Viajes


Desafío a la naturaleza


Por Juan Martínez.


Desafío a la naturaleza
Dos aventureros cruzaron en kayak el Campo de Hielo Patagónico desde el océano Pacífico hasta el Atlántico.

Así, a primera vista, lo que hay entre Leonardo Proverbio y Roberto Trinchero son un sinfín de diferencias: generacionales, de formación, de origen, de trabajo, de maneras de ser, de pensar y hasta de vivir. Sin embargo, sus coincidencias son tan esenciales que les permitieron conectarse para llevar adelante, juntos, un desafío descomunal y prácticamente inédito: cruzar en kayak el Campo de hielo patagónico desde el océano Pacífico hasta el Atlántico.

El proyecto surgió mientras el andinista español Sergio Camacho miraba en la tele el mítico programa documental Al filo de lo imposible: en 1993, una expedición argentino-española se convirtió en la primera en atravesar la mole de hielo (la tercera más extensa del Planeta). Él quedó maravillado de que alguien fuera capaz de lograr algo semejante. Sin dudarlo, se propuso ser el siguiente, y vio en Leonardo –que en aquel momento solo tenía diecinueve años– un aliado para conseguirlo.

A fines de esa misma década, el dúo encaró la expedición, con un recorrido similar al del show televisivo que los había inspirado, pero con un resultado diferente: en aquel momento no contaban con mapas ni teléfonos satelitales, vitales para, entre otras cosas, conocer con antelación las condiciones climáticas de los puntos más críticos por donde debían pasar. En este tipo de aventuras, el hombre propone, pero es la naturaleza la que termina decidiendo. Aquella vez volvieron antes de lo previsto, dejando inconclusa la misión. Los 750 km de la expedición (doscientos de trekking y el resto sobre el kayak) quedaron ahí, esperando a ser desafiados nuevamente.

Los años que siguieron encontraron a Sergio y a Leonardo entre retos y aventuras por todo el mundo, con escaladas a algunos de los picos más altos, incluyendo el Monte Everest. Sin embargo, mantenían la espina por la expedición interrumpida, así que comenzaron a repensar seriamente el asunto. Pero cuando todo estaba prácticamente listo para largarse a los hielos del sur, Sergio se bajó del proyecto por otros compromisos. Leonardo no tardó en encontrar al reemplazante ideal: Roberto, quien se dedicaba al kayak hacía varios años.
 
La dupla se había conocido hace mucho tiempo en el Refugio Frey, que según Roberto, “es un antro de montañeros” donde todos comparten sus experiencias. Leonardo lo invitó a intentar la aventura faltando poco más de un mes, por lo que no pudo tomarse mucho tiempo para procesar la idea. “Lo pensé dos o tres días y le dije: ‘Bueno, me gusta’”, asegura este investigador del Conicet (es doctor en Física) y profesor del Instituto Balseiro.
La expedición
Oficialmente, todo comenzó el 12 de septiembre en Puerto Edén, dentro del Parque Nacional Bernardo O’Higgins, en Chile. Pero para llegar hasta el país vecino tuvieron que completar una serie de trámites que justificaran la extraña situación de salir de la Argentina, pero no registrar el regreso por ningún punto aduanero. “Amén de contar con un seguro y todo el equipo necesario, tuvimos conversaciones con autoridades que confirmaron que no éramos ningunos loquitos y que sabíamos lo que estábamos encarando. En esas charlas, evalúan tu experiencia, ya que si te pasa algo, te tiene que ir a rescatar la Prefectura chilena. Y no es un chiste que dos personas se pierdan en el medio de la nada”, comenta Leonardo.

Por suerte, no fue necesario que Prefectura interviniera. Precisamente, la fortuna es uno de los factores que inclinan la balanza, más allá de la preparación y habilidad de los expedicionarios. Leonardo lo resume así: “Tenés que estar entrenado y capacitado, pero lográs llegar si tenés algo de suerte”.

En Puerto Edén, donde hace miles de años se asentaron indígenas canoeros, Roberto y Leonardo se lanzaron al océano con el kayak doble que un guía amigo les prestó para la travesía. A esa embarcación de cuarenta kilos le sumaron el peso de todos los elementos para sobrevivir a la expedición: alimento para un mes, seis litros de solvente, una carpa grande, bolsas de dormir, ropa de montaña, equipos de esquí y otros de tránsito glaciar, palas, serrucho y algunos objetos más. En total, y sin contar los pesos de sus cuerpos, llegaron a una carga de casi cien kilos. “Cuando nos metimos en el transbordador no podíamos mover el kayak entre los dos. ¡Tuvimos que pedir ayuda! Teníamos dudas de que fuera a flotar”, recuerda Roberto.

Los vientos intensos, el frío, las subidas y bajadas en un terreno lleno de trampas y desniveles fueron una constante para los dos aventureros. Más de una vez debieron apelar a su ingenio y capacidad de improvisación para resolver momentos complicados, como tener que subir el kayak y todas sus pertenencias por una pendiente pronunciada, con el suelo mojado y resbaladizo propio de la tundra. Como las botas de goma no se agarraban bien al suelo, les adosaron grampones, inventando un nuevo tipo de calzado multifunción.

A lo largo de los días, la comida comenzó a escasear, por lo que el dúo adelgazó un par de kilos. A mitad de camino hicieron una escala en El Chaltén, donde, hambrientos, devoraron todo lo que tuvieron enfrente y casi ni se percataron de que, por primera vez en semanas, estaban rodeados de gente. Antes de eso, en una caminata de reconocimiento por el Campo de hielo, se perdieron a seiscientos metros del campamento y debieron pasar la noche a la intemperie, cubiertos por los abrigos que llevaban puestos y la calidez del calentador.

Ser parte de una prueba de semejante envergadura refuerza el vínculo con el otro. “Aunque te creas distinto a tu compañero, te das cuenta de que es igual a vos. Y así lo comprendés mejor. En estos viajes es primordial el respeto y el diálogo. Si estás cansado, es mejor decírselo a quien te acompaña, para dejar que te ayude”, desliza Leonardo. Roberto coincide: “En una situación así hay que unirse. Si cada uno tira para su lado, no podés llevar nada adelante. Por ejemplo, al kayak no lo puede mover una sola persona. En circunstancias extremas es cuando puede emerger el costado más grosero del ser humano. Todo se magnifica, se potencia”.

La naturaleza en su máxima expresión pone a cada uno en su lugar: obliga a asumirse en inferioridad de condiciones para luego poder disfrutarla. “Yo siempre me figuro una imagen: nosotros humildes, golpeándole la puerta a la naturaleza y preguntándole si nos deja pasar. Si ella está bien, nos invita a entrar; si está un poquito de mal humor, nos dice ‘Pasen, pero rápido’; y si directamente no quiere, nos expulsa con un ‘Se quedan ahí’. Y no podés discutir mucho”, resume Roberto.

En total, la distancia recorrida de Puerto Edén a Puerto Santa Cruz alcanzó los 748 km. Fueron un poco más de cuarenta días de expedición. ¿Por qué someterse a una experiencia así? Roberto responde: “La rutina es una repetición sistemática de tareas conocidas. Esto fue lo opuesto: muchas cosas nuevas que fuimos descubriendo paso a paso. Es como abrir un libro y encontrar en cada página algo inédito e interesante”. Leonardo, más expeditivo, remata: “De a ratos me preguntaba: ‘¿Qué hago acá?’. Lo que la montaña te da, te lo quita, ya sea lo bueno como lo malo. Es vivir ese momento único, y ya está”.
Los protagonistas
Roberto nació en Buenos Aires. A los diez años quedó impactado cuando descubrió que había un mundo más allá del cemento. “Lo mío con la montaña es algo de piel. Jamás había visto una en toda mi vida, hasta que me llevaron a Sierra de los Padres. Para mí fue una revelación: ‘Esto es lo mío’. Me encantó”, recuerda quien, años después, se mudó a Bariloche para estudiar en el Instituto Balseiro. Por su parte, Leonardo nació en esta bellísima ciudad rionegrina. Sin embargo, el contacto directo con sus montañas también comenzó a sus diez años. “Mi papá me llevaba a pescar, a cazar, a hacer subidas por los cerros. Lo hacíamos sin técnica, de una forma más salvaje, solo por la aventura en sí misma”, aclara el más joven del equipo, que luego siguió un camino de entrenamiento en el Club Andino Bariloche hasta convertirse en guía de montaña, escalador profesional e instructor de esquí.

nueva, todos los domingos con:


El Norte La Capital Nuevo Diario El Día La Gaceta Rio Negro Primera Edición Uno - Mendoza Uno - Entre Ríos Uno - Santa Fe Diario Norte Puntal - Córdoba La Nueva Diario Democracia El Independiente Diario Norte