Investigación


El fin del azar


Por Alejandro Duchini.


El fin del azar
El big data, uno de los grandes paradigmas de la informática actual, reduce el factor suerte en el trabajo, en el deporte y en la salud. Cómo funciona y por qué nos hará vivir mejor.

Gabriel guarda en el cajón de su casa un recuerdo de su reciente viaje a Disney. Es una pulsera que le dieron para utilizar en los diferentes parques de diversiones. Le permitía, entre otras cosas, entrar a su habitación de hotel, ingresar a los juegos sin llevar encima las ya viejas entradas de papel, y comprar comidas en los locales del complejo sin dinero en efectivo ni tarjeta de crédito.

Al imperio de Mickey Mouse y compañía, esa pulsera le permite saber cuánta gente hay en determinado lugar y cuáles son los horarios que los visitantes eligen para almorzar o tomar algo. También, estimar el tiempo de espera para una atracción y conocer los gustos que tienen determinados grupos. Sí, como una especie de Gran Hermano: información casi ilimitada y en tiempo real. En la actualidad, se lo conoce como Big Data. “O ciencias de datos, que es la forma correcta de llamarlo. Son volúmenes de datos que llegan en tal cantidad y a tal velocidad que no pueden tratarse con las tecnologías habituales o tradicionales”, especifica Alejandro Vaisman, Director de la Diplomatura en Big Data del ITBA (Instituto Tecnológico de Buenos Aires).

El concepto nació por el 2008, pero en la actualidad, lo que se denominaba “diluvio de datos” cobró una importancia inusitada en diversas áreas, como el turismo. “Hoy se puede advertir qué tipo de atención se ofrece en un hotel. Por ejemplo, antes de que un cliente se vaya enojado, se le puede mandar un voucher para que regrese otro día sin cargo. O sea, en menos de veinte segundos, se combina información con respuesta, y se da una solución a un problema”, describe Vaisman.

Por su parte, Lautaro Spotorno, director de Comunicaciones de SAP - Región Sur, explica: “Existen muchas aplicaciones concretas de Big Data en el mundo real. De hecho, a partir del gran volumen de información que se genera constantemente, es posible analizar comportamientos y patrones, y también revisar tendencias a futuro”. En el caso específico de nuestro país, detalla: “Cada vez se usa más Big Data, tanto en el sector público como en el privado. En la Ciudad de Buenos Aires, a partir de un sistema de sensores ubicados en las bocas de tormenta y en los desagües pluviales, se trabaja en forma preventiva en la limpieza de cada conducto, facilitando el proceso para evitar inundaciones”.

Daniel Yankelevich, socio fundador de Practia y director de la unidad de Aceleración Digital de Negocios de la compañía, aporta: “Big Data es un fenómeno que se produce por dos factores: la existencia de una cantidad de información sin precedentes, y la posibilidad de procesar y entender esa información con costos razonables. Gracias a ello, se pueden tomar decisiones de negocio que agreguen valor. Por caso, definir promociones individuales que permitan atraer gente a productos que se quieren vender en momentos en que un supermercado esté más vacío. Cuando buscamos en Google ‘Hoteles en Mar del Plata’, al ingresar a Facebook nos aparece una publicidad de alquiler de autos en dicha ciudad… Allí vemos el resultado del Big Data –Y profundiza–: A su vez, se está empleando para decidir si se le otorga o no una visa a una persona, si un individuo es confiable para autorizarle un crédito, si alguien es candidato a dejar la empresa y cambiarse a la competencia. También se usa para hacer publicidad dirigida, para definir dónde perforar un pozo de petróleo, para ofrecer mejores planes de llamadas… Y la lista sigue”.

“A través de Big Data se analiza en qué sector del campo los jugadores están más tiempo, dónde tienen más fallas. Esto, a diferencia de lo que pasaba antes, se puede hacer en tiempo real”. Alejandro Vaisman
Big medicina
“Big Data, junto a lo que se conoce como computación en tiempo real, está transformando la forma en la que la tecnología puede ayudar a las personas a vivir mejor –sostiene Spotorno. Y profundiza–: Según la Organización Mundial de la Salud, existen siete mil enfermedades raras en el mundo, y son más de cien los tipos de cáncer que se indexan en el Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos. A cada una de estas enfermedades le corresponde algún subtipo que, en algunos casos, responden a modificaciones en la composición genética de la patología. Así es como nos encontramos con casos de personas que cuentan tener una enfermedad que rara vez se ve, y que quizás afecta tan solo al 7 % o menos del total de la población mundial. ¿Cómo se sabe esto? Gracias a las nuevas tecnologías”. 

El Centro Nacional de Enfermedades Tumorales (NCT Heidelberg), que ayuda a mujeres que padecen cáncer, trabaja el caso de cada paciente a partir del perfil molecular de su patología. Así, pueden prescribir los medicamentos que resultaron más eficientes y veloces en su efecto, en iguales patologías y con el mismo perfil molecular del caso que están tratando. Con esta modalidad, se logró atender a más de diez mil personas, generar quince mil tratamientos y cincuenta mil citas médicas en apenas un año, lo que significa que un solo paciente puede tener hasta más de mil doscientos datos en su expediente médico. Un detalle más: solamente sobre el cáncer de mamas, el NCT administra más 3.6 millones de datos.

“Para analizarlos, interpretarlos y completar el objetivo de establecer tratamientos adecuados para cada paciente, el trabajo manual podría tomar semanas. Con Big Data, todo eso se puede percibir en tiempo real. ¿Qué es lo que hace? Nuclea información de diferentes fuentes, como sistemas de información clínica, registros de tumores, sistemas de bancos de información biológica, e incluso textos y documentos, como notas de médicos. Finalmente, se ofrece un panorama detallado, completo y comprensible sobre la situación del paciente. El laboratorio es capaz de extraer y analizar los datos de diversas fuentes de información y presentarlos a los médicos e investigadores de una manera que habiliten nuevas ideas y formas de tratamiento. El uso de estas herramientas es clave, ya que cada cáncer es distinto y puede variar inmensamente de una persona a otra. Es allí donde el factor del tiempo resulta crucial”, remarca Spotorno.
Big deporte
En el ámbito deportivo se usan los datos para examinar a los equipos propios y rivales, a los jugadores en su rendimiento individual y hasta las mismas jugadas. “La estadística existe en la NBA desde hace muchos años, pero hoy se cuenta con mayor cantidad de información. Por ejemplo, se analiza en qué sector del campo los jugadores están más tiempo, dónde tienen más fallas o cuál es su posición de tiro más incómoda. Esto, a diferencia de lo que pasaba antes, se puede hacer en tiempo real”, subraya Vaisman.

La cantidad de información que se puede recopilar, almacenar y procesar es determinante para predecir, mediante pulseras inteligentes o GPS disimulados en la vestimenta, las lesiones de los deportistas, medir su aceleración, la distancia recorrida, las calorías consumidas, el nivel de cansancio o las zonas de la cancha en las que mejor rinden. Por caso, el Arsenal inglés instaló ocho cámaras que siguen cada paso de los futbolistas, recogiendo más de un millón de datos por partido. Por estos pagos, Ariel Holan sorprendió en su primera práctica al mando de Independiente, al utilizar drones que monitoreaban a sus dirigidos desde las alturas, para después analizar sistemas de juegos, tácticas y estrategias.

Eso sí, los especialistas coinciden en que la tecnología avanzó en cuanto a la capacidad para recabar datos, pero no así en lo que respecta a la capacidad de leerlos. En relación a ello, Vaisman comenta: “En consecuencia, hay una gran capacidad de almacenamiento, pero no se puede leer tan rápido la información”.

“Los autos que se conducen solos necesitan analizar miles de sensores y variables, tomar decisiones, comunicarse. Todo esto, que no solo modifica la realidad sino la sociedad, requiere Big Data”. Daniel  Yankelevich.
Capacitación: la clave
“Así como en el pasado, el uso de tecnología web nos invadió por completo, en unos años toda aplicación va a procesar cantidades enormes de datos, realizando análisis avanzados o usando técnicas de inteligencia artificial. El Big Data está posibilitando de forma más difundida el uso de técnicas de minería de datos e inteligencia artificial –aduce Yankelevich. Pero aclara–: No podemos saber hasta dónde llegará esta revolución, pero sí que, en algún momento, Big Data estará ‘adentro’ de los sistemas. Demos otro ejemplo: los autos que se conducen solos necesitan analizar y procesar miles de sensores y variables, tomar decisiones, comunicarse y comunicar lo que hacen. Todo esto, que no solo modifica la realidad sino la sociedad en general, requiere Big Data”.

Por su parte, Vaisman es cauto en cuanto a adivinar el horizonte de esta movida: “Estamos atravesando una etapa tumultuosa que, creo, dará sus buenos frutos. Pero no hay que sobredimensionar las expectativas. En la informática en general hay cuestiones legales que todavía no están resueltas. Las leyes se hicieron en momentos en que no existía ni la computadora, lo que hace que haya un atraso en ese sentido. Se tendrá que trabajar mucho en ese campo”.

Este gran avance que puede aprovecharse para prevenir delitos cibernéticos, ataques terroristas o fraudes bancarios, también puede fracasar en su labor si no está sujeto a regulaciones, si se basa en hipótesis erróneas o si no cumple con ciertos requisitos de seguridad informática (los datos personales digitalizados pueden copiarse y distribuirse globalmente, con riesgos de hackeos). 

Otros puntos fundamentales para sostener la evolución tecnológica del Big Data son el trabajo en equipo y la capacitación de quienes vayan a manejar estas nuevas tecnologías. “El trabajo en equipo es necesario para poder obtener los resultados que se deseen. Por otra parte, muchas empresas no logran formar equipos de datos porque no tienen la gente capacitada. Hay que instruir a esos equipos, y las universidades deben encargarse de ello: existe una necesidad muy fuerte de formación en recursos humanos –esgrime Vaisman. Y continúa–: Vivimos un período de confusión: se promete mucho, pero hay que demostrar que esas promesas pueden concretarse. Si estas herramientas se ponen en manos equivocadas, puede generarse el efecto inverso, con resultados  impredecibles. No se trata, simplemente, de apretar un botón y que una máquina haga las cosas. Tiene que haber alguien competente que permita explotar esos datos”.

¿Cómo se traduce esto? En que si se quiere examinar el tráfico aéreo, debe encararlo una persona preparada, apta para poder llevar esta tarea a cabo. “El éxito de quienes trabajan en Big Data radica en su capacidad de hacer cosas nuevas, y no en limitarse a explotar lo conocido. Todo está a nuestro alcance, pero hay que prepararse y tener ganas de asumir desafíos inéditos. De lo contrario, será como darle las llaves de un auto de alta gama a quien no sabe manejar”, concluye Vaisman.
El agro se suma a la tendencia
Veintinueve millones de euros. Eso se propuso invertir el Ministerio de Alimentación y Agricultura de Alemania en el programa "Big Data en la agricultura".

¿El fin? Lograr una producción más sostenible y respetuosa con el medioambiente, automatizar los procesos e incrementar la rentabilidad de las exportaciones. En la actualidad se está apuntando a lo que se denomina “Agricultura 4.0”: gracias al Big Data, se podrá analizar el cultivo que están levantando las cosechadoras y el funcionamiento de las máquinas. A su vez, robotizar algunas labores, hacer riegos localizados, y aumentar los rendimientos y la productividad (por ejemplo, manejando específicamente cada parte de un lote, adecuando la dosis de fertilización y densidad de las semillas). Por último, a través de un smartphone o una tablet, se pueden realizar análisis comparativos respecto de los rendimientos, evaluar las decisiones tomadas y optimizarlas a futuro.

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