Entrevista


“El amor es el motor de la vida”


Por Sol Oliver.


“El amor es el motor de la vida”
Con más de dos millones de libros vendidos, Florencia Bonelli es una de las escritoras más leídas. Sus historias atrapan y las “bonellistas” se reparten por todo el mundo.

Cuando habla de novelas románticas, de los nudos que el destino ata y desata a través de cada página, de los personajes, de sus historias, de la época que a cada uno de ellos le toca vivir, Florencia Bonelli se apasiona y genera un magnetismo difícil de explicar. No se la puede dejar de escuchar como tampoco se la puede dejar de leer. Quizás, por eso, la charla se vuelva tan atrapante al repasar varios de los títulos con los que se consagró como una de las escritoras de habla hispana más leídas y un referente del género. Quizás, por eso, haya cosechado miles y miles de lectoras –hoy "bonellistas" conversas y verdaderas fans– en poco tiempo. Desde que publicó su primer libro en 1999 –Bodas de odio– hasta hoy, la escritora cordobesa lleva vendidos más de dos millones de ejemplares no solo en la Argentina, sino también en España, México, Perú, Chile, el Ecuador, los Estados Unidos y el Uruguay, lugares en los que, además, hay clubes de lectura que llevan su nombre y que tienen su versión virtual en blogs y redes sociales.

Bonelli no sabe si hay un verdadero porqué como telón de fondo, como respuesta. Cree en la magia. Cree en dejarse llevar por lo que dicta el corazón. Cree que un libro, a veces, puede tener un poder transformador. Tenía diez años cuando leyó la primera novela romántica que le regaló su padre, Jane Eyre, de Charlotte Brontë y descubrió ese vínculo "encantador" que se produce entre el libro y el lector. Era de la colección Robin Hood y venía con ilustraciones. La imagen del beso entre los protagonistas fue como un imán: no podía dejar de verla ni de emocionarse.

"Ese libro, como te digo, marcó un antes y un después. En ese momento no fui consciente de que tenía una novela romántica en mis manos, seguía leyendo lo que mi padre me traía. Un día Tom Sawyer, otro día las Fábulas de Esopo y así sucesivamente", recuerda Bonelli y su acento cordobés logra traslucir la sensibilidad que lleva consigo, quizás la misma que vuelca en sus obras y la que evoca cuando habla de sus personajes como "sus hijos".

Durante la charla, cuenta que se piensa a sí misma como una lectora que escribe y no como una escritora a secas. Dice que ama leer y que escribe las historias que a ella misma le gustaría descubrir en un libro, por eso se identifica con sus seguidoras. "Como mujer que soy, estoy en sintonía con el resto de mis congéneres. Nuestra naturaleza "venucina" hace que nos atraigan las historias de amor. Creo que la sintonía se da porque me considero una más de ellas", se confiesa.

Pasaron muchos años desde Jane Eyre: terminar el colegio, cursar la carrera de contadora en su Córdoba natal, ponerse de novia con su actual marido y mirar varias veces la biblioteca de su suegra hasta encontrar el lomo de un libro chiquito –del tamaño de un pocket– en uno de los estantes. Y entonces… el clic. Ese ejemplar de El Árabe de Edith Hull fue el que la llevó a dejar los números, ponerse a escribir y transformarse en un verdadero fenómeno de la literatura romántica. "Me impactó y me cambió la vida. Fijate el poder de transformación que puede ejercer un libro", subraya.

–Puede ser un libro, pero el amor transforma la vida...
–Absolutamente, aunque hay personas que no se permiten amar ni ser amadas. Entonces, cuando agarran una novela romántica, me dicen: "Ahora volví a creer en el amor. Ahora desaté muchas trabas. Ahora aprendí a comprender al otro, aprendí a perdonar". Te lo digo porque tengo un contacto muy fluido con mis lectoras que me lo cuentan muchísimo y más por la Trilogía del perdón, la última que publiqué. Entonces muchas veces tenés el amor enfrente, pero no lo podés ver porque interponés velos, prejuicios, complejos. La palabra escrita, no sé por qué, tiene una cierta "autoridad" a la hora de tocar algunos temas.

–También en la lectura hay una cuestión liberadora, ¿no?
–Absolutamente, dejás fluir tus fantasías. Entonces te permitís sentir muchas cosas que, a lo mejor, te prohibís en la realidad. Mucha gente con los libros desata nudos terribles, me lo cuentan las lectoras, me mandan mails y cada vez que me llegan mensajes de este tipo yo toco el cielo con las manos. Imaginate la felicidad que me da saber que una de mis novelas ayudó a una persona que estaba angustiada, que tenía algún problema. Entonces sí, el amor te cambia, a veces no nos permitimos amar.

–En la vida, como en la ficción, las historias están atravesadas por circunstancias problemáticas. La diferencia es que en los libros suele haber un final feliz, pero en la vida no siempre es así...
–Porque los seres humanos somos muy complicados. Hay dos cuestiones, una es que las personas muchas veces toman decisiones insensatas y la otra es que solemos quedarnos con lo fácil, no nos gusta luchar, nos cuesta ceder, somos orgullosos. El amor no puede vivir así, necesita el oxígeno que le da la paciencia, la tolerancia. Por supuesto, no hablo de casos extremos como si estás viviendo con un psicópata golpeador. Pero si estás con una persona que amás, que podés tener diferencias, también hay que saber ceder algunas veces. Las relaciones se construyen en el día a día.

– ¿Hay un resurgimiento de la novela romántica?
–Sí, y creo que le va a hacer bien a la gente porque habla del amor, que en definitiva es el verdadero motor de la vida. Y yo siento que tengo que transmitir un mensaje de esperanza, por eso siempre termino mis historias con finales felices. De alguna manera, los personajes pasan a ser hijos míos, por eso me resulta tan difícil cuando los tengo que hacer vivir situaciones cruentas. Por supuesto que son parte de la trama, pero las resuelvo, porque siento que el final tiene que ser esperanzador. En este momento, en mi presente, no podría escribir de otra manera y espero no cambiar nunca de idea.
Investigar para escribir
No solamente el romanticismo, los personajes capaces de atravesar las pruebas más duras y el triunfo del amor son el punto fuerte de Florencia Bonelli como creadora de ficción. Cada una de sus novelas está atravesada por diferentes períodos y acontecimientos históricos de la Argentina y del mundo, desde el siglo XVIII hasta el XXI. Los contextos están colmados de detalles precisos. Florencia retrata, a la perfección, las costumbres, las vestimentas, las formas de dirigirse unos a otros. Dedica desde un año y medio a dos a la investigación de cada contexto. Su narrativa queda, entonces, enriquecida y dotada de una gran verosimilitud.

"Me lleva más tiempo la investigación que el proceso de escritura en sí mismo. Cuando te sentás a escribir necesitás una cantidad de detalles que deben ser exactos si querés construir una buena historia –explica y rememora–: Cuando escribí Bodas de odio, leí los libros de José Mármol, un escritor de los tiempos de Rosas. Ahí capturé el lenguaje que utilizaban en ese entonces, las prendas que usaban, lo que comían. Leo muchísimo. Los libros escritos en la época de la que quiero hablar son la mejor fuente. Si te basás en ellos, no tenés margen de error".

El trabajo de Bonelli por estos días está volviendo a la trilogía Caballo de fuego, que está ambientada en tres escenarios: París, Congo y Gaza, respectivamente, en el marco del conflicto palestino-israelí y con una amenaza atómica latente. Está escribiendo la continuación, pero el eje principal ya no está puesto en los protagonistas, Matilde y Eliah (una joven médica argentina y un poderoso empresario emparentado con la familia reinante de Arabia Saudí), sino en una amiga de ellos, "la Diana".

–Además de todo el proceso de investigación, de creación, de hacer vivir a los personajes tantas situaciones, ¿qué te pasa cuando terminás un libro, hacés un duelo?
–Sí, me cuesta mucho. Cuando lo termino de escribir empiezo a leerlo otra vez. Primero para corregirlo –esa es la excusa–, pero en realidad, es porque me cuesta dejarlos ir. Es muy fuerte. Hasta que no empiezo a escribir una nueva novela, me resulta muy duro. Cuando extraño mucho a los personajes, voy, agarro el libro y releo ciertas escenas que me gustan. Me pasa mucho ahora con La tierra sin mal, que fue el último libro de la Trilogía del Perdón. Igual, sé que con el transcurso de "la Diana" se me va a ir pasando.

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