Entrevista


De tal palo...


Por Juan Martínez.


De tal palo...
Hija del multifacético Mex, Violeta Urtizberea se consolida como actriz. En el 2016 brilló en tele y en teatro, y este año volverá a la productora de Suar para protagonizar un unitario.

Por la casa desfilaban chicos y chicas disfrazados, intentando demostrar su soltura ante la cámara, tratando de convencer a los productores de que eran los indicados para formar parte del programa. A un costado, la hija del conductor miraba todo con los ojos bien abiertos, sonriendo divertida ante la situación. Ella estudiaba teatro, y le daban ganas de entrar en acción, pero no se animaba a decirle a su papá que la incluyera en el proyecto.

“A él nunca le gustaron los caprichos ni las demandas, así que yo siempre fui muy cuidadosa con eso. Me moría de vergüenza de solo pensar en pedirle algo. Un día tenían que hacer como un talk show para el que necesitaban muchos chicos, y ahí me preguntó si quería participar. Le dije que sí, y después empecé a meterme un poco más. Se dio de manera natural”, recuerda Violeta Urtizberea sobre aquella niña que fue y que con diez años debutó en Magazine For Fai, el mítico programa que conducía su papá, Mex.

–En ese momento, ¿soñabas con un futuro de actriz?
–Pensaba en diez mil millones de profesiones, pero, cuando fui un poco más grande, me di cuenta de que todas mis ideas las pensaba desde el lado de la actuación. Por ejemplo, me imaginaba médica, pero porque me gustaba ponerme el guardapolvo y que me saludaran con un “Hola, doctora”.  O abogada, defendiendo a alguien en un juicio.

–Fantaseabas con “hacer de…”. 
–Exacto. Después supe que lo que realmente quería era interpretar esos papeles, pero no dedicarme verdaderamente  a la medicina o a la abogacía.

Dos décadas más tarde, Violeta es una de las actrices más versátiles del espectáculo nacional. Confiesa que cerró un año que, según sus propias palabras, “se fue armando sobre la marcha”. Es que en febrero solo tenía la certeza de que grabaría una participación de tres capítulos en Educando a Nina, pero “La Negra” Graciela, su personaje, pegó tanto que terminó siendo parte fundamental de la tira que lideró el prime time televisivo. En agosto, además, sumó una función semanal de Despierto, la obra de teatro independiente que protagonizó junto a Iair Said y Juan Barberini.
 
Esa cuota de incertidumbre que implica terminar un trabajo y no saber cuándo ni cómo será el próximo es propia de su oficio. Con tantos años en el medio, Violeta lo tiene asumido, aunque no deja de ser un problema permanente por resolver. “Tengo épocas en las que me lo tomo mejor y otras en las que me pega un poco más. Depende cómo estoy conmigo misma. Si me agarra un poquito más insegura, me puede llegar a movilizar. No me afecta lo inconstante ni el hecho de que todo el tiempo comience y termine algo –que sé que puede llegar a enloquecer a mucha gente–, pero sí la idea de estar pendiente de que me llamen, de que me convoquen. El futuro laboral del actor lo determina la mirada del otro, la decisión de los demás. Por eso, siempre trato de hacer cosas que tengan que ver con la autogestión”, analiza.
Influencias y burbuja
La relación con su papá, más allá del debut actoral, siempre es tema de charla con Violeta. Ella contó más de una vez que, para poder desarrollarse, decidió, durante muchos años, no trabajar en proyectos donde estuviera él (se reencontraron en aquel exitazo que fue Graduados).

– ¿Cuánto influyó tu papá para que fueras actriz?
–Es difícil responder esta pregunta. No lo sé, fue algo que sucedió indirectamente. Mi papá no me sentó y me habló del arte: yo lo veía. Me sale decir que no decidí ser actriz por él, pero, a la vez, seguro que fue así, sobre todo por lo que pasó con For Fai. Mi papá empezó a actuar de grande, no se considera actor. Por ahí ahora se lo cree un poco más que antes, pero siempre renegó bastante de eso. Él es músico. Mi mamá sí era actriz cuando yo era chica, aunque hace mucho que trabaja como asistente social. Estuvo casada con Fernán Mirás. Yo siento que heredé la veta actoral de ellos dos, y no tanto de papá.
 
– ¿El trabajo de tu mamá te acerca a otras realidades?
–Totalmente. Ella es muy fuerte y está preparada para afrontar situaciones complicadas, terribles. Ahora forma parte de un grupo interdisciplinario que evalúa a los presos a los que se les da la libertad condicional. Es un lugar común lo que voy a decir, pero cuando me cuenta cosas de su trabajo, pienso que soy una privilegiada. Hay un nivel de enajenación muy grande en algunas familias, situaciones de donde es muy difícil que salga algo bueno. Ahí se explica todo. Hay historias muy fuertes, muy pesadas. Está bueno escucharlas, para no mirar para otro lado.

–Es más sencillo mirar para otro lado…
–Sí, sobre todo en mi mundo, que es re frívolo en muchos aspectos y, por momentos, te ciega. Hay que conocer otras realidades, porque, de lo contrario, vivís en tu burbuja. Todos los ámbitos son endogámicos, y algunos cachetazos son más que necesarios.
Salir de la cáscara
La vida de Violeta siempre estuvo ligada a la actuación. Después de For Fai hizo numerosas apariciones en diferentes tiras y unitarios, y protagonizó diferentes obras de teatro independiente. En la última década, sus personajes en televisión adquirieron mayor despliegue, y sus papeles le permitieron ganar, entre otros premios, dos Martín Fierro (como “Artista revelación”, por Lalola; y como “Actriz protagonista de comedia”, por Enséñame a vivir). También hizo pie en cine, donde se destacó en Las insoladas y Voley.

–Siempre dijiste que el teatro independiente te permite un desarrollo distinto. ¿Lo tomás como una especie de respiro de la televisión?
–Sí, totalmente. Ojo, hacer televisión me encanta, pero me parece que está muy bueno desenvolverse en otros ámbitos. Cada uno te da una cosa distinta; es como un equilibrio. En la TV, lo que importa, finalmente, es que el formato sea productivo y pueda vender bien. En el teatro independiente eso es lo menos relevante: lo que interesa es la búsqueda artística. Es un espacio en el que yo decido qué hacer, cómo hacerlo, cómo abordarlo. Ahí no rigen las leyes del mercado. Yo lo necesito.

–Pero mantenés un pie en cada lado.
–Sí, primero porque la tele te da dinero y de algo tenés que vivir. Pero, a su vez, porque tiene algo que está muy bueno y es que te da entrenamiento: actuás muchas horas todos los días, tenés que aprender a resolver cosas a cada instante. Lo que sucede es que si hacés solo televisión es medio como una cáscara, hace falta tener otro espacio donde profundizar un poco más.

Violeta asegura que terminó de confirmar su deseo de ser actriz a los dieciocho años, luego de pasar por empleos donde no experimentaba lo mismo que sobre un escenario o en un set de filmación. “Fui mesera y promotora, y la pasaba re mal, era una tortura para mí. No le podía encontrar la gracia a esos trabajos. Hay gente que se adapta a todo y termina matándose de la risa; me hubiese encantado que me pasara eso, pero yo lo sufría, no quería estar ahí. En cambio, actuando me pasaba todo lo contrario; entonces, me propuse dedicarme a eso cien por ciento. Me di cuenta de que era lo que más disfrutaba hacer”, repasa.

Durante un tiempo, intercaló la facultad con sus estudios y trabajos como actriz. Cursó dos años de Psicología, hasta que sintió que no podía dedicarse como lo merecía la carrera. Las tablas volvieron a concentrar casi toda su atención y a reclamar el primer lugar en su orden de prioridades. Desde ese momento, satisface sus intereses académicos realizando cursos de filosofía y literatura, o participando en charlas abiertas sobre la temática.

– ¿Y por qué te gusta actuar?
–Es como preguntar “¿por qué amás a alguien?”. No sé, no lo puedo dejar de hacer, es inevitable… No lo sé explicar. Me pasa que cuando no actúo durante mucho tiempo estoy insoportable, hasta hago escenas en mi vida personal (risas). Hay cosas que necesitás hacer, y yo necesito actuar. Es eso: una necesidad.
“No soy muy estratega”
Violeta Urtizberea formará parte del nuevo unitario de Pol-ka, productora en la que obtuvo su primer rol protagónico en Enséñame a vivir, en 2009. Desde ese momento, su nombre siempre estuvo asociado a Underground, la otra gran productora de ficciones, donde hizo Lalola, Graduados, Viudas e Hijos del rock and roll y Educando a Nina. 

“¿Por qué el cambio de productora? En realidad, no soy muy estratega. Me ofrecieron esto, me gustó, me dieron ganas de hacerlo… Tuve muy buenas experiencias en ambos lugares. Les tengo cariño a las dos –sostiene Violeta. Y revela lo que tiene en cuenta a la hora de aceptar un proyecto–: Es medio intuitivo: me dan ganas o no de hacerlo. A veces, la propuesta está buena, pero me da fiaca. Y quizá aparece otra que no pinta muy bien, pero acepto. Me recontra equivoqué negándome a cosas a las que después les fue increíble, pero no me arrepiento. Por algo no me daban ganas de hacerlo. Por otra parte, los compañeros son fundamentales. Es muy importante saber con quién voy a actuar, porque son ellos los que harán que todo sea más ameno. El momento de decisión es difícil, de mucho estrés”.

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