Investigación


Pelota con perfume de mujer


Por Gustavo Sencio.


Pelota con perfume de mujer
El fútbol femenino crece a pasos agigantados en el mundo, y la Argentina no es la excepción. ¿Cuáles son las razones para que el fenómeno haya explotado en la actualidad? Casos y especialistas.

“El fútbol es mi vida”. La frase bien podría pertenecer a alguna estrella de Boca, de River, de la selección argentina o de algún club de renombre internacional. Pero no. La sentencia es de Belén Potassa, jugadora de fútbol femenino. Con apenas cinco palabras, la protagonista resume el sentimiento hacia un deporte que históricamente estuvo ligado al hombre, pero que, a pasos acelerados, también las conquistó a ellas. 

La historia de Belén siempre estuvo vinculada a la pelota. “Empecé a jugar a los cinco años, en Cañada Rosquín, un pueblo de la provincia de Santa Fe. Con mis sobrinos, entrábamos al club como mascotas del equipo de Primera. Un día fui a un entrenamiento, jugué, me vio el entrenador Claudio Didonato, y fue él quien habló con mis papás para que me dejaran sumarme. Mis compañeros de preescolar iban al mismo club. Comencé con ellos”, recuerda.

Pasaron los años, hasta que la liga local no le permitió seguir participando en el mismo equipo que los varones, y a los 12 tuvo que abandonar. Pero la revancha llegó cuando en su barrio se armó un equipo de mujeres. A su juego la llamaron. “Participamos en varios campeonatos, hasta que también se disolvió porque algunas de las chicas ya eran madres, y no podían organizarse con el trabajo y su familia –cuenta Belén, que también probó con el vóley, el tenis, el patín, la gimnasia, la natación–. Pero nada me gustaba como el fútbol”. 

La gestión salvadora la encabezó su mamá, quien encontró en Rosario Central un equipo de mujeres. Belén se probó… y quedó. Su rutina no era sencilla: de lunes a viernes estaba en su casa, en su pueblo, y los fines de semana viajaba 150 km de ida –y otros tantos de vuelta– para poder despuntar su pasión. “Eso lo hice durante dos años. Todavía estudiaba. Me quedé en Central hasta fines de 2005”, relata.

Su destino deportivo todavía le regalaría más desafíos, ya que llegó el llamado de la selección nacional de fútbol femenino, por lo que tuvo que viajar aún más. Su agenda se tranquilizó cuando San Lorenzo la convocó para que defendiera sus colores, y ahí pudo establecerse directamente en Buenos Aires. “Rendí todo quinto año libre”, aclara quien, desde 2006 y hasta 2010, integró los planteles juveniles y de mayores de la Argentina (participó de la delegación que intervino en Sudamericanos, los Juegos Olímpicos y el Panamericano).

Hoy, Belén estudia la carrera de Martillero Público, trabaja de recepcionista y entrena todas las tardes. “Es un sacrificio enorme, pero todo sea por mi amor al deporte. Ya me recibí de entrenadora, así que en el futuro también estaré vinculada al fútbol”, sintetiza.
Vencer los prejuicios
El vínculo de Marylin Defe con la pelota empezó a los doce años. Jugaba en el Iparraguirre Fútbol Club, de Grand Bourg, provincia de Buenos Aires. 
Terminó la secundaria y se recibió de profesora de educación física. ¿Por qué ese flechazo con la número cinco?
 
“Me gustó desde chica. En realidad, siempre me encantaron todos los deportes, aunque este siempre me tiró más. Jugaba con vecinos, amigas y con mis hermanas. Con ellas hasta armamos un equipo”, cuenta Marylin.

A los 24 años, se metió en el mundo del fútbol de la AFA, aunque no recibe sueldo ni beca. Hoy, trabaja en la escuela de Villa La Ñata (entrena a la categoría infantil de Futsal mixto), da clases de gimnasia en el mismo lugar y practica los martes y jueves por la noche. “Antes, el fútbol era muy machista. Los vecinos le cuestionaban a mi mamá que yo jugase porque parecía un hombre. A ella no le gustaban los prejuicios, pero mi papá siempre me defendió”, se enorgullece. Marylin considera que toda esta movida no detendrá su marcha. “En mi escuelita, asisten más chicas que chicos: son diez nenas y ocho nenes. El fútbol siempre es para divertirse, más allá de que sea un deporte competitivo. Tiene mucho de compañerismo. Solos no podemos hacer nada: necesitamos un equipo que nos respalde”, concluye.
Logros y deudas
Basta echar un vistazo por las canchas de fútbol 5 u 11, para observar el poder de penetración que está teniendo este deporte en el género femenino. “Las chicas de todo el país sienten mucha pasión por el fútbol: en todas las provincias hay categorías juveniles. Lo que todavía es una deuda es la formación –diagnostica Julio Olarticoechea, exdirector técnico de los seleccionados femeninos argentinos–. En la actualidad, estamos en el puesto 35.º del mundo. Venimos dando ventajas: un país futbolero como el nuestro no puede estar tan lejos de las potencias”. 

Este boom se refleja en los números: se calcula que alrededor de un millón de mujeres ya practican este deporte en las diferentes ligas del interior, torneos privados y campeonatos de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA). “La diferencia con el masculino es que se trata de un deporte que no está viciado ni en la cancha ni en el negocio. Aquí hay un fair play auténtico –explica Carolina García, Sport Marketing Executive y referente del fútbol femenino en el país. Y agrega–: Comercialicé el fútbol masculino durante 17 años. Vendía patrocinios, Copa Libertadores, Copa Sudamericana, Copa América, las Eliminatorias, etcétera. En paralelo, conocí hace cuatro años a Tatjana Haenni, directora de Competencias de FIFA, quien me empezó a formar para mostrarme cómo se desarrollaba el fútbol femenino en diferentes países, y qué debía hacer América Latina”.

García aclara que no tiene un vínculo formal con la AFA, con la Conmebol, ni con ningún club de la Argentina. “Hace dos años me postulé ante la FIFA para hacerme cargo de un estudio en un mundial femenino. Observé in situ todo lo que acontecía en el Mundial Sub-17 de Costa Rica”, acota quien acaba de proponerse llevar a cabo el congreso WomenIntoSports para unir a todo el deporte femenino (el objetivo es generar un espacio de debate, conocimiento, oportunidades y networking para empresarios, directivos, periodistas, deportistas, emprendedores, estudiantes y fanáticos).

“Hoy es el gran momento del fútbol femenino en América Latina. Creció de una manera exponencial: de las cinco canchas que puede haber en un complejo, tres están alquiladas por mujeres”, subraya García. Aunque advierte que para que la movida termine de expandirse en nuestro país, será fundamental la aplicación de una de las últimas disposiciones de la FIFA y de la Conmebol. “A partir de 2019, todos los clubes deben contar con un equipo femenino para competir a nivel Conmebol. Además, se están firmando los nuevos estatutos en AFA, en los que se está contemplando este tema”, instruye.

El objetivo mundial es ambicioso: llegar a treinta millones de mujeres futbolistas. “Nosotros ya tenemos un millón, y el promedio de las que participan en las competencias de la AFA es de veinte mil. ¿Qué sucede? La cifra total incluye a todas las que juegan fútbol femenino en las provincias, ligas privadas, torneos, clubes”, enumera Carolina. En el resto del país, la actividad parecería estar más arraigada que en la Ciudad de Buenos Aires. Por ejemplo, hace dos años, Salta contaba con doce ligas, en las que competían diez clubes en cada una (con planteles de, aproximadamente, veinte integrantes).
  
El que no termina de abrirles las puertas del todo es el fútbol profesional de la AFA. Por caso, clubes grandes como Racing no cuentan con un equipo de 11 de mujeres (solo tiene una división de Futsal). Por ahora, San Lorenzo, Boca y River se anotaron en esta disciplina, en tanto que Independiente acaba de retomarla.
 
La meta sería hacer una liga femenina de carácter nacional. Hasta el momento, las que forman parte del Consejo Federal no clasifican a la Copa Libertadores femenina: ese es un privilegio exclusivo para aquellos clubes que pertenecen a la AFA (la última edición de este certamen, que se disputó en diciembre pasado, se televisó por la cadena FOX. Por la Argentina participó, por tercera vez, la UAI Urquiza, que se unió a Ferro, el club campeón nacional).

Otro indicador contundente para completar el diagnóstico puertas adentro: la selección nacional de la especialidad no participa desde hace casi veinte meses en ninguna competencia internacional.

Fenómeno global  

La tendencia también se replica en países como España, Inglaterra, los Estados Unidos, Alemania y Francia. Según un informe presentado en el World Football Summit, por Pedro Malabia, director de Fútbol Femenino de la Liga Española, se trata de la actividad deportiva de mujeres que más creció a escala mundial en los últimos diez años.

De acuerdo con datos oficiales de la FIFA, hay 26 millones de mujeres en 180 países que juegan de forma regular. Solo en Europa, el número de jugadoras se multiplicó por cinco desde 1985, hay más de siete mil árbitros mujeres y veintiún mil entrenadoras. Asimismo, 53 países del Viejo Continente cuentan con selección nacional femenina, y 51 naciones organizan su propia liga de mujeres. En España, la cantidad de federadas pasó de 11.300 a 40.606, lo que indica un incremento de más del 300 % en apenas diez años.

El primer Mundial femenino tuvo lugar en 1991, en la China, donde 45 selecciones disputaron la fase de clasificación. En 2015, este número se triplicó, con 128 combinados que compitieron por una de las 24 plazas disponibles para la fase final en el Canadá. A la cita máxima, hay que sumarle la Euro Femenino, y los Juegos Olímpicos, que desde Atlanta 1996 incluyen la disciplina en su programa.

El fútbol inglés es un claro ejemplo del boom. La excelente organización de su torneo femenino se refleja en la cantidad de personas que asistieron al mítico estadio de Wembley para ser testigos de un amistoso entre el combinado local y Alemania: cuarenta y cinco mil almas. Además, el año pasado se registró un aumento del 30 % en el número de seguidores. 

¿A qué se debe ese crecimiento? Hay varios factores, entre ellos la repercusión mediática (lo televisan a través de la cadena Sky Sports), la reestructuración de su liga y el paso hacia la profesionalización que dieron sus clubes, tratando a las mujeres de igual manera que a los hombres. Ocho equipos integran la WSL 1 (Womens Super League) que se disputa entre marzo y noviembre. “Uno de los motivos por lo que se juega en esas fechas es para atraer a más simpatizantes durante el verano, ya que son meses en los que no hay fútbol masculino y el clima es mejor que en invierno”, argumentó Juan Carlos Amorós, entrenador del Tottenham Hotspur Ladies.

Si ampliamos la mirada hacia nuestro continente, Chile aparece como un buen botón de muestra. Actualmente, el campeonato nacional de mujeres se divide en dos zonas, centro y sur, y cada una cuenta con diez equipos. El torneo se disputa a una rueda, en la cual se clasifican a los playoffs los primeros cuatro de cada zona. Como se observa, la pelota no para de rodar, sea en el país trasandino, en Inglaterra o en la Argentina. Nada más que ahora viaja de arco a arco con perfume de mujer.
De jugadora a entrenadora
“Nos abrieron las puertas a las chicas”, destaca Evelina Cabrera, exjugadora,  entrenadora de un equipo de Futsal femenino en Villa la Ñata y de un combinado del sindicato de Obras Sanitarias, y directora de su propia escuelita, llamada “Evca” (cuenta con el apoyo de Boca Juniors). “Antes, el fútbol femenino era para el potrero; hoy, tenemos canchas de fútbol 5. Se está aceptando que la mujer también juegue. Los padres son más permeables a que sus hijas lo practiquen. Si una nena quería jugar al fútbol, la mandaban a hacer hockey. ¡Y son dos deportes de contacto! Lo que pasa es que se lo consideraba de hombres. Eso ya no corre más —comenta Evelina. Y profundiza—: El fenómeno explotó hace cinco años y no para de crecer. En la actualidad, existen categorías hasta para las más chicas. La mujer se liberó. En otros tiempos, era muy pesada la mirada sobre nosotras: ni siquiera podíamos opinar sobre el tema. Por suerte, las nuevas generaciones son más abiertas. El fútbol es un deporte y no una condición masculina o femenina”.

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