Arte


El lado B de Picasso


Por José Medrano.


El lado B de Picasso
Sus cuadros dejaron huella, pero su faceta como dibujante también deslumbra. Por primera vez, se exponen en el país más de setenta obras originales del pintor español.

“En distintos años a lo largo de su vida, Pablo Picasso dejó de pintar, pero jamás dejó de dibujar. El dibujo fue algo que nunca abandonó”. Quien habla es Laura Hakel, curadora asistente de la muestra que trae, por primera vez a nuestro país, setenta y cuatro dibujos originales del artista español. Para Picasso, más allá de la semejanza trabajaron en conjunto el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires y el Museo Picasso de París, dueño de más de dos mil obras de las cuales se seleccionaron las que viajarían hasta la Argentina.

El origen de la colección es al menos curioso: Picasso sabía que, al morir, su familia debería pagar una gran cantidad de dinero al estado francés, y por eso ofreció saldar la deuda con su obra, una que atesoraba desde la adolescencia y que conservó durante toda la vida: sus dibujos. Así fue como el museo parisino se hizo de una colección que maravilla al mundo entero, en la que se puede constatar cómo a través del dibujo, Picasso se paseaba de un estilo a otro, o hacía convivir a varios al mismo tiempo.

Hakel explica: “Es la primera vez que vienen tantos originales de Picasso. Es muy importante que se haya hecho un trabajo en colaboración, porque, generalmente, las exposiciones de este nivel de artistas ya llegan curadas. Para nosotros fue muy especial pasar por el proceso de selección de obras”.

– ¿Qué se buscó con esta selección?
–Que cada uno de estos dibujos disparara una referencia y una lectura sobre un período de la carrera del artista. Es una muestra cronológica y estamos frente a lo que se considera un genio, un dotado: a los ocho años, Picasso ya hacía dibujos académicos, y a los quince, había ganado un premio de una exposición universal. Lo primero que tenemos expuesto en el museo es de 1897, cuando tenía 16 años: fue cuando dejó la Real Academia de Madrid, se mudó a Barcelona y comenzó a viajar a París. Picasso vivió el cambio de siglo entre dos ciudades en las que el modernismo explotaba. El último dibujo es de 1972, un año antes de morir. O sea, es una exposición que atraviesa su vida entera.

– ¿Por qué solo dibujos?
–Porque creemos que el hecho de que haya sido un artista tan prolífico se debe a que su terreno de investigación fue el dibujo. Es una manera de demostrar cómo uno de los artistas más influyentes del siglo XX no se quedó solo en un estilo, sino que recorrió varios, y siempre a través de esa técnica. El dibujo es el lugar en el que se vuelca su pensamiento. A través de estas obras uno puede conocer al Picasso más íntimo.

– ¿Trabajaron sobre cinco mil dibujos?
–En rigor fueron dos mil. Se suman cinco mil si contamos sus cuadernos y otros soportes en los que también dibujaba. Lo que puede comprobarse en la selección final es cómo él va cambiando la línea, la forma, el planteo. Cómo aparece y desaparece el espacio, cómo emergen elementos del surrealismo, cómo se mira a sí mismo y cómo mira la guerra.

–A través de su obra se puede recorrer también parte del siglo XX.
–No olvidemos que vivió muchos años, y atravesó prácticamente todo ese siglo. También, que fue un dotado en cuanto a la representación, porque lo que comienza a hacer con Las señoritas de Avignon, y luego con el cubismo, es romper con el canon occidental de representación desde el Renacimiento: ya no hay perspectiva, no hay espacio.

–Pero no se quedó en el cubismo… 
–En la muestra hay dibujos en los que Picasso pegaba papeles de diario sobre la obra. Lo que hace es incluir directamente a la realidad y poner en evidencia al plano: ya no importa si hay profundidad; todo ocurre en un solo plano pictórico. Luego, lo que pasó con el cubismo es que a Picasso lo interrumpió la guerra, y a partir de 1917, a través de un director del Ballet Ruso, conoce a su primera esposa, la bailarina Olga Koklova. Hay retratos de ella en el museo.

–Aquí sus mujeres no son las guías…
–Una forma de abordar su obra o hasta de seguir su biografía es hablar de sus mujeres. Hay quienes afirman que cada una de ellas representa un estilo, pero a nosotros no nos interesó tanto analizarlo desde esa óptica. De todas maneras, sí hay retratos de algunas de ellas, como el de Koklova, con una línea completamente clasicista. También aparece un dibujo de Dora Maar, en una etapa en la que está más en contacto con el grupo de surrealistas, y ahí se nota una línea más quebrada.

–Digamos que su pensamiento no era evolutivo y lineal.
–Nos interesaba mostrar eso. Después de 1914, pinta y dibuja de varias formas a la vez, manteniendo activos distintos tipos de estilos: cubista, clasicista, surrealista. El surrealismo recién aparece en los años veinte, pero para 1914, él ya tiene elementos que los representantes del movimiento seguirían muy de cerca.

– ¿Esta muestra puede funcionar como un resumen de su obra? 
–Es difícil sintetizarla, pero es un gran punto de partida. Si tuviera que recomendar algunas obras expuestas, de los primeros años me detendría en una que es una vista de Barcelona: una escena callejera que evoca ese instante en que deja la Academia, se aleja de su familia y aparece como mirando el mundo. Después, entre 1904 y 1907, hizo Estudio para una escultura: cabeza y Busto de mujer, muy importantes para desarrollar el cubismo. Además, hay tres collages espectaculares de 1912 que revolucionaron la historia del arte, y obras vinculadas con la guerra de la década de los treinta: son mujeres de pie, desnudas, con los pies deformados. Son unas tintas negras muy impresionantes.

Picasso, más allá de la semejanza es una excelente excusa para sumergirse en el enorme abanico del célebre pintor y escultor malagueño. “Lo que más nos motivó a hacer esta exposición no fue mostrar tanto al ícono del arte universal, sino al artista en constante investigación. Aquí se aprecia la cocina de su trabajo: las obras que no van a aparecer en los grandes libros, el dibujo permanente, las texturas que no se ven tan a menudo… Todo teñido de cierta calidez muy íntima. Es una experiencia única”, concluye Hakel.

La muestra se mantendrá hasta fines de febrero en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires (Av. San Juan 350, CABA). Hay visitas guiadas de martes a domingos, a las 12 y a las 16. Más información en www.facebook.com/museodeartemodernodebuenosaires

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