz. En ese contexto, lo positivo es que cada vez más canales invierten en producir. ¿Lo negativo? Existe demasiada oferta para la misma o menor demanda, ya que el público está repartido en muchas más plataformas que antes”.

Por su parte, Silvina Reusmann, periodista especializada en espectáculos, sentencia: “Hoy, la televisión juega en ‘Primera A’, y esa es una tendencia que llegó para quedarse”. Coconductora del programa radial Vicios propios, resalta la particularidad de que los principales actores de cine están inclinándose cada vez más por aparecer en la pantalla chica: “Ya no solo no ven con malos ojos comprometerse con una temporada de diez capítulos, sino que les atrae; muchos hasta lo buscan”.

Otra de las claves para comprender la Peak TV es la exigencia de los espectadores. “Como pueden consumir prácticamente todo lo que buscan al instante, tienen poca tolerancia a la frustración”, ahonda Belén Igarzábal, coordinadora del área de Comunicación y Cultura de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso). Y señala: “En el pasado, debíamos someternos a la decisión de un programador. En pleno siglo XXI, es la propia persona la que satisface sus deseos con respecto a lo audiovisual. Estar conectados las veinticuatro horas nos hace creer que todo puede hacerse en Internet”.
Aire renovador
Series como Los Soprano, The Wire y Six Feet Under fueron las primeras que dieron fuertes indicios de que un paradigma estaba siendo seguido por otro inédito. La calidad ya no era propiedad exclusiva del séptimo arte, sino que la televisión, y con creces, también podía enorgullecerse de ello.

“Los grandes directores, guionistas y actores preferían la industria cinematográfica por dos cuestiones: prestigio y dinero”, resume Reusmann. Y prosigue: “El vuelco se da con producciones que se volvieron más ambiciosas, con libros rigurosamente escritos y arcos argumentales de lujo. Ya no se trata de temporadas de veinte episodios, sino de diez o de quince capítulos, con una narrativa bien desarrollada en cada uno. Así, el sector fue generando más dinero y libertad temática para producir, lo que terminó de seducir a directores y guionistas que se dieron cuenta de que, en vez de contar una historia en una hora y media, podían hacerlo en diez. Fue como regresar a la era de Alejandro Dumas y el folletín”.
 
En el auge de la Peak TV es imposible obviar a un actor protagónico: Netflix. Ícono del streaming, araña los noventa y cuatro millones de usuarios, superando las suscripciones de las compañías de cable estadounidense. En 2016, sus ingresos mundiales sobrepasaron los ocho mil millones de dólares, lo que representa un incremento del treinta y cinco por ciento respecto a la temporada anterior.

La excelente performance se debe a la estrategia planteada por la compañía de enfocarse en la producción original: el año pasado invirtió más de seis mil millones de dólares para lograr casi seiscientas horas de contenido. Para 2017, fantasea con batir su propio récord, estrenando, por lo menos, veinte nuevas series. “No hay duda de que su entrada al mercado pateó el tablero. Hizo que los canales gestaran sus propias plataformas para darle batalla”, esgrime Reusmann.

Los expertos hablan de un cambio de hábitos. “El acceso a Internet, las conexiones cada vez más rápidas y efectivas, y la facilidad de mirar nuestra ficción favorita cuando y donde queramos de-sembocaron en una independencia de la tiranía del horario de emisión. Esto es súper atractivo para cualquier individuo”, sostiene Reusmann. Igarzábal coincide, y acota: “La velocidad de producción y de consumo es preponderante. Esto es palpable en los sitios o plataformas donde se acumulan temporadas completas que nos dan la posibilidad de ver un episodio atrás de otro”.  
El fin del control remoto
Reusmann hilvana una teoría interesante en torno a la consabida Peak TV: la salida de la televisión de los hogares. Así lo justifica: “Para bien o para mal, era un punto de encuentro. ¡Hasta nos peleábamos por el control remoto! Hoy, cada uno elige lo que le gusta en su propia pantalla, sin ninguna necesidad de consensuar nada. Esto es algo que se acentuará cada vez más”.

Desde su productora de contenido independiente, Mirvois considera que habría que dejar de utilizar la palabra “televidentes”. “No se mira televisión, sino series en la plataforma/canal que las emite. Esta suerte de democracia a la hora de optar qué, cuándo y cómo ver está ligada a que los canales ya no tienen el monopolio que ostentaban. Si la serie no te enganchó, buscás otra o prendés la computadora”, subraya el director creativo de La Maldita.

En un universo cada vez más amplio, los nombres rutilantes cobran un peso extra. “Que Woody Allen esté desarrollando una serie, que Steven Soderbergh haya dejado el cine por la televisión, y que Steven Spielberg y Martin Scorsese reduzcan horas en sus proyectos para apostar por estos formatos deja en evidencia que hay nuevos y poderosos jugadores en escena”, grafica Reusmann.

Con límites que se desvanecen entre la pantalla chica y la grande, números que crecen exponencialmente y contenidos que se perfeccionan a diario para satisfacer a espectadores activos y súper demandantes, parece complejo deducir cuál será el porvenir de la Peak TV. Quizás allí, también, resida parte de su encanto. “Es muy difícil saber hacia dónde va… Y eso me encanta”, cierra Mirvois.
Las redes, grandes aliadas
A la hora de producir nuevos contenidos, las redes sociales e Internet se convierten en elementos determinantes. “Los productores, tanto de televisión o de cine como de noticias, están muy atentos a las preferencias del público. Los datos que brindan las descargas de la Web, las búsquedas en Google o los capítulos más consumidos también influyen a la hora de decidir qué serie producir o qué rumbo tomará un argumento”, detalla Belén Igarzábal. En cuanto al rol específico de las redes sociales, Lucas Mirvois aclara: “Nos permiten conversar directamente con la audiencia. Con sus mensajes y sus comentarios  nos dicen qué cosas son de su agrado y, sobre todo, aquello que no les gusta”.

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