Educación


Educación emocional


Por Dolores Gallo.


Educación emocional
Especialistas de renombre coinciden en que la nueva enseñanza debe focalizarse en los sentimientos y en experiencias inspiradas en la vida real. El rol de los maestros.

¿Por qué uno de los mejores recuerdos de la etapa escolar suele ser el día que salíamos con nuestros compañeros de excursión? ¿Qué hace que nunca, pero nunca, olvidemos una jornada así? Esas fueron las preguntas que se hizo Fernando Salem cuando ideó al multipremiado Zamba, protagonista de una serie infantil animada que revolucionó la manera en que los chicos argentinos aprenden Historia. Y llegó a la conclusión de que, en aquellos campamentos o paseos, aprender y vivir eran dos caras de la misma moneda.

“Cuando me encomendaron la creación de una serie animada para chicos, empecé a pensar cuáles eran los contenidos que mejor recordaba del colegio y, sobre todo, por qué. Y me acordé de Claudio, mi maestro preferido, de cuarto grado, que había logrado enseñarnos gracias a su capacidad de establecer un vínculo de simetría con los alumnos. Con él teníamos una relación de respeto que no se establecía por autoridad, sino por admiración”, admite este reconocido guionista y director de ciclos televisivos y de películas de cine.
  
Zamba nació con el espítiru de explicarles a los más bajitos los acontecimientos ocurridos en la Revolución de Mayo. “El propósito fue representar la infancia de un modo más real: con menos cliché y más cercana a las motivaciones, a los modos y a las inquietudes de los chicos. No hay una fórmula secreta para atraerlos al conocimiento, pero sí creo que ayuda mucho la empatía, la complicidad, la honestidad y la simetría. ¡No subestimemos a los alumnos!”, exclama quien también pergeñó la serie animada Siesta, donde una niña se queda dormida mientras lee, continuando sus historias en los sueños.

Como Salem, son varios los expertos que están apostando por transformar los contenidos educativos en experiencias inolvidables. ¿Por qué una clase no puede inspirar todas las emociones que se despiertan en una excursión? ¿Por qué no se puede enseñar de una manera diferente?

“El aprendizaje tiene que ser rico en contexto y experiencias. Tiene que tener un carácter activo, práctico. Es decir, no se reduce a un acto pasivo de sentarse y escuchar”. Richard Gerver
Escuelas: la vida misma
“Los profesores tenemos la obligación de hacer que nuestras lecciones sean inolvidables. Caso contrario, estaremos malgastando nuestro tiempo, ya que aprender es sinónimo de recordar. Hay tres facetas que se deben atender muy especialmente: lo que se enseña, cómo se enseña y la evidencia de la comprensión. Contamos con numerosos libros, programas y herramientas educativas, pero ningún recurso puede reemplazar a una maestro creativo, preparado y entusiasta”, sostiene Benjamin Johnson, responsable del reconocido blog Edutopia.org.
 
Autor del libro Teaching Students to Dig Deeper (Enseñar a los estudiantes a esforzarse más), Johnson se destacó al instalar sistemas que produjeron grandes resultados en varias escuelas de los Estados Unidos. “Una mañana transformé la clase en un aeropuerto. ¿Para qué? Para que practicaran hablar español. Una mitad de la clase se encargaba de despachar equipaje, aduana y demás trámites; la restante, eran pilotos, azafatas y personal de vuelo. Así conseguimos que los estudiantes se integraran y se animaran a hacer lo que con otra actividad se hubiesen aburrido: dialogar. Cada uno se sentía útil y prestaba servicio sin quejarse. Hasta estaban entusiasmados aquellos que normalmente causaban problemas disciplinarios”.

La escuela primaria Grange fue un caso paradigmático a nivel mundial. Era una institución sumamente cuestionada en el Reino Unido y se convirtió en una de las más avanzadas del Planeta (incluso fue reconocida por la UNESCO). Richard Gerver, uno de los líderes educativos más reconocidos e inspiradores de nuestro tiempo, fue el artífice de aquella emblemática metamorfosis, basada en los principios de personalizar y adaptar la educación a medida de las diferentes necesidades.

“Lo que hicimos fue rediseñar por completo la currícula. En lugar de abocarnos exclusivamente a las lecciones y a las clases en sí mismas, pusimos el foco en todas las experiencias que viven los alumnos a lo largo de la jornada escolar. Nos centramos en tres valores: vivir, aprender y reír. Y también en esta premisa: si niños y maestros pueden estar relajados y pasarla bien juntos, a largo plazo serán más productivos –esgrime Gerver. Y profundiza–: Creamos una ciudad dirigida por los alumnos, con museo, tiendas, cafés, estudios de televisión y radio, y hasta un sistema político. La meta era asemejar lo que pasa en la escuela con la vida real, por lo que agrupamos las materias en cuatro tópicos: comunicación, emprendimiento, cultura y bienestar. Si podían manejar estos conceptos, entonces estarían capacitados para lidiar con cualquier situación cotidiana”.

El último día de la semana, Grange se vestía de Universidad. Es decir, cada alumno tenía la posibilidad de elegir en qué clase gritar “¡presente!”: las opciones incluían danza, deporte, diseño, idiomas, ciencia. “El aprendizaje tiene que ser rico en contexto y experiencias. Los niños no nacen aburridos o sin ganas de aprender. ¡Todo lo contrario! Lo que hay que comprender es que, para ellos, ese proceso tiene que tener un cáracter activo, práctico. Es decir, no se reduce a un acto pasivo de sentarse y escuchar. El aprendizaje no debería ser algo que tienen que ‘aguantar’ hasta que cumplen dieciocho años, sino una actitud, una mentalidad que los acompañe durante toda su existencia”, subraya Gerver.
 
 “No hay una fórmula secreta para atraer a los niños al conocimiento, pero sí ayuda mucho la empatía, la complicidad, la honestidad y la simetría”. Fernando Salem
¿Qué es ser un gran maestro?
Richard Gerver opina: “Los grandes maestros respetan a sus alumnos, disfrutan de su compañía y son conscientes de que la escuela es un proceso en dos direcciones. Saben adaptarse a las necesidades de los alumnos y tienen una gran inteligencia emocional”. Por su lado, Benjamin Johnson especifica: “Un buen maestro sabe que para hacer inolvidables sus lecciones, es clave involucrar a todos los alumnos en el proceso de aprender algo pertinente y útil. Debe entrenarlos en lo básico, y luego darles una motivación real para aprovechar este conocimiento. Por ejemplo, puede enseñar las tablas de multiplicar usando una competencia de béisbol. El mejor maestro irradia pasión. Puede ser estricto, pero debe ser justo”. Finalmente, Steven Meyers considera: “Los mejores maestros reconocen los intereses individuales para poder adaptar el contenido de sus clases, y así optimizar el aprendizaje. Saben que los alumnos aprenden más cuando les transmiten niveles altos de emoción, generando relaciones de apoyo y estímulo con sus alumnos. Seguir desarrollándose profesionalmente es un compromiso para toda la vida”.
Construir un puente de comunicación
Steven Meyers es profesor de Psicología en la Roosevelt University de Chicago. Con una vasta experiencia en psicología clínica infantil, asegura que emplea las mismas técnicas con los adultos que con los niños: “En cada encuentro me valgo de casos de estudio prácticos para que los alumnos puedan conectar la investigación y la teoría con problemas específicos. A su vez, me gusta que trabajen en pequeños grupos. De hecho, empleo el aprendizaje-servicio. ¿De qué se trata? Los alumnos deben pasar tiempo en comunidad, asistiendo a compañeros en forma directa, siempre entrelazando su experiencia de campo con lo que incorporaron en clase. En todas estas oportunidades, encuentran ocasiones para analizar y sintetizar información, en lugar de escuchar pasivamente lo que se dice entre las cuatro paredes de un aula”.
 
Para Meyers, el aburrimiento en el colegio responde a diferentes razones, como asignaturas poco afines a sus intereses y objetivos. “Muchas veces, enseñamos información y habilidades que consideramos importantes, sin lograr que ellos tomen conciencia de cómo se relacionan con sus vidas o de su potencial ayuda en el futuro. Por ello, hay que tomar el desafío de involucrarlos en la diagramación de los métodos de enseñanza. En cada una de sus etapas, hay que proveer a los alumnos de oportunidades para resolver problemas, o para responder preguntas relevantes con respecto a la información de la clase. Todo esto tiene un solo fin: que, con el paso del tiempo, puedan recordar lo aprendido en la escuela”, argumenta Meyers.

Los especialistas coinciden en que la tecnología en el aula es una de las grandes aliadas made in siglo XXI para que las clases sean únicas, imborrables. Pero no todo se reduce a gadgets. “El sistema educativo debe ingeniárselas para atraer maestros innovadores, capaces de conseguir que los alumnos alcancen experiencias inolvidables. Para ello, hay que motivarlos a que se esfuercen más y, paralelamente, premiarlos cuando abrazan el éxito. Los mejores sistemas educativos del mundo están estructurados de esta manera y sus resultados son magníficos. El énfasis de los líderes en educación debe estar puesto en lograr que, cada día, los docentes lleguen a la escuela preparados de la mejor manera posible, y con mucha ilusión para inspirar a nuestros estudiantes”, concluye Johnson.

El país eslavo de Finlandia es, en este sentido, un ejemplo por seguir. Arropado en este nuevo concepto de enseñanza, defiende preceptos como educación gratuita, docentes valorados profesionalmente y alta participación de los padres. Un ejemplo: los niños no llevan tarea al hogar, sino que resuelven sus labores en la clase, para que puedan disfrutar la vida fuera del aula.
El caso Zamba
Este personaje fue un hitazo en la pantalla chica, viajando en el tiempo y descubriendo los diferentes sucesos de la historia argentina. Después pasó a la web con esquema interactivo; y en 2014, la serie que protagoniza fue nominada en los International Emmy Kids Awards. Lo adoptaron de igual manera tanto padres como docentes. “Es un producto audiovisual al nivel de cualquier producción internacional. Y un recurso muy útil para el aula. Los maestros nos cuentan que los ayuda mucho para que los chicos entiendan todo lo que pasó en nuestro país como un proceso, y no como efemérides aisladas a lo largo del año lectivo”, apunta Fernando Salem, su creador.

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