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Abrazando las olas


Por Daniela Calabró.


Abrazando las olas
Cada vez se ve más gente practicando surf en las costas argentinas. Grupos de chicos y grandes conviven en este deporte que fomenta el contacto con uno mismo y el cuidado del medioambiente.

Es como la mafia. Una vez que estás adentro, no hay manera de salir”, compara Robert Kelly Slater, el famoso surfista de Florida que se alzó once veces el campeonato del mundo.

Su cualidad magnética y esa seducción que se transforma en vicio son las razones por las que cada vez más y más personas deciden animarse a bailar con las olas sobre una tabla de surf.

“En la última década, el surf en la Argentina tuvo un crecimiento enorme; se profesionalizó como deporte y, muchas empresas, asociaciones y entidades deportivas comenzaron a apoyar surfistas para que asistan a competencias en el ámbito local, nacional e internacional. Hoy tenemos campeones en el circuito latinoamericano y en el mundo”, cuenta Pablo Stocco, presidente de la Asociación Geselina de Surf.
  
Pero el auge no se vio reflejado, únicamente, en los deportistas de elite. Basta caminar las playas de nuestra querida Costa Atlántica para descubrir que en los paradores hay cada vez más tablas junto a la orilla y más instructores con grupos de alumnos ávidos por aprender el arte de surfear.
 
“Hoy, en la Argentina, hay miles de personas de todas las edades y sexos que lo practican. Este crecimiento tiene que ver con que solo necesitás una tabla y ganas de divertirte con las olas”, comenta Gustavo Huici, Director Ejecutivo de Surfrider Foundation Argentina.
 
Daniel "Peche" Pezzente, dueño y fundador de la escuela de Surf Miramar, ubicada en el Parador Peche, se suma: “Desde nuestros inicios, notamos un crecimiento masivo de este deporte. Creo que lo que lo hace tan atractivo es que se trata de una forma de vida que te conecta con la naturaleza y con vos mismo. Y, a su vez, que todos podemos surfear, ya que este deporte no tiene límites de edad. La única condición es tener muchas ganas de practicarlo”.

Stocco agrega: “La relación que establece un surfista con el mar es única, y esa conexión atrapa desde un primer momento a muchas personas que llegan a la playa y se animan a hacer sus primeras experiencias en las escuelas de surf”.

Hay pocos deportes que padres e hijos pueden practicar con total libertad e igualdad de condiciones. El surf es uno de ellos y la prueba está a la vista.
“Cada vez son más los chicos que se acercan con sus papás a practicar surf y vivirlo como un programa para compartir”, relata Pezzente. Las mamás tampoco se quedan afuera: “Varios años atrás casi no había mujeres que practicaran este deporte; en el agua, se veía una mujer y diez hombres. Hoy en día, a veces entrás al mar y ves más chicas que hombres”, agrega.

En muchos casos, son los más chiquitos de la familia los que incentivan a los papás: “Sienten el mar como un parque de diversiones gigante, ¡que además es gratuito! Y les gusta aprender, porque lo hacen a partir de la repetición y van viendo sus logros”, asegura Huici. En otros casos, son los adultos los que transmiten el amor por la actividad: “El surf tiene mucha magia. Cuando lográs pararte sobre la cresta de la ola, experimentás la sensación más linda que se puede atravesar.  Eso hace que no dejes de practicarlo jamás y que quieras que tus seres queridos lo vivan también”, resume Pezzente. Eso sí: es fundamental que los primeros pasos se den de la mano de un profesor. “Los instructores son una pieza fundamental. No solo para enseñar las técnicas, sino también para dar un mensaje sobre el deporte, el cuidado y el respeto al mar. También son los encargados de transmitir que el cuidado del agua y de las playas dependen de nuestro estilo de vida diario”, detalla Stocco. 
El territorio indicado
“Si se tiene en cuenta que la mayor parte de las costas no produce buenas olas surfeables, su existencia las convierte en un elemento excepcional. Este es el caso de la costa marítima de la provincia de Buenos Aires, donde algunas localidades se encuentran en una posición privilegiada respecto de otros lugares del mundo desde el punto de vista de sus ondulaciones oceánicas –introduce Huici, mientras resalta que Mar del Plata es uno de los puntos ideales–: Está ubicada en la terminación del Macizo de Tandilia, en el océano Atlántico, a solo 210 km de la terminación de la plataforma continental y el comienzo del abismo del océano Atlántico. Por eso, allí rompen olas de clase mundial, que provienen de ondulaciones oceánicas que viajan miles de kilómetros y rompen desde cualquier cuadrante y con cualquier viento”.

Otro aspecto positivo de nuestra costa es que es menos peligrosa que otras debido a su tipo de suelo: “Nuestras playas tienen fondo de arena, lo que hace que el surf no sea un deporte de riesgo”, asevera Pezzente.

La superficie arenosa también tiene otros beneficios. Stocco explicita: “La forma que adquiere la costa en ciertos sectores de nuestras playas hace ideal el terreno para la formación de bancos de arena. Todos los que hay en nuestra inmensa línea costera dan al oleaje un muy buen aspecto para la práctica del surf”.
Más que un deporte
Además de entretenerse, cuidar el cuerpo y despuntar el vicio sobre la tabla, los surfers encuentran en esta actividad toda una filosofía de vida.

“Desde que nos levantamos, pensamos en disfrutar el sol y el mar, porque este deporte logra fusionar lo espiritual con lo natural. Surfear significa, también, proteger el medioambiente y las playas, tener una alimentación sana y estar preparado físicamente”, describe Pezzente.

“El vínculo que uno logra con el mar se fortalece día a día, porque lleva a que tu mente esté en constante sintonía con las corrientes marinas, los vientos y las fases lunares que pueden hacer que ese día de surf sea inolvidable. El medioambiente que nos rodea se palpa con mucha más fuerza al convivir con él –describe Stocco. Y concluye–: Además es un deporte que te invita a cambiar rutinas nocivas y a tomar conciencia de tu cuerpo en pos de un mejor rendimiento dentro del agua. Esto conlleva, inevitablemente, a una mejor calidad de vida”.
 
Gustavo Huici brinda algunos consejos para quienes quieran hacerse amigos del surf: “El primer paso es saber nadar. El segundo, conseguir una tabla que se adecue a nuestro cuerpo, que flote bien y que sea estable para poder aprender. Luego, tomar una clase para incorporar la técnica, que es muy sencilla, y conocer la dinámica del mar. También debemos ser prudentes, saber nuestras limitaciones, ir al agua siempre acompañados y no entrar si hay tormenta o lluvia. Es una buena opción preguntar al guardavidas por las condiciones del mar u observar las banderas. Lo demás es práctica”.

Saber observar el mar es una de las claves de todo buen surfer, ya que las olas no son las mismas a toda hora del día. Pablo Stocco resalta algunas claves: “Las mejores olas se forman cuando la corriente marina viene del sector sur y se cuadra con el viento del oeste, también llamado viento de tierra. Por lo general, las condiciones más favorables se dan por la mañana y al caer la tarde. Pero esto depende también de las mareas. Para los más aficionados al deporte, hay buscadores de olas que pueden acertar cuál es el mejor día y horario para surfear. De todas formas, para los que amamos este estilo de vida, es suficiente el hecho de bajar a la playa y compartir con amigos, sin importar las condiciones del mar”.

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