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Que la fiesta no termine


Por Daniela Calabró.


Que la fiesta no termine
Llega fin de año y el calendario se llena de festejos. A la Navidad y el Año Nuevo les sumamos despedidas con amigos, graduaciones, baby showers… ¿Será que cada vez celebramos más?

Que la agenda nos muestra más eventos que antaño es un hecho.  Ya no celebramos solo las Fiestas, las bodas y los cumpleaños, sino que a la lista se suman los aniversarios, los baby showers, las graduaciones y muchos etcéteras, y todo a “puro trapo”.  Es que este siglo, además de ser el de las comunicaciones, es el de los festejos. 

“El acto de celebrar se relaciona con estar atravesando un cambio, ya sea la obtención de un título, el nacimiento de un hijo, la radicación en otro barrio, entre tantos otros sucesos –introduce la psicóloga y coach Viviana Blas–: La celebración nos sirve para tomar plena conciencia de ese hecho importante y nos ayuda en la transición entre el antes y el después, marcando el final de una etapa y el comienzo de otra. También, el hecho de festejar nos permite saborear ese suceso significativo con una mayor intensidad”, agrega la especialista.
 
Alicia Dellepiane, psicóloga especializada en desarrollo humano, propone profundizar el modo en que celebramos: “Hay, por lo menos, dos niveles de festejo. Uno de ellos jerarquiza la forma: quién hace la fiesta más grande, con el mejor vestido, la comida más espléndida y los detalles que más impacten en los invitados. También hay festejos entrañables, en los que lo mínimo se convierte en máximo, en los que el encuentro humano entre los invitados está por encima del manjar, el DJ y el mantel –sentencia. Y agrega–: Afortunadamente, a veces, ocurre que los dos niveles se unen en una placenterísima celebración, que convierte el nivel bidimensional en uno tridimensional en el que los afectos, la alegría por el motivo del festejo y el encuentro mismo dan profundidad a la situación”. 
La era de los placeres
Los jóvenes de estos tiempos no le dan muchas vueltas al asunto: venimos a esta vida para disfrutarla. El home office, los viajes por doquier o el amor por la buena gastronomía son todos síntomas de un modo de vivir que reina por estos días. ¿Será por eso, también, que en cualquier acontecimiento encontramos una buena excusa para festejar?

“Recuperar la capacidad de celebrar le devuelve magia a la vida. Los chicos suelen estar en un estado festivo permanente. Jugar a la pelota es una fiesta, disfrazarse de princesa lleva a un mundo mágico, preparar una torta con la abuela es una celebración en sí misma. Pero pareciera que los adultos necesitamos más que eso. El paso del tiempo, lo vivido, las frustraciones o el cansancio nos sacan de ese estado en el que casi todo puede ser motivo de festejo”, detalla Dellepiane.

Blas se suma: “En estos tiempos, en los que vivimos con tanta celeridad, pareciera que los sucesos importantes de nuestra vida pasan con demasiada rapidez. En nuestro intento por aprehenderlos, realizamos un festejo en el cual se hace presente la emoción por lo acontecido. Los sucesos que son vividos con emoción quedan registrados con mayor fijación en el archivo de nuestra memoria”.

Pero “ojito”, porque como advierten las especialistas, vivir el presente es la mejor de las experiencias cuando se hace a conciencia y con integridad. En caso contrario, puede transformarse en una banalidad.

“Nuevamente estamos frente a dos dimensiones: una en la que disfrutar puede ser evadirse con un poco de alcohol y música bien fuerte; y otra de un disfrutar profundo, en el que están todos los sentidos y se incluye el alma. Lo bueno es que depende de nosotros elegir el mejor de los festejos, el que mejor nos expresa y nos hace más felices”, sentencia Dellepiane. 
El empujoncito para seguir
Muchas veces, los cambios de década generan crisis o temores, la llegada de un bebé da incertidumbre y un logro académico o laboral nos imprime el vértigo de las nuevas responsabilidades. En ese contexto, festejar también es una forma de dar la bienvenida a lo nuevo con los brazos abiertos.
 
“El acto de festejar mantiene encendida la llama de la motivación, estimulándonos a ir por más logros. Celebrar un suceso que consideramos de relevancia aumenta nuestra motivación para seguir adelante en la consecución de los objetivos que deseamos –explica la licenciada Blas y prosigue–: Frente a un cambio de década, por ejemplo, celebrar puede ayudarnos a proponernos vivirla con mayor optimismo y a establecer nuevas metas. Si a esos momentos, o a nuestros logros, los pasamos por alto y los tratamos de una manera neutra, llegará el día en que nos sentiremos desmotivados y perderemos el gusto por las cosas que nos motorizan”.
 
¿Un motivo más para empezar a organizar una fiesta? Que nos conecta con lo importante de la vida: “Celebrar nos llena de energía porque nos recuerda los aspectos positivos de nuestra existencia, reconociendo logros, afectos, buena salud y, por qué no, el trabajo. Festejar es expresar nuestro sentimiento de gratitud”, afirma Blas.
 
“¿Qué pasa si en realidad estamos aquí para celebrar la vida? –se pregunta Dellepiane. –¿Qué pasa si en vez de buscar ‘grandes’ motivos celebramos cada día la calle arbolada por la que pasamos, el café con una amiga, el saludo al vecino que hemos visto mil veces o la cena con la familia?”. La respuesta se la da ella misma: “Celebrar puede convertirse en una forma de vida, que en un círculo benigno modifica la percepción de lo que ocurre y crea más motivos de celebración. Y en cada uno de nosotros, el hogar de la celebración es el propio corazón: un corazón que ama en lugar de uno partido. Desde ese lugar, sin dudas, todo se disfruta más”.
Lo que se viene
“Desde hace unos años, las fiestas comenzaron a desestructurarse. Con esa nueva onda relajada, la creatividad desplegó sus alas para dar forma, por ejemplo, a casamientos más íntimos, aunque tengan 500 invitados. Esto no quiere decir que haya que invertir más dinero, sino dar lugar a la imaginación para personalizar cada detalle de la fiesta”, comenta Patricia Gómez Villafañe, coordinadora de contenidos, desde el año 2000, de la revista Propuestas & Servicios para casamientos y una auténtica entendida en el mundo de los eventos.

Algunas de las ideas más innovadoras están íntimamente ligadas a la tecnología: “Las cabinas tipo photo booth ya son un clásico, y las fotos que se sacan durante la fiesta se suben en vivo a las redes sociales, a través de hashtags en Instagram y Facebook. Por otro lado, el cotillón es reemplazado por todo tipo de leds y se están usando muchísimo los Beauty Corners, rincones en donde las invitadas pueden sentarse a retocar su makeup con maquilladoras contratadas para que nadie pierda el look perfecto durante la noche”, agrega. En cuanto al cátering, lo que manda es alejarse de la formalidad. Así lo explica Gómez Villafañe: “Cada vez se lo elige más relajado, para que los invitados puedan servirse y no estar sentados esperando a que los atiendan. Y hay una gran variedad de comidas, que incluyen, por ejemplo, menús veganos”. La decoración no se queda atrás y también marca tendencia, con elementos reciclados, como frascos a modo de centro de mesa o pizarrones que indican los diferentes momentos de la fiesta. “También se usan banderines para emular lo que serían las viejas kermeses de nuestra infancia, globos, mandalas, letras corpóreas  luminosas, regaderas, y hasta teteras de porcelana que dan un aire vintage al salón”, detalla. ¿Un dato más? Cayeron en desuso los clásicos rituales como las cintas en la torta de bodas o las ceremonias de las ligas, pero pican en punta algunas costumbres extranjeras, como las damas de honor que acompañan a la novia. Gomez Villafañe concluye: “Sean cuales sean las ideas elegidas para cada evento, la clave es que la diversión no se corte; para eso, el baile, la barra de tragos y el DJ son lo principal y en donde más se invierte como garantía de éxito”.

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