Entrevista


“Me gusta lo popular”


Por Juan Martínez.


“Me gusta lo popular”
Juan Darthés regresó al teatro para brillar en la obra musical Lo prohibido. El galán de las telenovelas repasa su carrera, sus éxitos y abre las puertas de su intimidad.

Desde hace un par de décadas ingresa en millones de hogares argentinos para seducir a mujeres de todas las edades. Sin embargo, aunque disfruta de esa posibilidad que le brinda la televisión, es en el encuentro en vivo con el público donde Juan Darthés siente que su profesión, que para él sigue siendo un juego, cobra un vuelo y una energía inigualable.

“El vínculo real se genera con la gente cerca. De hecho, siempre que hice telenovelas organicé fechas con mi banda de música para palpar ese feedback con el público”, confiesa quien protagoniza Lo prohibido, la obra musical dirigida por Betty Gambartes y Diego Vila, con producción de Tomás Yankelevich.

–Recibir la devolución del público es un arma de doble filo. ¿Cuánto te afecta lo que opinen de vos?
–Siempre hay alguien a quien no le gusta lo que hacés. En teatro, por lo general, los que vienen ya tienen una empatía conmigo. La mayoría pagó una entrada para verme a mí, entonces es todo más sencillo. Ya hace un tiempo me pasa algo mágico: en los espectáculos que hago, todos la pasamos bien.

Una búsqueda rápida en Google arroja que, en realidad, su apellido es Pacífico (es el que llevan sus hijos, Tomás y Gianfranco), pero el que todos conocemos es una conjunción de los apellidos artísticos de su madre (la actriz Leyla Dartel) y su padre (el cantante de tangos Oscar Fuentes). Ese linaje parece indicar una senda previamente marcada que, en un principio, Juan eludió para iniciar su propio camino. “Mi hermano mayor tocaba muy bien la guitarra y cantaba mejor que yo. Compartíamos los genes, pero yo no era el más divertido ni el más desinhibido. Nadie se imaginaba que terminaría siendo artista. Mis padres nunca se metieron en mis decisiones. A mí me gustaba jugar al fútbol, creía que ese era mi destino. Pero no, mi hermano se dedicó a otra cosa y yo me convertí en actor, cantante. Hoy, soy un apasionado de lo que hago”, repasa.
 
– ¿Nunca sentiste que continuabas un legado?
–No, pudo haber sido algo inconsciente en un comienzo, pero para encarar esta profesión hay que arremangarse: estás solo arriba del escenario. El que tiene que ir a todas las funciones y disfrutarlas, soy yo. Es mucho tiempo el que estás solo con tu alma… Si esto no te gusta, no va.
 
–Antes de consagrarte, hiciste trabajos de todo tipo…
–Sí, porque tenía necesidades económicas. Vendí y compré oro, y estuve en una distribuidora ofreciendo planes de autos. Vendí un camión nada más (risas). Yo sabía que esas ocupaciones eran temporales, que no eran mi lugar. Cuando pude trabajar como actor, ya me sentía en mi juego.

–Cuando comenzaste a estudiar en la Escuela Municipal de Arte Dramático, ¿lo veías como una salida laboral?
–Desde ese punto de vista, no lo dimensionaba. El otro día lo hablaba con mi hermano mayor, que suele ser mucho más centrado que yo. Siempre se acuerda de una conversación que tuvimos en un bar, en la que le dije: “Quiero dedicarme a esto”. Él se puso muy nervioso y se asustó, tenía dudas de lo que fuera a lograr. Nosotros vivíamos en Temperley, no teníamos las facilidades suficientes para que yo estuviera viajando todo el tiempo a la Capital. Pero las cosas se dan. 

– ¿Cómo arrancaste en el medio?
–Con un papelito en televisión. Me salvó un amigo, Orlando Netti, que me prestó un departamento para poder instalarme cerca de los estudios de grabación. Como decía antes, era bastante inconsciente. Ahora intento que mis hijos lo encaren de una forma diferente, quiero que puedan analizar todo el panorama. No es una carrera fácil: fundamentalmente, hay que tener condiciones, pero, a su vez, tenés que tener un golpe de suerte. A veces se da, a veces no.

Sus hijos lo siguen a cada paso. Incluso en la producción de fotos que acompañan esta nota. Lo asisten sobre cómo pararse, qué ángulo lo favorece más, y hasta colaboran con la iluminación de algunas tomas. Gianfranco confiesa que no se pierde casi ninguna función de la nueva obra de su padre. “Gian y Tomy tienen un grupo musical. Lo bueno de que me acompañen es que ya van viendo cómo es este mundillo. Yo los apoyo en lo que a ellos les guste; no obstante, el mayor triunfo que pueden tener es ser felices”, desliza Juan.

– ¿Vos eras de seguir a tus padres?
–Sí, muchas veces íbamos a donde mi padre cantaba. No solo era un entretenimiento, sino que en esos lugares también nos quedábamos a comer. Era el punto de reunión en el que coincidíamos todos. Estábamos juntos, como quizá no lo podíamos hacer el resto de la semana.
 
Probablemente, su imagen más difundida sea la de galán, ese estilo de personaje que compuso con éxito en 099 central, Soy gitano, Dulce amor, Camino al amor y Los ricos no piden permiso, entre las tiras más populares. No obstante, en teatro consiguió desplegar un abanico más amplio, sobre todo en comedias musicales, como El beso de la mujer araña, Nueve, El diluvio que viene y Molly Brown. “Puede ser que en la televisión se me vea más como galán. Fue un rol que hice a full, porque no hago cosas a medias. Pero nunca me sentí rotulado. Con la música, y arriba del escenario, tuve la oportunidad de encarar otros roles. Pero, sí, como galán hubo personajes inolvidables, con particularidades interesantes”, reconoce.

– ¿Cuánto queda de esa figura de galán una vez que te bajás del escenario o se apaga la cámara?
–Nada. Es un personaje que desarticulo totalmente. Está bueno seducir arriba del escenario, pero es un papel que no me creo en lo más mínimo. Con mis hijos nos reímos del paso del tiempo. Uno va acomodándose a ciertas circunstancias. La vida es eso.

– ¿Qué representa para vos la música?
–En su momento, no solo fue algo que me daba placer, sino que significaba el pan que llevaba a mi casa. No podría vivir sin música. Ahora mismo, mientras converso, escucho de fondo a mi hijo ensayando con su guitarra. La música está todo el tiempo. Es un cable a tierra, pero, paradójicamente, es lo que hace que te despegues del suelo. Es una vía de escape, una necesidad.

–Llevás más de treinta años en el medio, ¿seguís sintiendo las mismas ganas de actuar y cantar?
–Absolutamente. De hecho, me siento más acompañado que antes, porque tengo a mi familia conmigo: a mis hijos y a mi mujer. Me involucro mucho en cada uno de mis trabajos. Participo, opino, quiero que les vaya bien, que la gente los disfrute. Insisto mucho para que cada proyecto sea popular: me gusta mucho lo popular.
Presente y futuro
El 2017 arrancó con todo para Juan Darthés. Después de un hitazo en la pantalla chica (Los ricos no piden permiso), protagoniza Lo prohibido, un musical en el que lo acompañan Alejandra Radano y Michel Noher (en la sala Pablo Neruda, del Paseo La Plaza –Av. Corrientes 1660, CABA–). Allí, interpreta a Rolando, un marido al que su mujer creyó muerto luego de años de ausencia en su hogar. Todo cambia cuando llegan noticias que pondrán a rodar un universo de hipótesis sobre los motivos de su desaparición y los efectos de… su reaparición. La puesta está pensada en clave de humor y con canciones populares en castellano que encajan en la historia. “En estos momentos, no podría hacer televisión y teatro a la vez. No me dan los tiempos. Prefiero hacer de a un proyecto por vez, no matarme. Estoy con conversaciones para hacer algunas cosas, pero todavía no hay nada definido”, comenta Juan.


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