Salud


Alimentar nuestras defensas


Por Daniela Calabró.


Alimentar nuestras defensas
Cada vez son más los que se suben a la movida de la alimentación consciente. Ahora, llega una nueva propuesta: la inmunonutrición.

Los promotores de la alimentación consciente son más y más alrededor del mundo. Personajes distinguidos de la gastronomía, como el inglés Jamie Oliver, llevan la bandera de un modo de alimentarse en el que el desafío es saber, a ciencia cierta, qué estamos comiendo, por qué y para qué. A estas filas, en las que se codean ideas como la comfort food o la neuroalimentación, hoy se suma una nueva aliada para que nuestro cuerpo sea un gladiador contra los agentes externos: la inmunonutrición.

En pocas palabras, la disciplina emergente nos invita a elegir lo que comemos pensando más en nuestras defensas. La clave es lograr que la alacena y el sistema inmunológio se transformen en amigos íntimos.

 “Se trata de la materia que estudia las interacciones entre la nutrición y la inmunidad. Consiste en aumentar nuestras defensas a través de lo que comemos –especifica la doctora Patricia Rubistein, profesional del Centro Terapéutico Dr. Máximo Ravenna. Y prosigue–: El sistema inmunitario protege a nuestro organismo del ataque de agentes patógenos. Hoy, está comprobado que muchísimas enfermedades se relacionan con los alimentos que ingerimos y podrían evitarse con una dieta adecuada”.

El jengibre es muy rico en aceites esenciales, vitaminas, minerales, antioxidantes y aminoácidos. Es analgésico, antiinflamatorio, antifebril y antimicrobiano
¿Por qué nos enfermamos?
Nuestro cuerpo es una creación equilibrada, en la que todo tiene un porqué. Cada órgano esconde, en su funcionamiento, un entramado perfecto que no debe ser perturbado.

La flora intestinal está formada por más de cuatrocientas especies de microorganismos que conviven en armonía y contribuyen a neutralizar sustancias potencialmente dañinas. “Cuando, por distintas causas, se altera la estructura intestinal, así como cuando hay excesos o deficiencias alimentarias crónicos, puede producirse un desequilibrio importante en nuestro sistema de defensa”, detalla Rubistein.

El doctor Miguel César Guerrini, especialista en medicina ortomolecular desde hace más de dos décadas, explica que nuestras defensas caen, principalmente, por tres causas: “La primera es el exceso de productos alimenticios de pH ácido que provocan intoxicación colónica; la segunda, el hiperestrés y el cansancio crónico. Por último, la excesiva producción de radicales libres, que actúan lesionando la membrana de la célula, agrediendo su núcleo y provocando enfermedades a largo plazo”.

A su vez, según afirma Rubistein, factores como el estrés, el tabaquismo, el alcohol o la falta de sueño pueden contribuir a que los alimentos funcionen de manera menos apropiada para complementar al sistema inmunitario.

Dicho esto: ¿qué debemos hacer para prevenir o combatir los malestares que nos aquejan cotidianamente? La doctora Mónica Katz, médica especialista en nutrición y vocal de la Comisión Directiva de la Sociedad Argentina de Nutrición, responde: “Si bien los medicamentos pueden ayudar a reducir la sintomatología más típica, un estado nutricional adecuado es fundamental, ya que existe evidencia de que algunos compuestos naturales presentes en los alimentos poseen efectos muy importantes sobre el sistema inmune”.
Los inmunonutrientes
Se trata de todos aquellos compuestos que al entrar en contacto con el organismo repercuten para bien en el sistema de defensas. Muchos se adquieren a través de la alimentación natural; pero algunos otros, por las dosis bajas en las que se encuentran naturalmente, es mejor consumirlos como complementos, en jugos o comprimidos.

“Los primeros que hay que tener en cuenta son los aminoácidos, presentes en  mariscos, carnes, quesos, huevos, cereales, legumbres, frutas secas y soja –especifica Zulema Stolarza, Presidenta de la Sociedad Argentina de Nutrición–. Entre ellos, la arginina mejora la función de defensa de las células y la glutamina es considerada el aminoácido más importante para la respuesta inmune”.

Por otro lado, la especialista recomienda estar atentos a las vitaminas que incorporamos: “La vitamina A, por ejemplo, es antioxidante y ayuda a proteger la mucosas. Se halla en las verduras de color amarillo, naranja y rojo, así como en alimentos de origen animal, como la caballa o el hígado”.
 
En cuanto a las vitaminas C y E, sus conocidos efectos antioxidantes son fundamentales para el crecimiento y la reparación de los tejidos del cuerpo, así como para la prevención de estados gripales. “La primera se encuentra en todos los cítricos, el ananá, los frutos rojos, la sandía, el mango, el kiwi, los pimientos y las verduras de hojas verdes. Y la vitamina E está en las semillas de girasol, en las almendras y en las avellanas”, agrega Stolarza.
 
Katz pone el foco en el grupo de las vitaminas B: “Hay que cuidarlas, ya que poseen propiedades inmunoestimulantes. Las podemos encontrar en los cereales integrales, las verduras de color verde, las legumbres y los hongos”.

Según explican las especialistas, también son importantes los ácidos grasos omega 3, presentes en los pescados y la chía, ya que aumentan las inmunoglobulinas y disminuyen la inflamación.  “Por último, no debemos olvidarnos del zinc, ya que este mineral ayuda a reducir la duración del cuadro gripal y otras enfermedades. Entre los alimentos más ricos en este nutriente están la yema de huevos, el germen de trigo, las nueces, los mariscos y el hígado”, explica Katz.

El ajo y la cebolla tienen efectos antibióticos y antisépticos y aumentan las defensas. Sus propiedades ayudan a expulsar las mucosidades.

El doctor Guerrini ofrece un práctico resumen: “Debemos comer, como mínimo, dos frutas y tres verduras diarias; incluir brotes de soja, vegetales de color rojo, amarillo, naranja o verde, pescados grasos de mar, frutas secas, vinos y uvas, y todo tipo de semillas. También es bueno incorporar té verde, jengibre, ajo y toda las familias de las cebollas”.

Por otro lado, Stolarza explica que a lo largo del proceso de cualquier enfermedad es muy importante la hidratación: “Beber abundante líquido es sustancial. Tanto agua como jugos frescos de frutas o infusiones. Estos mantienen hidratadas las mucosas y favorecen la eliminación de sustancias, al mismo tiempo que evitan que los virus proliferen”.
Soluciones ortomoleculares
Más allá de la alimentación completa y equilibrada, hoy la medicina acerca otros modos de nutrir y depurar el cuerpo. En ese aspecto, la medicina ortomolecular es una de las mejores alternativas, ya que trabaja sobre el organismo como una unidad indivisible en donde todo ocurre por una causa.

César Guerrini recomienda tratamientos complementarios: “Para aumentar nuestras defensas, retardar el envejecimiento y mejorar nuestra calidad de vida, es aconsejable realizar una dieta desintoxicante colónica de pH alcalino, de 15 días de duración, al menos tres veces al año”. A su vez, aconseja combatir el hiperestrés y cansancio crónico con suplementos nutricéuticos  “Estos deben contener cantidades óptimas de vitamina B5, theanina, taurina, ubiquinona, ácido fólico, vitamina B12, omega 3 y zinc, entre otros”.
Los momentos de la vida
Las necesidades nutricionales cambian a medida que va pasando nuestro calendario. Los niños y los ancianos, por ejemplo, tienen requerimientos completamente distintos a la hora de fortalecer su sistema inmunológico.

“Lo fundamental en los niños es que no omitan ninguna comida y que cada día incorporen todos los grupos de alimentos: hidratos, proteínas, grasas, vitaminas y minerales. Por otro lado, deben limitar el consumo de cosas dulces, comidas rápidas y alimentos procesados –advierte la doctora Rubistein–. En el caso de los adultos de la tercera edad, tienen que aumentar el consumo de fibra, como frutas y verduras. La comida debe ser blanda, de preparación simple y de fácil digestión. A su vez, deben tomar suficiente líquido, porque es usual que no perciban que tienen sed y se deshidraten con rapidez. Por último, no deben abusar de la sal y del azúcar”, asevera.

También hay que estar alertas a la alimentación de las embarazadas, ya que de las defensas de la mamá dependerán la salud y el crecimiento del bebé. “El calcio y el hierro son fundamentales durante el embarazo. Para adquirirlos, se recomienda que la mamá tome dos tazas de leche por día, más otras dos porciones de lácteos, como queso o yogur, siempre bajos en grasa. Otra cosa que no le puede faltar es el hierro, por lo que debe intentar comer carne roja asiduamente, eligiendo cortes magros. Por último, evitar los azúcares y las harinas, hacer cinco o seis comidas en el día e incorporar frutas y verduras también a diario”, recomienda la especialista.

Para la población general, Rubistein concluye: “Elijamos una alimentación variada, cambiemos los cereales refinados por integrales y que no nos falten aceites vegetales ni proteínas. Lo fundamental es que aprendamos maneras simples y saludables de preparar los alimentos. Estos cambios son esenciales si queremos aplicar las reglas de la inmunonutrición en nuestra cocina de todos los días”.

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