Educación


Deberes, ¿sí o no?


Por Dolores Gallo..


Deberes, ¿sí o no?
Año a año, el tema de las tareas escolares enciende el debate. Los expertos dicen que, en su justa medida, son beneficiosas para los alumnos. Los padres protestan.

Huelga de trabajadores, huelga de estudiantes, huelga de hambre... Pensamos que lo habíamos escuchado todo en materia de paros. Pero no. España ha sorprendido recientemente con una huelga de deberes organizada por los padres, hartos de que las tareas escolares les invadan los fines de semana y con el argumento de que vulneran el derecho de los niños al esparcimiento, al juego y a participar en las actividades artísticas y culturales. Así, bajo el hashtag #NoalosDeberes, y apoyados en el lema de que “En la escuela falta una asignatura: mi tiempo libre”, la Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres del Alumnado (CEAPA), que agrupa a doce mil asociaciones de escuelas públicas, promovió este noviembre un mes en que se dejaran las tareas de lado y priorizar las actividades familiares.
 
No es la primera vez que los padres se quejan en un país donde los alumnos dedican un promedio de seis horas y media semanales al trabajo en casa, una hora y media más que los estados miembro de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). Eva Bailén, una madre cansada de pelear contra los deberes escolares, inició en marzo de 2015 una petición por la racionalización de estas tareas, en Change.org, y ya ha conseguido 220.262 firmas, además de salir en los principales diarios de España.

El debate no es nuevo en el mundo. Todo lo contrario, la huelga es sintomática de un tema que preocupa a muchos padres a lo largo y ancho del mundo. En Francia no es como en España, porque los deberes en la escuela primaria están prohibidos por ley. Sin embargo, muchos profesores se saltan esta regla y ello ha generado más de una protesta. En la vereda opuesta, en los Estados Unidos, una profesora de Texas envió este agosto una carta a los padres de sus alumnos diciendo que en su curso no tendrían deberes formalmente asignados, que solo deberían acabar en casa lo que no habían terminado en la escuela. “Las investigaciones no han demostrado que los deberes mejoren el rendimiento de los alumnos. Les pido que pasen sus tardes haciendo cosas que sí tienen correlación con el éxito académico: cenen en familia, lean todos juntos, jueguen afuera y acuesten a los niños temprano”, decía la carta. Una madre la publicó en Facebook y se hizo viral: en una semana fue compartida más de sesenta y siete mil veces.  
Los expertos dicen…
Polémica aparte, ¿es bueno o malo que los niños tengan deberes? ¿Cuánto? ¿Cómo? Harris Cooper, profesor de Psicología y Neurociencias en la Duke University y autor de La batalla por los deberes, no está de acuerdo con la profesora de Texas que encendió el debate. Él afirma: “Las investigaciones apoyan la noción de que los estudiantes que hacen deberes tienen un mejor rendimiento escolar. Pero también sugieren que la cantidad y el tipo de tarea deben tener en cuenta el nivel de desarrollo del niño. Los profesores se refieren a la regla de los diez minutos (N.de la R., creada por el propio Cooper), y tanto la National Education Association como la National Parent Teacher Association están de acuerdo con esta filosofía”. Lo que propone esta regla es multiplicar por diez el grado en curso de cada chico y ese resultado es el tiempo diario que cada uno debería dedicarles a sus deberes. Es decir, un niño de segundo grado debería estudiar en casa apenas veinte minutos (10 x 2).

Aparte del logro académico, Cooper y otros defensores de los deberes en su justa medida arguyen que estos tienen beneficios adicionales para los chicos. El experto enumera: “El desarrollo de buenos hábitos de estudio, y el reconocimiento de que el aprendizaje puede ocurrir en casa además de en la escuela. –Y agrega–: Los deberes fomentan también rasgos del carácter, como el aprendizaje independiente y la responsabilidad. Rasgos que son esenciales más adelante cuando los estudiantes cambien de trabajo o aprendan nuevas habilidades para avanzar en su carrera profesional”. Señala, también, que las tareas ayudan a que los padres sepan qué se está trabajando en la escuela, y a ser conscientes de las fortalezas y debilidades de sus hijos. “Recuerdo una pareja que me contó que se negaba a creer que su hijo tuviera problemas de aprendizaje hasta que la realización de los deberes en casa los hizo evidente. A lo mejor, esa tarea de 10/20/30 minutos, según el grado, debiera reemplazar tiempo que pasan frente a una pantalla, en lugar de la cena o el juego interactivo”, aconseja.

Muchos de los argumentos utilizados por quienes se oponen a estas demandas escolares son que pueden aburrir, que les quitan tiempo para actividades de ocio donde aprenden otras habilidades o que involucran demasiado a los padres. En este punto, Cooper se lamenta de que las investigaciones sobre estos efectos sean escasas. Pero asegura que, a falta de estadísticas, el sentido común sugiere que los efectos negativos pueden aparecer o no, dependiendo de la cantidad y el tipo de tareas asignadas. “El tiempo dedicado a los deberes alcanza un punto en que es contraproducente. Muy poco no es bueno, demasiado supone más daño que beneficio. Los profesores deberían basar sus prácticas en lo que la evidencia y la experiencia demuestran que es lo mejor para sus alumnos. Si la cantidad y la calidad es la adecuada, dejará de haber quejas. Me preocupa que si los padres que piden abolir los deberes se salen con la suya, estarán muy decepcionados si el avance de sus hijos se ralentiza o no salen tan bien preparados para ser aprendices a largo plazo”, asegura.

Otra de las referentes en el tema es la Dra. Cathy Vatterott, profesora de Educación en la University of Missouri-St. Louis, quien lleva unos quince años investigando y escribiendo al respecto. Es la autora del blog homeworklady.com, creado para brindar información a profesores, colegios, gobiernos y padres, y abarca desde las últimas investigaciones hasta tips y buenas prácticas. Para ella, unos diez a veinte minutos diarios en primaria, y, como mucho, una o dos horas en secundaria, combinando todas las materias, es más que suficiente. Lo importante es que el propósito de la tarea asignada sea el adecuado. “Los deberes deben plantearse para que los estudiantes practiquen habilidades ya aprendidas en la escuela y las procesen, o para dar feedback al profesor de lo que han comprendido. Nunca deben ser para aprender algo nuevo. La controversia continúa luego de muchos años. Yo pienso que no hay nada inherentemente malo o bueno en lo que a deberes respecta. Malos deberes son aquellos que se plantean sin rigor, por el mero hecho de darlos”.

Parece ser que el problema es el motivo del debate. En lugar de centrarse en si deberían existir o no, tendrían que discutir cuánto y qué tipo de deberes es mejor enviarles.

Buena relación familia-escuela
Por: Silvina Quallbrunn*

La “tarea para el hogar” es un conjunto de actividades que, depende qué definición se le dé, puede empezar desde el Nivel Inicial. Es la idea que se tenga acerca de la función de lo que se debe hacer en el hogar de lo escolar, lo que determina su cantidad, frecuencia y manera. Esa concepción estará en el ideario de cada institución escolar. Y dentro de esta, dependerá también, la modalidad de cada docente.

Se puede pensar la tarea como una forma de implicar a las familias en el quehacer escolar; un modo de complementar lo que los tiempos y espacios escolares acotan o una práctica para fijar algunos contenidos, por ejemplo ejercicios de ortografía o matemática. Una buena medida será lo que cada niño o adolescente pueda re-solver por sí mismo. Si esto no es posible, lo ideal es que la comunicación esté lo suficientemente establecida sobre bases de confianza mutuas como para que el dato sea una devolución para el docente, que sirva para rectificar la planificación. Para que la tarea no genere conflictos, sus objetivos tienen que ser explícitos y claros, parte del acuerdo entre familia y es-cuela. Si es percibida por los alumnos o sus padres como un castigo o una necesidad del docente o la institución de que la familia haga lo que la escuela no hizo, la resistencia y el conflicto serán inevitables. Asimismo, cuando la relación padres/hijos se “escolariza” excesivamente, la tarea se convierte en causa de conflicto intrafamiliar, y los momentos compartidos pasan a estar siempre teñidos de lo escolar.

En toda oportunidad en la que la familia o la escuela se ven obligadas a cumplir un rol que no es el propio, la relación entre ambas se resiente.

Debemos devolver a cada una su papel y responsabilidad, sabiendo que la alianza entre ambas es imprescindible.

*Psicóloga, capacitadora docente y coautora de Comunicación familia escuela. Hagamos un trato, de Editorial Noveduc.

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